domingo 27 de diciembre de 2009

Navidad en la isla

Antes que todo, espero que hayan pasado todos una excelente navidad y que la celebración de año nuevo se venga con todo, señores... a gozar, a gozarrrrrrrrrr!!

Esta semana celebramos navidad. Nuestra primera navidad como marido y marida. Nuestra primera navidad lejos de nuestras familias (aunque mi amado Funes ya había pasado algunas solo en Santiago mientras su familia estaba en Arica). Nuestra primera navidad fuera de Chile (sin contar la navidad que Funes pasó en Lleida, España). Nuestra primera navidad en inglés (eso sí no tiene excepción). Y aunque ciertamente extrañamos un poco más a los nuestros estos días, no podemos quejarnos porque hemos pasado una fiesta maravillosa con otros que, como nosotros, andan medio botaditos por estos lados del planeta...

Nuestros planes navideños comenzaron un tiempo atrás, cuando nos dimos cuenta de que estaríamos en Fairfield, lejos de la ciudad y de nuestros amigos, medio aislados y solo con un par de perritos que hablan inglés. Así que con el permiso del dueño de casa (que nos dijo con mucho entusiasmo y amabilidad que invitáramos a nuestros amigos para no aburrirnos) empezamos a programar una reunión navideña. Los invitados titulares eran la Bea con su housemate Kerryn (ella es australiana pero su familia vive en Melbourne) y la Isa y el Renzo. Luego se sumaron Erisana (representante del Brasil), compañera de Bea del doctorado y compañera mía en el curso de Educational Linguistics y Dimitri, novio de Erisana (representante helénico, o sea, de Grecia). Con tal selecto grupo jugamos el emocionante juego del amigo secreto, que acá tiene otro nombre que ahora no me acuerdo (algo de Santa, parece), usando un sofisticado programa computacional cortesía de nuestro amigo astrónomo y novio del año Roberto Muñoz. Una semana antes mandamos un mail a los invitados con todas las indicaciones adecuadas y nos aprontamos para celebrar la fiesta.

El día 23 de diciembre fue agotador, porque la pasamos entre el supermercado para comprar las últimas cosas que nos faltaban (incluído el árbol de pascua que armamos a eso de las 11 de la noche) y ordenar la casa y dejarla apta para recibir a los amigos. Esta es una casa grande y había camas para todos, pero obviamente las camas había que hacerlas y pasar su pañito loco por aquí y por allá... nos levantamos muy temprano ese día y nos acostamos tarde, pero con todo listo para recibir invitados. Esta era primera vez que yo era la anfitriona oficial de un evento masivo en el hogar y quería que todo estuviera perfecto, así que me preocupé de todos los detalles que se me ocurrieron dentro de la casa, mientras mi amado Funes se preocupaba del outdoor (entiéndase limpiar la piscina, cortar y regar el pasto, sacar maleza, etc, tareas no menos agotadoras)

El jueves 24 de nuevo nos levantamos temprano y mientras Funes salía a hacer unos trámites yo me quedé en casa bañando a los perritos para que estuvieran relucientes y olorositos, como corresponde en esta fecha. Cuando llegó mi consorte se puso a preparar un cola de mono aromático y motivante, con la guía de su madre que por Skype y con el altavoz puesto le decía cuánto de agua, cuánto de azúcar y cuánto de especias había que ponerle al menjunje.

A las tres de la tarde fuimos a la estación a buscar a la Isa y al Renzo, que llegaron con unos ajíes gigantes para rellenar con camarones y con sus regalos de amigo secreto bajo el brazo. A las cinco de nuevo a la estación a buscar a la Bea y a la Kerryn, que venía con una maletita de la que sacó las cosas más ricas: un pavo que cocinó en nuestro horno y que estaba muy muy rico, un Christmas pudding, que es una especie de pan de pascua australiano y botellas de vino y cerveza. Llegando a la casa se lanzaron a la piscina cual sirenas en playa tropical, lo que le dio un toque muy cosmopolita a la celebración. Nosotros nos abstuvimos porque teníamos que ir a buscar a la última pareja a la estación y yo si me meto a la piscina luego no me salgo nunca (es un problema que tengo desde niña). A las siete último viaje a la estación para recoger a Erisana y Dimitri, que traían también cada uno su valioso aporte al comistrajo general.

