Comencé a escribir esta entrada hace unas 7 semanas, cuando recién llevábamos una semana en el depto con la Sabina. La publico ahora con un post scriptum...
Ayer nuestra hija cumplió una semana de vida en el mundo exterior. Una semana ya! Cómo pasa el tiempo! Estos días han volado rápidamente y creo que todavía no nos hemos detenido mucho a pensar y ver el giro que nos hemos dado. Quiero compartir con ustedes una pequeña relación de cómo ha sido esta última semana, para dejar precedente de estos momentos tan importantes de nuestras vidas y también para asentar un poco en mi cabeza y en mi espíritu todo lo que ha pasado.
Todo comenzó el día viernes 16 (fecha que mi madre había señalado como el día D), cuando empecé a sentir cierto malestar en la noche que me hizo pensar que pronto entraría en trabajo de parto. Me fui a acostar mentalizándome para el gran momento pero después de una hora acostadita ya me sentía bien... al día siguiente, lo mismo, cierto malestar desde las nueve de la noche que se pasó luego de una hora durmiendo. A esa altura ya estaba empezando a frustrarme un poco, pero mi Funes me tranquilizaba recordándome que nuestra fecha era el 22 de julio y que por lo tanto no nos quedaba más que esperar. El día domingo cerca de las 5 de la tarde sentí otro pequeño malestar, pero lo adjudiqué al opíparo almuerzo que tuvimos. En la tarde fuimos a la playa, a mirar los aviones (hay una playa que queda justo frente a la pista de aterrizaje y uno puede ver los aviones entrando y saliendo) y nos tomamos un café con un pastel enorme de chocolate... un día domingo como cualquier otro. Yo estaba un poco más cansada de lo habitual, pero era normal considerando todo el ajetreo del día.
Nos fuimos a acostar a eso de las 10 y dormí profundamente hasta las 3 de la mañana, cuando desperté porque el malestar que había sentido los días anteriores había vuelto, un poco más intenso. Mi amado Funes despertó también y le hice saber que tenía que olvidarse de ir a trabajar porque ya había llegado el momento... yo me sentía bastante bien, pero ya iba camino al alumbramiento. Las contracciones fueron subiendo en intensidad hasta que a las 5 de la mañana sentí que ya no podía aguantar más y le dije a Funes que llamara al hospital. Desde un comienzo, el plan era que uno se aguantara lo más posible en la casa los dolores de las contracciones, que hiciera uso de los métodos naturales de alivio del dolor que nos habían enseñado en las clases del hospital y que cuando ya sintiéramos que no podíamos más llamáramos al hospital para que nos prepararan un lugarcito. A esa hora sentía mucho dolor, contracciones con un minuto entre una y otra, pero todavía no era un dolor horroroso ni enloquecedor, como estaba esperando, así que pensé que todavía me faltaba mucho rato de trabajo de parto. Decidí entonces no quemar todos mis cartuchos y hacer uso de los mínimos recursos para soportar el dolor. En resumen, no hice nada, solo caminé y respiré lo más que pude.
Llegamos al hospital a las 6 y algo y tuvimos que esperar en el mesón del Birth Centre porque a esa hora había solo una matrona de turno y estaba atendiendo a otra señora en estado interesante. De pie frente al mesón los dolores eran más fuertes, pero si recostaba mi cabeza en la mesa y mi enfermero Funes me masajeaba la espalda me sentía mucho mejor, casi sin dolor. Cuando finalmente entramos la matrona chequeo la presión y la temperatura y la dilatación... para mi sorpresa, ya tenía 10 cms y por lo tanto estaba lista para empezar a pujar. La matrona no podía creer que me hubiera aguantado tanto rato en la casa...
