domingo, 31 de mayo de 2009

Una noche de blink blink

Como dicen por ahí, para todo hay una primera vez. Incluso para aquellas cosas que jamás imaginamos hacer y que quizás ni siquiera queríamos hacer con esos deseos locos. Pero a veces las oportunidades tocan tu puerta y les abriste y ya. Y aunque te parezca un poco ridículo o avergonzante, pues no te queda otra más que lanzarte a la vida y disfrutar lo más que se pueda. Hecha esta aclaración, aquí va el resumen de una noche de blink blink a bordo de una limusina Hummer blanca por las calles de Sydney.

Como dice mi amado Funes citando la sabiduría popular chileno-católica, "Dios los cría y el Diablo los junta". Por medio de nuestra pareja de amigos becarios Isa-Renzo conocimos a otra pareja de chilenos que viven acá hace tiempo. Ella es chileno-australiana y él vivía en San Antonio hasta hace un par de años. Ella fue de vacaciones a Chile y lo conoció. Se quedó allá por más tiempo del planeado y después se vinieron juntos a Australia, donde se casaron. Aunque puede sonar a matrimonio por conveniencia, ellos parecen quererse honestamente. De los dos, él es el más agradable, el más afectuoso, el más acogedor. Hace una semana iban a cumplir un año de matrimonio y él, como regalo, contrató una limusina Hummer por dos horas para dar un paseo por la ciudad con 10 amigos más. Obviamente, todo era una sorpresa para ella, solo sabíamos los afortunados invitados a este exótico paseo.

Ese día sábado los celebrantes prepararon un asado con los amigos para festejar su aniversario*. La idea era que a cierta hora llegaría la limusina a la calle y el esposo llevaría a la esposa a la casa mientras los invitados íbamos al encuentro del carruaje y esperábamos que llegara la celebrada con cara de emoción. Pues bien, durante el asado estábamos todos con esa sensación de Año Nuevo, esperando un momento preciso en el que todo iba a dar un vuelco y lo íbamos a empezar a pasar excelente arriba de una limusina. Me hizo recordar muy vivamente el día de mi despedida de soltera, cuando mis amigas esperaban ansiosas la llegada de un bailarín exótico en el que habían jugado todas las cartas de la diversión de esa noche y que finalmente no se apareció. La Isa tiritaba cada vez más con una mezlca de frío y de nerviosismo conmovedora (frío porque ese día corría un viento apocalíptico que voló más de un vasito). Por fin, a eso de las diez de la noche, alguién dio la seña. El esposo se llevó a la esposa a la casa y nosotros salimos del patio a la calle a buscar la limusina.

Para ser muy honesta, en ese momento me emocioné bastante, con esa emoción de las grandes expectativas. Dimos vuelta la esquina y ahí estaba... era un auto gigante y largo. Una limusina. Un auto grande, nada más. La emoción se hizo humo y quedó más bien esa sensación "ah, qué buena onda". Obviamente nos sacamos fotos con la limusina. Los más entusiasmados eran los machos del grupo, pero he visto que los hombres en general se emocionan con cualquier auto más o menos fuera de lo común. Por dentro era mucho más que un simple auto, obviamente: asientos de cuero, un minibar con luces de neón, luces en el cielo, música, pantallas planas... todo lo más top. La esposa casi no podía no hablar de emoción, tenía cara de Miss x ganando el Miss Universo. Pues bien, nos subimos todos a la limusina entusiasmados y pensando "ahora sí que empieza la diversión".

Lo primero fue brindar con champán helado de dos botellas que el simpático conductor nos abrió, prometiendo más en caso de que faltara. Funes y yo quedamos sentados justo en las ventanas de la limusina, pero un par de invitadas nos pidieron cambio, pensamos que para estar cerca de sus respectivos pololos, pero no... no bien hubo partido el paseo este par de yeguas se puso a gritar por las ventanas y, dicho en buen chileno, a sacarle pica al resto de los mortales que caminaban o conducían alrededor de la monstruosa Hummer. Al comiezo me pareció algo folclórico, pero después de quince minutos quería tirarles la botella de champán en la cabeza al par de señoritas.