Antes de cenar nos sentamos a picotear unas cosillas por aquí y por allá, a disfrutar del cola de mono y de la conversación. A eso de las 10 nos sentamos a la mesa y probamos las exquisiteces que cada uno había aportado a la cena (mi amado Funes hizo su especialidad de chanchito al horno con manzana, que es receta también de mi suegris). Conversamos, nos reímos, y aunque había pequeños inconvenientes idiomáticos (Kerryn está recién aprendiendo español, Renzo habla muy poco inglés y Dimitri habla inglés como un chileno hablando español, o sea, rapidísimo y a veces ininteligiblemente) todos lo pasamos muy bien. Fue como estar celebrando con una nueva familia, que a pesar de no conocerse mucho aprecia el poder estar con el otro, especialmente en una fecha como esta. Todos ahí estábamos lejos de casa, pero nos acompañamos y nos dimos alegría en una celebración que de otra manera hubiera sido seguramente muy triste o muy nostálgica.

A las doce de la noche y luego de probar el exquisito Christmas pudding hicimos la entrega de regalos. Yo me llevé un pareo muy bonito, que me hacía falta para la piscina, y una agenda en la que espero ir ordenando un poco mi vida desde el próximo año para dejar de olvidarme de cosas importantes. A mi amado Funes le llegó un set de after shave con desodorante y etc., que fue interpretado como una especie de indirecta... en fin, todos quedamos muy contentos. Los más somnolientos se fueron a dormir y al final, luego de una amena conversación, la Bea me ayudó a lavar los platos y dejar todo ordenado (muchas gracias, Bea!!!)

En suma, esta primera navidad lejos de Chile ha sido muchísimo mejor de lo que esperábamos. No puedo negar que en un momento de la cena miré a mis invitados y pensé en mis hermanos, en mis padres, en mis primos, en mis tíos, en la mamy, en mis perros y en la Wim y los extrañé muchísimo. Me imagino que a Jean le pasó lo mismo. Pero por otro lado, debemos agradecer que hemos tenido la suerte de estar acá con personas extraordinarias, que nos han brindado mucho cariño y que nos han hecho sentir parte de una nueva familia, como dijo la Bea durante la cena. En realidad, somos una nueva familia. Algo rara, pero familia al fin y al cabo. Los que están lejos están firme en nuestro corazón, siempre latiendo, y los que están cerca nos ayudan a seguir andando...

Así que esperamos que el año que viene se venga más demente, más movido, más extremo que este, pero que siga enredándonos con personas tan hermosas como las que nos acompañan hoy día... y estamos seguros de que así será!



PS: saludos especiales a nuestra hija Ivania-Patty que se nos fue a vagar por el mundo.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Gosford


(Jueves, 17 de diciembre)
Les escribo desde el calor agobiante de los suburbios. Desde las 10 de la mañana que tenemos el aire acondicionado prendido (lo siento terriblemente por el medio ambiente, pero no queda otra) y probablemente esté así hasta la hora de ir a dormir. Afuera corre un viento caliente y arriba quemando el sol...

Este calorcito empezó ayer, después de un par de agradables días de nubes, pero ayer nos salvamos porque nos fuimos de paseo a Gosford, una ciudad costera a unas dos horas al norte de Sydney. La medida del tiempo aquí no dice nada porque en realidad el camino por carretera carretera es relativamente corto; lo más largo es llegar de un extremo de Sydney a otro :S. El motivo del paseo: Alex, hijo de mi primo Andrés, debía ir por el día a trabajar a Gosford y nos preguntó si queríamos ir con él. Además, Alex viaja en el auto de su papá, así que obligados no más a salir de la casa y disfrutar un día de paseo.

Nos levantamos a las 6 de a mañana y el cielo estaba medio amenazante, así que yo me vestí con jeans y una polera con manguitas, pensando en que podría hacer frío... mal pensamiento. A las 10:30 ya hacía un calor terrible, pero ya estábamos muy lejos de casa como para arreglar mi tenida. Salimos de aquí como a las 6 y media y la primera aventura fue llegar a la casa del Alex. El camino era por la carretera M5 (que ya conocíamos), luego tomar la salida de King George y llegar en 5 minutos a destino.

Primer drama: a esa hora de la mañana la carretera en vez de ser realmente carretera es como la Alameda a las 7 de la mañana: colas de autos. La carretera tiene un carril especial para los ciclistas y vimos pasar un par a nuestro lado que se perdieron en la velocidad de sus cletas. Los letreros de los costados decían "110 km" y nosotros pensábamos que esa debía ser una pésima broma para todas las personas que vivían en los suburbios y que debían tomar ese camino todas las mañanas para ir a sus trabajos. La M5 conecta los Western Suburbs con los del sur y además con la ciudad, así que es una de las vías más utilizadas entre las 6 y las 8 de la mañana. De más está decir que me vino a la mente el glorioso cuento de Cortázar, "La autopista del sur".