Como llegamos tan encima no pudimos hacer el parto en el agua, como queríamos, porque iba a tomar tiempo prepararlo y porque cuando comencé a pujar y se me rompió la fuente, el líquido amniótico salió con meconio, lo que significaba que la Sabina ya había echo su primera cacuca y podía tener problemas si seguía ahí mucho rato. En ese momento la matrona decidió que me trasladarían al pabellón de parto normal (no natural) para que pudieran monitorear el corazón de la Sabina y comprobar que estaba todo bien. Eso fue más o menos a las siete de la mañana. Volé en una silla de ruedas y en la nueva habitación me puse de pie y apoyé mi cabeza en la cama. Quedé en 90 grados, lista para empezar a pujar...
No recuerdo mucho lo que pasó luego, solo sé que me desconecté un poco del mundo y me fui para adentro, pensando o más bien intuyendo lo que tenía que hacer. Ahora que lo pienso, fue como retroceder en el tiempo, llegar a una edad primitiva, animal, donde se mezclaba la emoción, el temor por lo desconocido, la maravilla de saber que por fin venía nuestra hija. Según mi amado Funes, que estuvo todo el tiempo a mi lado tomándome la mano, cada vez que pujaba me salía el grito más gutural y prehistórico que hubiera escuchado, pero el más intenso fue al final, cuando por fin trajimos al mundo a Sabina...
Post-scriptum
Ya han pasado 8 semanas desde el nacimiento de nuestra hija. Estas semanas han sido caóticas, emotivas, desordenadas, agotadoras. Ahora por fin da la impresión de que estamos comenzando una nueva rutina. Al menos Sabina tiene ciclos más estables de sueño y vigilia. También empezó a sonreír y a interactuar mucho más con el mundo. Las cosas le llaman la atención, le gustan, le desagradan, le asustan. Muchas veces me pasa que la miro y no creo que ella sea mi hija, que esté aquí, que sea una persona, que esté viva, que respire... la veo crecer y no quiero que crezca pero al mismo tiempo quiero verla cambiar, hacer cosas nuevas, experimentar el mundo. Es una sensación tan extraña...
Así como ha cambiado nuestra vida, también ha cambiado la forma en que la vemos. Es como si de pronto hubiéramos cambiado de ojos. Nuestras prioridades han cambiado, nuestras identidades han cambiado, nuestra relación ha cambiado... hasta estamos más llorones, por lo menos a mí cualquier noticia sobre inundaciones en China con niñitos perdidos en medio del agua me hace lagrimear como nunca antes. Hemos empezado a fijarnos en cosas que nunca antes nos habíamos fijado, como si los baños de los lugares públicos tienen instalaciones adecuadas para mudar a la Sabina o si hay espacio para entrar con el coche en ese café que tanto nos gustaba... en fin, esto de ser padres ha sido hasta el momento una tremenda aventura, que me imagino que pondrá cada día más intensa.
Por ahora, nos dedicamos a disfrutar y a mimar y acurrucar a nuestro retoño antes de que crezca y le dé por irse a otros países a estudiar doctorados y tener hijos lejos de casa...
Aaay, qué liiindiitooo!! Ya estaba echando de menos una crónica de la venida al mundo de mi Chanchurri Simba.
ResponderSuprimirTe admiro profundamente, hermanananana... Ojalá que yo pueda tomármelo todo con tanta andina como tú cuando me llegue 'eel mommmeeennnntoooo'...
Estoy segura que la Simbita les regalará muchos otros momentos inolvidables.
Muchos besos y abrazos para los 3!
y recien vengo a leer este post???? jajaja es que no se cacha la fecha cierto? me desorienté, oye pero que lindo postttttttt! pucha margaret hasta dan ganas de hacerle empeño pero es por un ratito no maás, mira que cada uno tiene sus tiempos. Me alegro demasiado de su felicidad margarilla, y que heavy cuantos años pasarán para que nos veamos de nuevo? la cagó, mejor no sacar la cuenta y dedicate a poner fotitos y post en facebook y aquí para no perdernos la pista.
ResponderSuprimirUn enorme abrazo y cariños