Los mismos quince minutos duró la emoción por la limusina. Una vez sentados ahí, la cosa era igual que ir en un auto cualquiera, solo que con alcohol y música muy fuerte. Ni siquier podiamos conversar y echar la talla porque quedamos muy lejos unos de otros y porque la música no dejaba escucharnos. Ya a la media hora estaba honestamente aburrida y me quería bajar e irme a la casa... las señoritas prendieron un cigarrillo dentro de la limu, sabiendo que no podían y se ganaron un reto del conductor. Otro intentó sacar el cuerpo por la ventanita del cielo (no sé el nombre técnico), sabiendo también que no se podía, y vino otro reto. Finalmente, uno de los pololitos le lanzó una botella de cerveza a su amada novia, por la espalda, que sonó como un piedrazo en la puerta de la limu. Obviamente todos nos asustamos y el sujeto se hizo el desentendido total. Incluso dijo que alguien desde la calle había tirado algo en contra de la limu. A esa altura quería que la nave nodriza me abdujera. Para rematarla, un par de semáforos más allá el gringo se choreó de las preguntas de su novia y se bajó en medio de la nada dando un portazo.
Gracias por terminar de agriar nuestra noche.

Como ven, esos sueños de diamantes, fama, fiesta y limusinas no siempre terminan bien. De hecho, me pregunto por qué alguien querría gastar mil dólares por dos horas arriba de un auto. Porque por muy grande y elegante que sea la limu, es finalmente un auto. La actitud de las señoritas me dio la respuesta: una limusina te recubre de poder y de grandeza. Casi todo el mundo nos miraba a nuestro paso y debo confesar que esa fue una sensación agradable. Pero, después de un rato, ya no es suficiente que te miren, tienes que hacer notar tu diferencia y ahí tu paseo agradable y simpático empieza a transformarse en una especie de travesía de humillación para los pobrezuelos que no son tan geniales como tú y caminan en dos pies como todos los mortales. Pero lo que estas niñas no recordaron fue que más tarde tendrían que volver a sus casas en buses y taxis, igual que el resto de los mortales. Yo, por mi parte, no pude dejar de sentir una vergüenza extraña durante el paseo. Lo bueno es que comprobé que, afortunadamente, los sueños de diamantes y limusinas están muy lejos de nuestras cabezas. Muy afortunadamente.


*No quiero ser amarga ni 'morder la mano que me da de comer', pero yo jamás haría un asado para celebrar mi primer aniversario de matrimonio... es tan poco romántico!

miércoles, 27 de mayo de 2009

Problemas en Naciones Unidas

Así es, queridos nuestros, estamos al borde de la crisis en Naciones Unidas. Como representante de Latinoamerica, me parece importante compartir con ustedes el inminente caos que se puede desatar en cualquier momento en nuestra sala de clases debido a la llegada de una representante de Arabia Saudita. Por ahora, la situación se mantiene calma, aunque algunos de los representantes asiáticos ya han demostrado su preocupación por el asunto. Obviamente, la que les tiró la lengua fue vuestra servidora, porque los chinitos son lo más introvertidos que hay, pero responden entusiastamente si alguien les pone el tema en la mesa.

Déjenme explicarles un poco más. Esta semana comenzamos un nuevo term del curso de inglés y la formación se mantiene más o menos igual, aunque con la ausencia de Mia, la representante de Viet Nam que no pasó de nivel, pero que no necesitaba pasarlo. El primer día, un poco antes de que terminara el recreo, mi amiga Shandy vino corriendo hacia nosotros muy entusiasmada, diciendo que teníamos una nueva compañera "con una cosa en la cabeza". A lo que Shandy se refería era al pañuelo o velo* que usan las mujeres musulmanas para cubrir su cabeza. Como mis compañeros chinos son casi como niños de 8 años, todos corrieron a la sala para ver a la nueva compañera. Y como niños de 8 años, la recibieron muy cálidamente y le dieron la bienvenida al curso. Yo me presenté y le pregunté su nombre, pero no lo recuerdo porque era un poco complicado... aunque con verguenza debo decir que Shandy ya se lo sabe.