El conductor del vehículo (o sea, mi amado Funes) se empezó a poner un poco nervioso porque estábamos atrasándonos en el taco y porque el Alex debía llegar a cierta hora a su trabajo. Cuando por fin llegamos a nuestra salida de la carretera, otro embrollo: no podíamos encontrar la calle. Nos dimos varias vueltas y nada. Llamé por teléfono al Alex y le pedí instrucciones, pero se confundió porque pensó que estábamos en un lugar diferente de dónde estábamos. Nos dimos vueltas y más vueltas y de pronto, en medio de esas vueltas, aparecimos de nuevo dentro de la carretera... OH, NO!!, pensé, "estamos atrapados!". Porque efectivamente, estábamos condenados a viajar a 100 km/h (ya no había taco) con destino desconocido, alejándonos cada vez más de nuestra meta y perdiendo minutos preciosos... en fin, no había cómo arreglar el entuerto, solo seguir y echarle pa'elante. Cuando por fin agarramos la siguiente salida nos pasamos el peaje y volvimos a entrar, comiéndonos otro peaje... así de chorizos no más!

Vuelta a la carretera y vuelta a salir por el lugar correcto, pero está vez con mejores indicaciones del Alex, así que en este intento nos demoramos los exactos 5 minutos que debían ser entre la carretera y el destino. Ahí cambiamos de chofer, Alex al volante y mi Funes de copiloto, lo que le permitió admirar el paisaje igual que yo, sentada en el asiento trasero. El primer tramo fue salir de Sydney, lo que toma bastante tiempo (una hora, quizás). Pasamos por diferentes puntos de la ciudad que solo habíamos visto desde el tren algunas veces, pero nada muy digno de mencionar.

Lo interesante empezó cuando tomamos la carretera a Gosford. Ahí el paisaje cambia y se llena de cerros con bosques gigantescos. Pasamos al menos dos ríos y algunos pequeños lagos o pantanos. La carretera pasaba entre murallas de piedra altas y llenas de vegetación. De pronto se escuchaba el ruido de miles de grillos u otro animal parecido, con un zumbido del infierno que no paraba nunca. El cielo azulísimo, el viento en la cara, los bosques y el agua... qué más se puede pedir!
Ya en Gosford nos dedicamos a visitar las dos playas principales de la zona, Avoca y Terrigal, en donde disfrutamos del sol y del agua marina. Avoca es lugar bastante familiar, con muchos surfistas y pocos turistas extranjeros. Tomamos sol, nos pegamos un chapuzón y disfrutamos del aire marino. Después fuimos a almorzar a Terrigal, una playa mucho más top, más turística. Caminamos por toda la playa, lo que nos tomó como una hora y media y al regreso mi amado Funes se volvió a zambullir, mientras yo descansaba a la sombra de un arbolito viendo a los escolares disfrutar del paseo de último día de clases por estos lados.

A las cinco volvimos a buscar a Alex y ahí vuelta a Sydney. Yo me dormí casi todo el camino de vuelta y llegamos a la casa cuando ya casi se ponía el sol. Los perritos nos estaban esperando muertos de calor y de hambre, felices de vernos regresar. Tempranito a dormir y a tomar muucha agua porque el sol nos dejó al borde de la insolación... lo bueno es que por fin vamos agarrando el color del verano!

martes 8 de diciembre de 2009

Suburban life

Hola a todos nuevamente. Lamentamos el prolongado silencio en que nos hemos mantenido, pero este último mes ha sido algo terremoteado, en el buen sentido, claro. Retomamos ahora nuestras comunicaciones con un resumen estilo teleserie de lo que han sido estas últimas semanas.

Universidad: relajo aún. Mi profe guía se fue en noviembre a ver a su familia a Inglaterra (con su señora argentina y sus dos hijas) y debería estar de vuelta por estas fechas, si mal no recuerdo. De todas manera, aunque estuviera acá, es tan poco lo que me presiona que no haría mucha diferencia... Terminé el seminario de Educational Linguistics a fines de octubre con un aprendizaje muy interesante, pero con muy poco feedback de parte de la profe, Sue. La idea era que el profe guía de uno evaluara, pero, de nuevo, mi profe no estuvo ni ahí... en fin, lo importante es que aprendí cosas nuevas e interesantes.

El proyecto de tesis va lento pero ahora sí que seguro. Ya he definido por dónde irá la cosa y ahora solo me falta encontrar las herramientas para hacer lo que quiero hacer. Eso me tiene muy contenta, pero la flojera se está apoderando de mí!!!! Pero calma, que tengo hasta mayo del 2010 para entregar el proyecto (ya me veo, como siempre, haciendo todo a última hora... jojojo)

Vida laboral: mi amado Funes se ha puesto a buscar trabajo con el ímpetu de una manada de caballos salvajes. Ha ido a un par de entrevistas ya, lo que es muy bueno porque hay que ir agarrando experiencia en el asunto. Ya les contará él mismo cómo ha ido eso.

Vida doméstica: el cambio más grande de este mes ha sido el cambio de domicilio. Hemos dejado nuestro pequeño hogar en Redfern, a dos pasos de la ciudad, para venirnos a vivir por dos meses a la casa de los primos chilenos en Bossley Park, a una hora de la ciudad (y por lo tanto de la universidad y de los amigos). Este cambio ha sido una experiencia nueva en muchos sentidos para nosotros. Primero, nos hemos cambiado por primera vez de casa! Puede parecer algo irrelevante pero en realidad no lo es: ya nos habíamos acostumbrado a nuestro pequeño estudio, al ruido de la calle, a los negocios del barrio, al parque donde salíamos a correr, en fin, ya habíamos comenzado a sentirnos en nuestro hogar cuando se nos vino este cambio, que aunque estaba proyectado hace tiempo no por eso es más fácil acomodarse...

El proceso de empacar todos nuestros bártulos duró un par de días y la mudanza unas cuatro horas, con la inestimable ayuda de nuestros amigos Isa y Renzo. Las cosas del hogar (léase lavadora, refri, cama, mesa y sillas) se fueron a la casa de la Bea, que nos recibirá en un par de meses cuando salgamos de Bossley Park. La pieza de la Bea quedó llena de electrodomésticos porque el sótano de su casa era muy pequeño para guardar nuestros cachivaches. Muchas gracias, Bea!!!

La casa de los primos chilenos es como unas 8 veces nuestro pequeño studio, sin contar el patio, el garage y la PISCINA CON CASCADA... es una casa muy bonita pero muy grande para los dos, así que todavía nos sentimos un poco perdidos. Además, es la casa de otra familia, lo que significa que tiene su orden particular, su organización, sus adornos, sus muebles, etc., que no son necesariamente los que nosotros tendríamos. Lo más problemático hasta ahora ha sido la cocina, porque nos cuesta encontrar las cosas y echamos de menos nuestras ollitas para dos personas, nuestras fuentecitas del tamaño perfecto para comer yogurt con fruta, nuestro tostador que tuesta cuatro pancitos de una sola vez. En esta casa viven 6 personas así que todo es de un tamaña diferente, hay miles de servicios, de vasos, ollas gigantes, sartenes gigantes, y nosotros nadamos en medio de este gran espacio. El otro día Funes cocinero quiso hacer arroz en una olla y como no conocemos bien la cocina ni tenemos nuestra parrilla/tostador (traída directamente de Chile) se le quemó todo todito... bueno, casi todo, al menos sirvió para hacer arroz chaufa (chaufán, como le decimos los santiaguinos) al día siguiente.

El barrio por acá también es muy diferente: hay solo casas. Casas y más casas a nuestro alrededor. A unos 15 minutos caminado hay un pequeño centro comercial con un supermercado. No se ve un alma en la calle. Tenemos que usar el auto porque el bus pasa una vez al año y se da una vuelta gigantesca. No hay ruido de autos pasando como en nuestro departamento y lo único que se escucha son los pajaritos cantando y uno que otro perro a lo lejos. Es como estar en el campo, pero con cable, señal de televisión chilena, electricidad, piscina, caminos pavimentados, semáforos... o sea, es una cosas muy rara. Para los que son asiduos a las series gringas, es como estar en el típico suburbio gringo de casas grandes sin rejas, antejardines de pasto verdísimo y autos en cada puerta que sale en series como Desperate Housewives. Olvídense del almacén de la esquina.

Como dueños de casa estamos a cargo también de dos perritos, la Baby y el Chico. Son un amor, andan siempre siguiéndonos, se acuestan a nuestros pies cuando estamos en la mesa, se echan con nosotros cuando vemos tele, es decir, son como dos niños chiquitos. El Chico es el más viejito, ahora tiene una alergia a la piel bastante fea así que tenemos que bañarlo con un shampoo especial una vez a la semana para que se mejora. La Baby anda un poco deprimida, obviamente echa de menos a su familia así que estamos haciéndole mucho cariño. Funes ya está pensando en llevarla con nosotros cuando nos vayamos de aquí...