La cosa es que estábamos recién integrando a nuestra nueva compañera de Arabia Saudita cuando en ese momento entra a la sala Alí, un compañero iraní. Ya en el comienzo de la clase, cuando el profesor pasaba la lista, Alí se lanzó un comentario que me pareció por lo menos inapropiado: el profesor le preguntó si era de Arabia Saudita, a lo que él respondió "por supuesto que no", en un tono que quería decir "cómo se te ocurre que voy a ser árabe". Entonces el profe le dijo que había pensando eso porque tenía un nombre árabe, a lo que Alí replicó "sí, desafortunadamente mi nombre es árabe, pero yo soy persa". Perdonen mi enorme ignorancia, pero no veo cuál es la tremenda diferencia entre uno y otro origen del nombre... Afortunadamente en ese momento todavía no llegaba la nueva compañera, así que no se tuvo que tragar ese amable comentario.

Pero si tuvo que recibir un comentario así cuando Alí entró a la sala y alguien le dijo "mira, Alí, tenemos una compañera nueva". Alí la miró por sobre el hombro y dijo "ya lo sé". Nada más. Ni hola, ni cuál es tu nombre, ni de dónde eres, nada. Luego, sobre la misma, quizás para intentar establecer la conexión entre ellos alguien más preguntó "ustedes dos hablan el mismo idioma, cierto?". Esta pregunta fue como ají en el **** de Alí, que respondió rápidamente "por supuesto que no, yo soy persa, yo hablo persa, no árabe". Para más rematarla, en ese momento entró Viktor, un pobre pajarillo inocente que va y le lanza a Alí la pregunta "ustedes son del mismo país?". Ahí pensé que lo mataba, pero Alí se controló y fue a mostrarle al mapamundi dónde estaba su país para que no lo volviera a confundir con Arabia Saudita. En el intertanto, la nueva compañera miraba con cara de no comprender tanta hostilidad contra ella y yo sentía una extraña incomodidad, ese raro y desagradable sentimiento de verguenza ajena.

Hoy día, en el recreo, no me pude contener y comenté el asunto como que no quiere la cosa con algunas de mis compañeras chinas. Fui muy estratégica (creo yo) y les dije "ay, no sé, no sé si será mi impresión o qué, pero me parece que Alí ha sido un poco rudo con la compañera nueva". Un breve silencio y Megan saltó y dijo "sí, sí, sí, yo también me di cuenta de eso". Ajá, dije, no es mi mente con delirio de persecución. Entonces Maggie, que se sienta junto a Alí en la sala dijo que sí, que Alí le había dicho que él odiaba a la gente de 'ese país', y que quizás por eso actuaba como actuaba. Y bueno, a eso qué iba a decir yo, solo que yo no tenía puta idea acerca de los problemas entre Irán y Arabia Saudita pero que me parecían ridículos como una justificación para tratar mal a una compañera de curso. Menos mal que mis compañeras chinas tienen el mismo sentido común que yo y alcanzamos un pronto concenso sobre el tema.

Ahora bien, esta tarde le he estado dando varias vueltas al asunto. Primero, sigo en mi ignorancia y no tengo idea acerca de la historia en común de Arabia Saudita e Irán. Pero sigo creyendo que esto es irrelevante en esta situación: no me imagino que cosa tan terrible puede haber pasado entre ambos países para que un sujeto, en otro país del mundo, trate tan despectivamente a otra persona que resulta ser casi una coterránea y además es mujer. Recalco este último punto por dos motivos: primero, porque me imagino que aquí y en la quebrá' del ají, si una mujer es tratada de ese modo por un hombre, siempre le será dificil responder y defenderse del ataque, a no ser que sea una amazona entrenada para ese tipo de asuntos. Segundo, porque -de nuevo desde mi ignorancia- me imagino que una mujer con una formación musulmana tendrá siempre una actitud pasiva frente a cualquier cosa que venga de un hombre y por lo tanto tiene una doble dificultad para devolverle el raquetazo.