Esta ha sido la síntesis de noticias del mediodía. Más informaciones pronto, no se lo pierdan!



jueves 29 de octubre de 2009

Detalles chinos

Ayer fui, como todos los jueves, al pequeño grupo de discusión/seminario de estudiantes de educación interesandos en Bernstein y sociología de la educación, y en donde todos hemos tenido que presentar nuestras investigaciones o lo que pretendemos hacer.

Ayer fue el turno de Liu, un compañero chino. De unos 50 años (aunque no podría decirlo con exactitud), voz suave, lentes gruesos que hacen que sus ojos se vean más chiquitos aún, Liu comenzó su presentación diciendo "Primero que todo, quiero decir que ha sido un gran privilegio poder estar aquí en Syndey y aprender de tan grandes maestros como son Jim Martin y Sue Hood". Hasta ahí, todo común y corriente.

Pero luego, Liu dijo "Estos meses han sido meses de gran entusiasmo para mí y de gran motivación intelectual. A tal punto ha sido mi agitación mental al estar frente a tan grandes maestros, que he escrito un poema, en chino, para expresar mis sentimientos. Quiero recitarlo ahora para ustedes, en inglés".

Y el poema decía

Como los niños cuando aprenden a leer,

como Colón cuando a lo lejos divisó la nueva tierra,

así el fuego destierra toda oscuridad

y la primavera surge a partir del invierno.

Las cosas que se ven por estos lados...


PD: qué poema le haría usted a su maestro favorito?

domingo 25 de octubre de 2009

Seven Bridges Walk

Escribo esto desde el descanso exquisito de nuestro hogar, después de haber caminado hoy 18 km como parte de la caminata "Seven Bridges Walk", un circuito de 28km que recorría 7 puentes de Sydney Harbour, pasando por diferentes suburbios y sus lugares de interés más llamativos. La caminata estaba diseñada para ser un paseo familiar, uno podía inscribirse por la página web de la organización y señalar qué pedazo de la ruta iba a hacer. Nosotros dijimos "toda". Toda la ruta. Y podríamos haberla hecho completita de no ser por tres cosas: la hora, el clima y el equipo.

Nuestra idea inicial era partir a eso de las 10 y media para tener tiempo para completar todo el circuito antes de las cinco de la tarde, hora en la que se iban a cerrar los puestos de control de la ruta, donde en un 'pasaporte' te timbraban cada pedazo del trayecto. Pero ayer (sábado) fuimos a la playa con la 'familia shilena' (la Bea y la Ivania) y ese paseo nos dejó un poquito cansados, así que no fuimos capaces de levantarnos temprano... nos levantamos a las 10 y después de varias vueltas llegamos a The Rocks a las 12:20, en medio de una lluvia algo fuerte, pero tolerable. Nos dieron nuestros mapas (no nos dieron el 'pasaporte' ni la pulserita porque ya era tarde y no les quedaba, pero los conseguimos más adelante) y partimos con la andada. El cielo estaba bastante cerrado y se escuchaban truenos amenazantes, pero habíamos visto el tiempo en internet (puaj, qué ilusos) y decía que iba a despejarse a eso de las 3 de la tarde.

El primer tramo del trayecto era desde The Rocks, bajo el Harbour Bridge, hasta Pyrmont, pasando por la orilla del muelle en Darling Harbour, abierto especialmente para la caminata. Cuando íbamos entrando al muelle la lluvia se largó con todo, acompañada de un viento de locos que me obligó a cerrar el pobre paraguitas que llevaba. Casi todos los caminantes a nuestro alrededor llevaban ponchos plásticos para protegerse de la lluvia, entregados por los organizadores, pero como nosotros partimos tarde no quedaba ni uno... así que en menos de una hora de camino ya éramos dos pollitos mojados caminando en contra del viento. Lo único que no nos falló fue el espíritu, así que seguimos marchando y marchando hasta el primer puente. Cruzamos y unos minutos después llegamos al primer gran puesto de control, Pyrmont Village. El espectáculo era un poco triste, porque se habían planeado actividades musicales, shows de niños y etc., pero con la lluvia todo se fue a las pailas. Timbramos nuestros pasaportes y seguimos andando.

El segundo puente fue el Anzac Bridge, que junto con el Harbour Bridge son los más característicos de la ciudad. Muchas veces lo habíamos visto (se ve desde lejos desde varios puntos del centro de Sydney) así que fue entretenido pasarlo caminando. Comprobamos además que es posible cruzarlo en bicicleta, así que ahí se abren múltiples posibilidades para futuros paseos. Al otro lado del puente otro timbre en el pasaporte y camino luego a Rozelle, un suburbio muy bonito, con calles muy tranquilas.