Por otra parte, pienso en lo peligroso que es que mi cabeza tome esto como un prototipo de lo que es la relación entre un iraní y un saudita. Tampoco quiero empezar a tener el tipo de pensamientos "ah, los árabes son todos unos terroristas inhumanos". Probablemente solo sea que Alí tiene algún extraño trauma o muy profundas razones personales para sentir odio en contra de Arabia Saudita. O quizás solo sea el típico ser humano intolerante que cree que tiene toda la razón y la verdad a su lado. Pero sea como sea, me sigue pareciendo una 'rotería' que trate así a nuestra compañera, por no decir que creo que es una tremenda injusticia, como retar a un niño que no es tuyo y que no tiene posibilidad alguna de defenderse.

Ahora, de lo que sí estoy absolutamente segura es que si vuelve a tirar alguno de sus comentarios, no me voy a tragar ninguna palabra y voy a hacerle saber lo molesta que es su actitud. Quizás yo no tenga velas en este entierro, pero ni aquí ni en Chile ni en Burkina Faso podemos tolerar la injusticia en ninguna de sus formas. Al menos eso creo yo.


*me fue imposible encontrar el nombre preciso de este velo. Si alguien lo sabe, le agradecería la iluminación al respecto

domingo, 24 de mayo de 2009

Meditación

Una de las cosas interesante de cambiarse de lugar (ya sea de casa, de colegio, de barrio, de ciudad o de país) es que uno puede reinventarse completamente sin ninguna barrera e intentar cosas que nunca antes había intentado. Mi primera renovación ha sido mi cleta: aunque aún no puedo salir a dar vueltas con ella, mi estructura mental ha cambiado y no me imagino en esta ciudad usando el transporte público tradicional (que por lo demás acá es bastante malo). Desde que tengo la bici, aunque sea estacionada en la terraza, tengo la sensación de que ahora soy Marga-ciclista furiosa y cada vez que la veo escucho en mi cabeza el clásico "lo mejor que me ha pasado en la vida fue sacarle las rueditas a mi bicicleeeta"...


Pues bien, otra novedad en mi vida australiana ha sido la proximidad con el mundo oriental, que se ha manifestado de muchas maneras. Primero, la comida: nos hemos hecho fanáticos de la comida india, turca y thai, que jamás habíamos probado en Chile, a excepción de los donner kebab de Bellavista. Pero acá este tipo de comida se reparte en una gama que va desde el restorán más pituco hasta el pequeño localcito de comida take away (para llevar), lo que hace que sean accesibles para todos los bolsillos y por supuesto para el nuestro... ahora, como en toda la historia de la humanidad, comida y música van tomadas de la mano y abrazadas con amor, así que también nos hemos empezado a relacionar con la música de este lado del mundo. Por ahora, hemos escuchado música india pop y música turca tradicional, y ambas nos han gustado mucho (aunque debo decir que mi amado Funes es más entusiasta que yo en estos asuntos).

Pero la última re-estructuración, y quizás la más interesante por lo novedosa, es mi acercamiento a la meditación. Como en los cuentos de Borges, llegué ahí por la casualidad (que al final siempre termina siendo causalidad): mi amiga Isadora vio un cartel en la calle un día y me invitó a un taller de cuatro sesiones gratuitas en un suburbio cerca de nuestro depto. Como no tenía nada que hacer y como la cosa era gratis, le dije que sí y partimos el miércoles pasado con una lluvia de fin de mundo que duró media hora y un viento casi como el que arrancó la casa de Dorothy de Kansas. Llegamos a la biblioteca pública de Newtown y nos dirigimos a una sala gigante detrás del edificio principal en donde se iba a realizar el taller. Al contrario de lo que pensé, había mucha gente y no solo mujeres (me imaginaba que estas cosas eran más bien femeninas). Al fondo de la sala, una mesa con un mantel blanco, una vela blanca apagada, un florero con unas simples flores amarillas y en el medio el retrato de un señor con cara de estar quedándose dormido (luego supimos que era un maestro de meditación en su momento más profundo de conexión con su consciencia profunda).

El encargado del taller era un brasilero que llevaba diez años en la meditación y que nos dijo que esto había cambiado su vida. Comenzó a hablar de su 'camino' con la meditación y cómo se había salvado de una vida estresada, amargada, deprimida, etc. Dijo que este era el camino para encontrar la verdadera felicidad que nos era arrebatada por nuestra mente, que no nos dejaba ser feliz. Dijo que nuestro mundo le daba demasiada importancia a la mente, pero lo que realmente importaba era nuestro espíritu, nuestro corazón. Solo si dejamos de lado las trabas que impone nuestra mente podremos llegar a la felicidad. Luego de todo eso, comenzamos con los ejercicios de concentración, nos dio algunos tips útiles para intentar concentrarnos en nuestra casa y nos dejó con la tarea de intentar meditar al menos diez minutos diarios, ojalá en la mañana antes de las seis y media de la mañana.

Algunos comentarios sobre esto:
1. Me parece muy interesante intentar este tipo de cosas, sobre todo porque puede tener ventajas muy positivas si es que logro ser constante y hago esto todos los días y porque la meditación es una puerta de entrada a una forma diferente de pensar el mundo que también es muy interesante y enriquecedora. Lo que más me llama la atención es esa especie de desdén que parece existir en contra de la mente, que en el mundo occidental es el centro de todo...
2. Aunque aún no capto muy bien si es que está ligada a alguna religión (que es lo más probable), me dio una sensación muy parecida a la que tuve la primera vez que fui a catequesis y el catequista nos dijo que Dios era la única verdad y la vida... había una cosa muy doctrinaria en eso de que este es el único camino a la verdadera felicidad, y eso no me gustó mucho que digamos. Mi madre me iluminó con sus palabras y me sugirió que no tomara en cuenta esa parte del asunto y tomara solo lo que me parecía coherente.
3. En relación con lo anterior, me asombró ver lo difícil que es encontrar el equilibrio ideológico, por llamarlo de alguna manera. Esa idea de que la mente es un freno y de que hay que deshacerse o desprenderse de ella me pareció tan horrorosa, no porque crea que la mente sea el centro de todo, sino simplemente porque es una de las partes de nosotros que nos hace ser lo que somos, así como nuestro cuerpo, nuestra alma o espíritu o corazón o como quieran llamarlo. Por qué tenemos que dejarla de lado? O por qué tendríamos que anular nuestro cuerpo como una forma de encontrar la felicidad? Eso me parece demasiado destructor, por decirlo de alguna manera. Qué opinan?

Bueno, a pesar de estas ideas, tengo una nueva sesión el día miércoles y por mientras seguiré intentando concentrarme diez minutos diarios. Llegaré algún día al nirvana?

lunes, 18 de mayo de 2009

Tanto tieeempo!!

Así es, fellows, tiempo sin dedicarles una palabra. Dos motivos explican esto: uno, la desidia que a veces me ataca; dos, las pocas novedades que contar y las nulas reflexiones que compartir con ustedes. Pero hoy me he sobrepuesto a ambos obstáculos y podré contarles algunas cosillas que han sucedido por estos lados.

En primer lugar, esta es la última semana de mi segundo term de inglés y comenzamos el periodo de exámenes. Hoy fue el turno de writing and reading y mañana listening. No hay mucho que comentar sobre este tema, salvo el hecho de que cada vez queda menos para comenzar el doctorado y siento que mi cabeza se ha alejado mucho de la reflexión académica. Creo que sería buena idea comenzar a leer algunas cosillas, partiendo por mi proyecto que seguramente tendrá que ser destruido y vuelto a hacer en un futuro no muy lejano. Pero bueno, esa en la forma en que progresa el conocimiento! Luego de una interesante conversación con Bea, mi maestra, me empiezo a aprontar para un mundo académico muy diferente al que existe en Chile: a partir de su experiencia, Bea ha podido ver que acá prima una mirada anglocentrista que niega la existencia de cualquier conocimiento que no sea el que estos mismos sujetos han 'creado', lo que está al otro extremo de nuestra formación latinoamericana, ecléctica, que mira a todos lados por igual y que en general considera la existencia de la diferencia... les prometo mayores reflexiones sobre esto cuando me toque enfrentarme a la arena académica!