En Rozelle pasamos por el Sydney Academy of Arts, que es la Facultad de Arte de la Universidad de Sydney, emplazada en un parque abierto con acceso a la bahía y con unas praderas verdes de sueño. Los edificios de la facultad eran antiguamente un hospital y de hecho algunos todavía se ven deshabitados, lo que le da un aire de misterio a todo el conjunto. Ahí estaba Rozelle Village, el segundo gran punto de control. En un árbol estaba colgado el mapa completo del trayecto y ahí me di cuenta que no alcanzaríamos a terminar el camino: ya eran las dos y media de la tarde y llevábamos recién un 20% del camino. "Ahhh, no importa... démosle no más. Total, la gracia es caminar y conocer". Así que seguimos andando no más, ya sin la molestia de la lluvia pero completamente empapados.

El tercer puente fue Iron Cove Bridge. Nada muy particular, salvo un enorme edificio que se veia a una orilla con pinta de fábrica del siglo XIX que ahora es un centro comercial. Y bueno, muchos muchos botecitos en el mar... El cuarto puente, Gladesville Bridge, pasa sobre el río Parramatta y la vista que se tiene desde ahí hacia el centro de la ciudad es hermosa. Además, en las orillas se ven casas enormes, con pequeños muelles, árboles con flores de todos colores, prados verdes... y de nuevo, muchos botecitos en el agua. Desde este puente en adelante el paisaje empieza a cambiar claramente y ya se nota que estamos en el 'barrio alto' de la ciudad, que además resulta ser mucho más natural, más selvático casi, con bosques tupidos por todos lados y más y más prados verdes. El quinto puente, Tarban Creek Bridge y el sexto y último que cruzamos, Fig Tree Bridge, fueron bastante similares: orillas llenas de casas gigantes y hermosas, con piscinas a la orilla del mar, con bosques entre medio, con botes esperando en los muelles. Otro mundo.

Después del último puente el trazo de la caminata seguía por entre un par de reservas naturales en medio de la ciudad y unas calles de lo más top top top. En esta parte del camino fue donde vimos las cosas que más nos impresionaron: primero, calles con casas enormes, enormes, sin rejas ni protecciones en las ventanas, porque claramente solo llegan ahí los que viven ahí (hay que subir y bajar unas lomas TERRIBLES, por lo que dudo que un ser humano sin auto se atreva a 'dar una vuelta' por esos lares sin ningún motivo). Segundo, la cancha de deportes de un colegio estilo 'british college' (imagínense los colleges que salen en 'La sociedad de los poetas muertos' o 'Perfume de mujer'), del porte de dos o tres canchas de fútbol, con un pasto verde que te quiero verde, con instalaciones para cricket y fútbol australiano, y al fondo, muuuy al fondo, el edificio del colegio. Me atrevería a decir que la zona de deportes era casi tan grande como la que hay en el campus San Joaquín de la Católica. Tercero, un bosque hermoso, sobrecogedor, apacible, tranquilizador, todos los adjetivos que puedan imaginar, y todo en medio de la ciudad. Por lejos, la mejor parte del paseo.

Cuando salimos del bosque estábamos ya en la recta final de nuestra caminata, porque el tiempo nos pisaba los talones. Llegamos a las 5:10 a Lane Cove Village, nuestro último timbre en el pasaporte. La gente ya estaba desarmando las carpitas y juntando las sillas para terminar todo, pero igual nos dieron el timbre y unas pulserita que debiéramos haber tenido desde el comienzo (plop). Ahí nos dijeron que podíamos esperar un bus gratuito que estaba por pasar y que nos llevaría de vuelta a la ciudad. Enfilamos al paradero y nos sentamos ahí, yo mojada y empezando a enfriarme por la falta de actividad y Funes con dolor tremendo en los pies por las ampollas que le salieron con la caminata y los calcetines mojados. Esperamos y esperamos y otras personas esperaron con nosotros y nunca pasó el famoso bus. Mirando el mapa y considerando la hora y la absoluta falta de buses del día domingo en esa área, no nos quedó otra que seguir caminando hasta un lugar donde pudiéramos tomar algo de vuelta a la casa...