Una novedad interesante de esta semana es que he sido atrapada por el influjo artístico de mi amiga Isadora, diseñadora, becaria chilena y, podríamos decir, mi vecina. El viernes pasado fue el cumpleaños de su marido Renzo y de regalo la Isa le fabricó un ajedrez de papel maché. Para que fuera una real sorpresa, la Isa trabajó en nuestro depto lunes, martes, miércoles y jueves. Asombrosamente para mí, que generalmente he sido un cero a la izquierda en lo que a trabajo manual se refiere, sentí que algo dentro de mí estaba ansioso por hacer algo, por pintar, pegar papel, dibujar, cualquier cosa. De pronto, esas ideas locas se asentaron y decidí volver a una actividad antigua y muy agradable para mí: el bordado. Así que ayer partí a comprar los materiales para crear una especie de pequeño mural bordado siguiendo la inspiración de las arpilleras de Violeta Parra, que me impresionaron cantidad cuando las vi una vez en el Centro Cultural de La Moneda y que dentro de todo tienen una técnica muy simple. En cuanto vaya avanzando mi creación la compartiré con ustedes para recibir su feedback (espero que las ganas no se me desinflen antes de tiempo!!).

Tercera y última novedad: tenemos tele!!! Así es, gracias a la Isa y el Renzo, la cajita idiota ha vuelto a nuestras vidas después de dos meses de ausencia. Debo confesar que ni siquiera la extrañaba, pero ahora que está me pregunto cómo pude vivir sin ella... Lo bueno de tener televisión en este país nuevo es que, en primer lugar, puedo enchufarme al inglés todo el día. De hecho, mantengo la televisión prendida para ver si me entra algo por osmosis y también porque sigo sin acostumbrarme a almorzar sola todos los días (porque mi amado Funes termina sus clases más tarde que yo). La segunda ventaja de la tele es que ahora nos vamos conectando un poco más a la realidad australiana y vamos aprendiendo un poco más de estos sujetos a través de su tele. Dato interesante: esta lleno de docu-realities de policias y de series estilo CSI. Ayer vimos una serie donde el conflicto era la presencia de un virus altamente contagioso en New York... suena conocido?

Bueno, y hemos confirmado algo que ya intuiamos en Chile: la tele te hace cagarte de miedo. Así es, en solo un día nos hemos visto bombardeados por noticias de robos, asaltos, violaciones, ataques terroristas y etc. Y obviamente, antes de que la tele llegara a nuestras vidas, esta ciudad nos parecía la más pacífica y tranquila del mundo... interesante, no? Además, debo confesar que mi cabeza había entrado en un estado de tranquilidad increíble y ahora, solo con un día y medio de tele, siento volver la ansiedad propia de la sobre-estimulación televisiva.

Creo que a veces es mejor que se nos apague la tele, cierto?

domingo, 10 de mayo de 2009

Dia de la madre

Madre, en tu día, no dejamos de mandarte nuestro amor.
Madre, en tu día, con las vidas construimos tu canción.
Con las vidas construimos tu canción.
S. Rodriguez, Madre


Aunque sea un día comercial (idea que sembró en mi cabeza mi padre), no podemos dejar de saludar a nuestras madres, motor de nuestra vida y de nuestra aventura en esta isla.. madre querida, si no fuera porque quería arrancarme de ti, no estaría acá!

jkajkajakjkjaka!!

Fuera de bromas, un abrazo y un beso enorme para ti, mamá, y para todas las madres que han estado a mi lado: mi abuela, mi tía, mis amigas madres (especialmente a la super mamaterapeuta y a la que pronto se repetirá el plato). Mención especial para mi suegrita querida, que se suma a la lista de madres de mi vida! Los dioses las bendigan a todas por diseminar vuestras semillas en esta tierra.

Y ahora, para recordar viejos tiempos con mi vieja querida, una canción especial para este día

Madre, Silvio Rodriguez


jueves, 7 de mayo de 2009

Ilusión óptica


Estoy sentada en la mesa de mi casa, viendo la calle por el ventanal, y de pronto una tropa de nubes pasa por el cielo, al fondo. Son nubes de algodón, las mismas que a veces cruzan el valle de Santiago. De pronto, bajo las nubes, veo los cerros de la Cordillera de Los Andes. Sigo con mi tarea, porque no tiene nada de raro ver la cordillera hacia el oeste por la ventana.

Pero, ajá, no estoy en Santiago, estoy en Sydney y acá no hay cordillera por ninguna parte. Vuelvo a levantar la cabeza y por un momento siguo viendo ahí la cordillera, debajo de las nubes. Pero la realidad le gana a mis ojos y mi cabeza y entonces no se ve nada más que el horizonte oscurecido.

Me doy cuenta que sin quererlo algo en mí cae a veces en el engaño de pensar que seguimos en Santiago. Pero creo que está bien así: sería terrible que me hubiera despegado de cuajo, sin salvar ni una fibra del cordón que nos une con nuestra vida de Chile.

lunes, 4 de mayo de 2009

Laika y su Gigante Roja


Una nueva semana en la isla y varias novedades que compartir con ustedes, fellows. Perdonen la poca constancia en la escritura, pero a veces los dedos no responden y las neuronas no se reunen lo suficiente como para garabatear dos palabras juntas. Pero aquí vamos con una pequeña historia de esta semana.

Lunes otra vez... como les contamos hace poco, los lunes acá son para los Ciclistas Furiosos. Ciertamente ese no es su nombre, pero no sabemos el nombre en inglés y probablemente no lo sepamos nunca, así que mejor le inventamos uno ad-hoc. Aunque para ser honestos y apegados a la realidad, quizás debieramos llamarlos Cariñositos sobre ruedas o Ciclistas Mega-Amables o algo que revele todo la hermosa buena onda que fluye como manantiales desde estas personas. Realmente, no sabemos si fuman mucha hierba, si hacen yoga o si la cleta los deja en ese estado zen, pero todo el mundo en este grupo, sin excepción, es una fuente de amabilidad y buenas intenciones... tanto, que para nuestra idiosincracia chilensis-desconfiada, puede ser algo sospechoso en un comienzo. Pero solo en un comienzo.

El lunes nos volvimos a aparecer por allá porque la bici de Funes aún necesitaba unos ajustes y yo quería ver si encontraba una para mí, y porque es una excelente oportunidad para compartir con otras personas y aprender algo nuevo para nosotros. El encargado nos había dicho la semana pasada que este lunes tendría nuevas bicicletas disponibles, así que me fui tempranito para allá: a las 4 y media ya estaba sentada en el pequeño parquecito que hay en las torres (imagínense unas torres como las de San Borja en un parque como el de las torres de Carlos Antúnez), esperando las cinco de la tarde, hora en la que comienza toda la acción. Cuando llegué ya había un par de ciclistas esperando... motivación total. A la hora indicada me acerqué al garage de bicis y el encargado estaba ahí, puntual, ordenando su mercancía. Habían unas joyitas de primera clase, pero estaban todas reservadas. Pero el hombre se acordaba de mí y me dijo que podía buscarme unas partes en buen estado para que armara una por mi cuenta. Así que salí de ahí con un esqueleto y un par de ruedas para armar la cleta.

Lo primero fue poner las cámaras, cosa que ya había aprendido la semana pasada. Pero esta vez se sumó otra dificultad: parcharlas. Tenía una leve intuición de cómo hacerlo, porque cuando era una enana mi papá nos parchaba las cletas y tengo claras memorias de las tardes de sábado y mi papá hundiendo la cámara en un tarro con agua para encontrar el bendito orificio... pero el recuerdo se oscurece un poco en los detalles más técnicos del asunto. Así que pensé pedir ayuda, pero no fue necesario porque con solo ver mi cara de pregunta a punto de saltar al aire se me acercó una mujer australianísima, amabilísima, cariñosísima, simpatiquísima, dulcísima y etc. Mary Anne me enseñó como parchar la cámara, y lo que no sabía lo preguntó a un crack para estar segura de que todo saliera bien. Así que en poco rato tenía las cámaras parchadas y estaba lista para los siguientes pasos.