Así que a andar otra vez, yo tratando de caminar rápido para entrar en calor y mi amado Funes caminando despacito para hacerle el quite a los doloridos pies. Y ahí ibamos, caminando caminando, y Funes haciéndome reir mientras se preguntaba quién cresta nos había mandado a caminar. Otra vez a subir y bajar lomas por calles desconocidas una y otra vez, hasta que llegamos a una calle más o menos grande con un paradero y varamos ahí a esperar que algo pasara. Y el bus pasó en menos de cinco minutos. Y cinco minutos después se echó a llover otra vez. Y diez minutos más tarde nos bajamos del bus y tomamos el tren, caminando despacito para no reventar las ampollas de Funes. Y diez minutos después estábamos en nuestra casa, cansados, hambrientos, helados, pero felices después de un día de paseo increíble.

jueves 15 de octubre de 2009

Clandestino

Hace un par de días estaba viendo las noticias en la televisión y apareció un señor de la oposición australiana (Liberal Party, equivalente a la derecha chilena) criticando la actitud del Primer Ministro, Kevin Rudd, frente a los "asylum seekers", que según él era demasiado blanda. En términos simples, el sujeto decía que si la cosa seguía así Australia iba a ser atacada por hordas incontrolables de inmigrantes que iban a traer sabe Dios qué tragedias a la nación. Todo esto en medio de la polémica que se armó porque un barco con unas 300 personas que venían de Sri Lanka estaba intentando entrar a Australia y como no los dejaban, habían amenazado con hacerse estallar uno a uno. Dicho sea de paso, Sri Lanka está ahora en medio de una guerra civil que lleva ya 10 años.

Según los datos que se daban en las noticias, en los últimos doce meses han entrado a Australia como "asylum seekers", es decir, como refugiados por distintos motivos, unas 1900 personas. Ahora bien, estas personas no andan libres por las calles de este país, sino que la mayoría está en un centro de detención para refugiados. Este lugar se llama, irónicamente, 'Christmas Island', Isla de Navidad, que es lisa y llanamente una cárcel. Ahí llegan todos las personas que son pilladas por la policía naval en embarcaciones de todo tipo en las aguas australianas. La preocupación del señor de la oposición era que la cárcel se iba a llenar y no iban a tener espacio para poner a más 'refugiados' que llegan de Indonesia, Sri Lanka, e incluso de Afganistán, entre otros países de la zona.

La respuesta de Kevin Rudd fue que se estaban haciendo todos los esfuerzos por mantener la situación controlada y que para ello trabajaba en conjunto con el presidente de Indonesia, que es al parecer el país desde donde llegan más refugiados. Le encaró además a este señor un hecho sucedido al parecer durante el gobierno anterior, de oposición, en donde la policía naval atacó un barco donde iban muchísimos niños que cayeron al mar y quedaron malheridos. Parece que finalmente los salvaron pero el ataque fue un ejemplo claro de la actitud de ese gobierno frente a la migración 'ilegal'. Finalmente, el gobierno de Rudd decidió que iba a aumentar la ayuda monetaria a Indonesia para tratar de controlar la situación de las pateras.

Por lo visto acá hay dos posiciones respecto de la migración ilegal. Una paternalista y otra catastrófica-holocáustica. La primera intenta 'solucionar' el problema por medio de dinero y tiene una actitud 'bondadosa' con los inmigrantes. No trata de hundir los barcos pero de todas maneras los mantiene en detención, tratando de dar ejemplo y decir que en Australia no hay espacio para ellos. La segunda quiere, en palabras burdas, echárselos a todos. No le interesa gastar dinero en ellos, mucho menos comprender sus motivos.

Ahora bien, ninguna de estas posiciones va al centro del asunto: la vergonzosa diferencia entre el primer y el tercer mundo, el bienestar y la pobreza terrible en que se divide el mundo, el sueño de prosperidad que se vende por todos lados y que solo algunos pueden alcanzar, casi sin esfuerzo, mientras otros se parten el lomo trabajando para sobrevivir. Considerando la horrorosa desigualdad mundial, cae de cajón que miles de personas dejen sus países buscando una mejor vida, a costa de cualquier precio.

Este movimiento se repite obviamente en muchos otros lados del mundo y de alguna manera es el movimiento que hemos seguido todos los que hemos venido con la beca. En nuestro caso es un movimiento auspiciado por los gobiernos, que acuerdan recibir a un grupo de inmigrantes que llegan a obtener conocimiento primermundista; a cambio, el país que recibe se llena los bolsillitos de dinero fresco, en un negocio redondo porque al menos acá los estudiantes internacionales pagan muchísimo más que los australianos y no tienen ningún beneficio, como tarjeta de estudiante para el transporte o acceso a ayuda del banco para pagar los aranceles. Por eso somos recibidos con los brazos abiertos: porque traemos dinero. Por eso los inmigrantes de Sri Lanka están detenidos: porque traen pobreza.

Y bueno, nosotros seremos inmigrantes legales y auspiciados por los gobiernos, pero somos inmigrantes al fin y al cabo, tratando de aprender lo mejor de acá para llevarlo al otro lado del mundo y ayudar a arreglar el desequilibrio de las cosas. Y pensado que por más legales que seamos, siempre seremos extranjeros. Y recordando, cada vez que vemos esos botes como cascaritas de huevo en el mar, los versos de Manu Chao: Clandestino

jueves 1 de octubre de 2009

Días de radio

Escribo este post en medio de la absoluta conmoción de tener en nuestro hogar una radio. Más bien, un mega equipo de música, con su correspondiente casetera (así es, CA SE TE RA), su moderno lector de cds (que al parecer tiene memoria como para guardar el contenido de 20 discos pero no sabemos como usarlo aún), su aparato de captación de ondas am y fm y en la cima de todo su adorable tocadiscos. Así es, un tocadiscos de esos que usan agujita y donde se pone un vinilo del megaterio. No sabemos si funciona porque obviamente no tenemos vinilos en esta casa. Pero ahora que tenemos donde tocarlos seguramente caerá uno del cielo.

Obviamente, este mega equipo no es hijo de nuestro dinero, aunque sí del trabajo de mi amado Funes. Hoy y ayer el Memorioso estuvo trabajando con el hermano de su jefe-part-time, ayudándolo con la mudanza. El señor, Eli, se cambiaba de un departamento a otro del mismo condominio, pero necesitaba dos manos y una espalda juvenil que le ayudaran a mover sus cachivaches. Los que tengan experiencias en mudanzas sabrán que cambiarse de casa no es solo trasladar objetos de un lado para otro, sino sobre todo encontrarse de nuevo con todas las cosas que tenemos guardadas 'por si acaso', 'porque algún día puede servir'. Damos gracias a los Caballeros del Zodíaco que esa sea una costumbre transversal a todos los seres del mundo y no solo maña de algunas personas (especialmente de las abuelitas...).

Pues bien, entre los cachivaches que Eli tenía en su correspondiente bodega del subterránero estaba nuestro nuevo y mejor amigo equipo de música. Vaya a saber uno por qué este humilde servidor fue relegado al olvido en un cuartucho oscuro cuando todavía servía. Probablemente dejó de ser 'cool' o Eli y su familia se vieron tentados por nuevas ofertas, mucho más tecnológicas y de diseño más moderno. Pero entonces, en vez de dejar el antiguo equipo en la calle, como hace la mayoría de los australianos aquí con las cosas que ya no usan pero siguen vivas, Eli decidió guardarlo en su bodega hasta nuevo aviso. Y ese aviso llegó hoy, en el cuerpo de mi amado Funes, que lo trajo al departamento en un taxi con seis sillas muy bonitas que adornan la terraza y un taxista algo choreado ya por tanta porquería que le subieron al auto.

Se preguntarán por qué tanta emoción... pues a mí se me había olvidado lo que era tener una radio en casa. De hecho, cuando Jean me sugería que compráramos una chiquitita yo pensaba 'para qué? Tenemos los computadores, tenemos música en mp3, tenemos Youtube, podemos bajar música de internet, etc. Lo que necesitamos son parlantes, no una radio'. Qué equivocada estaba. Se me había olvidado lo emocionante que era escuchar de sorpresa una canción que hace mucho tiempo no se escuchaba. Me sucedió hace unos minutos con 'I feel the earth move under my feet' de Carole King, que escuchaba en la casa familiar, cuando era una adolescente desconectada de los adolescentes de la época que morían por Nirvana, en el primer equipo de música que tuvieron mis padres que tenía, como este, un tocadiscos. Se me había olvidado lo relajante que es prender la radio y escuchar, dejarse llevar por las canciones que pasan una tras otras sin que uno las escoja. Se me había olvidado como era la publicidad en la radio, las voces histriónicas de los locutores, el señor que da la hora y la posibilidad de tener solo música, solo sonido, sin ver nada, sin nada que se interponga entre la vibración del aire y uno. En este mundo de extrema estimulación visual, de imágenes que corren una tras otra, del computador y el internet que nos tienen prisioneros, no saben el descanso que es para la mente y el alma tener por fin una radio en casa.

Así que, oficialmente, damos inicio a nuestros días de radio.