Pero, cuáles eran los siguientes pasos? De nuevo, no alcancé ni a preguntar, porque en un dos por tres tuve a mi alrededor un grupo de señores rusos, amigos de Mary Anne, que se pusieron manos a la obra para armarme la cleta: Boris, una panza gigante, una esclava de plata en cuello y un anillo en el dedo chico de la mano; Blas, medio calvo, con una voz muy suave, muy concentrado en la bicicleta; y otro, más joven, muy rubio, tomando cada cierto tiempo un sorbo de una botella de vino envuelta en una bolsa de papel y revisando la procedencia de las herramientas que usaban solo para decir "oh, american, not good... oh, China, good good". Parecía que se habían quedado atrapados en la Unión Soviética. Cuando les dije que veníamos de Chile, lo primero que dijeron fue "Luis Corvalán y Salvador Allende". Con esos antecedentes pueden suponer que les amé desde el principio...

Así que ahí estuvieron, Blas y Boris, metiendo mano a la cleta hasta que les resultó una hermosa flaquita, lista para usarse (salvo por la falta de frenos traseros, lo que arreglaremos la próxima semana). Mientras tanto, Funes intentaba solucionar con ingenio lo que no sabía cómo arreglar. Pero entonces, uno de los cracks del grupo se le acercó y le dijo "aquí estamos". Su nombre, Will, un hombre de unos 55 años, flaquito, pelo blanco, lentes chiquitos y los dedos manchados de grasa de tanto arreglar bicicletas. Cuando Funes le dijo que éramos de Chile, Will dijo "oh, Chile, I have been there four or five times, in El Tololo". El hombre es astrónomo y en sus ratos libres técnico en bicicletas... nos enseñó todo lo que podía enseñarnos y aunque no pudo terminar de arreglar la cleta, porque las horas se van volando, se comprometió a continuar la próxima semana.

Pues bien, en consideración a nuestros héroes ciclistas hemos decidido, inspirados por los dioses del camino, que bautizaremos a nuestros nuevos corceles con nombres adecuados a sus creadores. Así, la cleta de Funes, marca Giant, pasará a llamarse Red Giant o Gigante Roja, un tipo de estrella de esas que andan locas por el espacio. Por mi parte, mi hermosa cleta, marca Apollo, tendrá ahora por nombre Laika, la perrita rusa que salió al espacio y nunca volvió. Apollo, Laika... se entiende?










PD: a aquellos de nuestros queridos lectores que se interesan en ir a buscar su propia bici (o sea, a Bea), la dirección es Philips n° 1, Waterloo (abajo de las grandes torres)

viernes, 1 de mayo de 2009

Día del trabajador

Así es, fellows, hoy es 1 de mayo en la isla australiana, pero es un día laboral como cualquier otro. En estos momentos extrañamos con más fuerza nuestra tierra chilena, que se detiene una vez al año para celebrar a todos los trabajadores de la patria. Acá, en esta isla, todo sigue como si nada. Será que acá trabajan repoco y no sienten que deban celebrarlo, o que trabajan mucho y no les parece que sea motivo de alegría... no lo sabemos. Solo sabemos que este fue un día como cualquier otro, sin discursos en la Alameda, sin marchas, sin guanacos ni lacrimógenas...

Apuesto que este momento se están riendo de nosotros y diciéndose para sus adentros "guaaja, este par de pavos se fue al primer mundo pero no tienen feriado el primero de mayo, jajaja". Pa' que sepan, el primero de mayo en Chile es una cagada: en China celebran 3 días seguidos.

Ahí quedaron...

Felicidades a todos los esforzados trabajadores de nuestra patria, especialmente a los que nos dieron de comer toda nuestra vida: nuestros padres!