jueves, 29 de octubre de 2009

Detalles chinos

Ayer fui, como todos los jueves, al pequeño grupo de discusión/seminario de estudiantes de educación interesandos en Bernstein y sociología de la educación, y en donde todos hemos tenido que presentar nuestras investigaciones o lo que pretendemos hacer.

Ayer fue el turno de Liu, un compañero chino. De unos 50 años (aunque no podría decirlo con exactitud), voz suave, lentes gruesos que hacen que sus ojos se vean más chiquitos aún, Liu comenzó su presentación diciendo "Primero que todo, quiero decir que ha sido un gran privilegio poder estar aquí en Syndey y aprender de tan grandes maestros como son Jim Martin y Sue Hood". Hasta ahí, todo común y corriente.

Pero luego, Liu dijo "Estos meses han sido meses de gran entusiasmo para mí y de gran motivación intelectual. A tal punto ha sido mi agitación mental al estar frente a tan grandes maestros, que he escrito un poema, en chino, para expresar mis sentimientos. Quiero recitarlo ahora para ustedes, en inglés".

Y el poema decía

Como los niños cuando aprenden a leer,

como Colón cuando a lo lejos divisó la nueva tierra,

así el fuego destierra toda oscuridad

y la primavera surge a partir del invierno.

Las cosas que se ven por estos lados...


PD: qué poema le haría usted a su maestro favorito?

domingo, 25 de octubre de 2009

Seven Bridges Walk

Escribo esto desde el descanso exquisito de nuestro hogar, después de haber caminado hoy 18 km como parte de la caminata "Seven Bridges Walk", un circuito de 28km que recorría 7 puentes de Sydney Harbour, pasando por diferentes suburbios y sus lugares de interés más llamativos. La caminata estaba diseñada para ser un paseo familiar, uno podía inscribirse por la página web de la organización y señalar qué pedazo de la ruta iba a hacer. Nosotros dijimos "toda". Toda la ruta. Y podríamos haberla hecho completita de no ser por tres cosas: la hora, el clima y el equipo.

Nuestra idea inicial era partir a eso de las 10 y media para tener tiempo para completar todo el circuito antes de las cinco de la tarde, hora en la que se iban a cerrar los puestos de control de la ruta, donde en un 'pasaporte' te timbraban cada pedazo del trayecto. Pero ayer (sábado) fuimos a la playa con la 'familia shilena' (la Bea y la Ivania) y ese paseo nos dejó un poquito cansados, así que no fuimos capaces de levantarnos temprano... nos levantamos a las 10 y después de varias vueltas llegamos a The Rocks a las 12:20, en medio de una lluvia algo fuerte, pero tolerable. Nos dieron nuestros mapas (no nos dieron el 'pasaporte' ni la pulserita porque ya era tarde y no les quedaba, pero los conseguimos más adelante) y partimos con la andada. El cielo estaba bastante cerrado y se escuchaban truenos amenazantes, pero habíamos visto el tiempo en internet (puaj, qué ilusos) y decía que iba a despejarse a eso de las 3 de la tarde.

El primer tramo del trayecto era desde The Rocks, bajo el Harbour Bridge, hasta Pyrmont, pasando por la orilla del muelle en Darling Harbour, abierto especialmente para la caminata. Cuando íbamos entrando al muelle la lluvia se largó con todo, acompañada de un viento de locos que me obligó a cerrar el pobre paraguitas que llevaba. Casi todos los caminantes a nuestro alrededor llevaban ponchos plásticos para protegerse de la lluvia, entregados por los organizadores, pero como nosotros partimos tarde no quedaba ni uno... así que en menos de una hora de camino ya éramos dos pollitos mojados caminando en contra del viento. Lo único que no nos falló fue el espíritu, así que seguimos marchando y marchando hasta el primer puente. Cruzamos y unos minutos después llegamos al primer gran puesto de control, Pyrmont Village. El espectáculo era un poco triste, porque se habían planeado actividades musicales, shows de niños y etc., pero con la lluvia todo se fue a las pailas. Timbramos nuestros pasaportes y seguimos andando.

El segundo puente fue el Anzac Bridge, que junto con el Harbour Bridge son los más característicos de la ciudad. Muchas veces lo habíamos visto (se ve desde lejos desde varios puntos del centro de Sydney) así que fue entretenido pasarlo caminando. Comprobamos además que es posible cruzarlo en bicicleta, así que ahí se abren múltiples posibilidades para futuros paseos. Al otro lado del puente otro timbre en el pasaporte y camino luego a Rozelle, un suburbio muy bonito, con calles muy tranquilas.

En Rozelle pasamos por el Sydney Academy of Arts, que es la Facultad de Arte de la Universidad de Sydney, emplazada en un parque abierto con acceso a la bahía y con unas praderas verdes de sueño. Los edificios de la facultad eran antiguamente un hospital y de hecho algunos todavía se ven deshabitados, lo que le da un aire de misterio a todo el conjunto. Ahí estaba Rozelle Village, el segundo gran punto de control. En un árbol estaba colgado el mapa completo del trayecto y ahí me di cuenta que no alcanzaríamos a terminar el camino: ya eran las dos y media de la tarde y llevábamos recién un 20% del camino. "Ahhh, no importa... démosle no más. Total, la gracia es caminar y conocer". Así que seguimos andando no más, ya sin la molestia de la lluvia pero completamente empapados.

El tercer puente fue Iron Cove Bridge. Nada muy particular, salvo un enorme edificio que se veia a una orilla con pinta de fábrica del siglo XIX que ahora es un centro comercial. Y bueno, muchos muchos botecitos en el mar... El cuarto puente, Gladesville Bridge, pasa sobre el río Parramatta y la vista que se tiene desde ahí hacia el centro de la ciudad es hermosa. Además, en las orillas se ven casas enormes, con pequeños muelles, árboles con flores de todos colores, prados verdes... y de nuevo, muchos botecitos en el agua. Desde este puente en adelante el paisaje empieza a cambiar claramente y ya se nota que estamos en el 'barrio alto' de la ciudad, que además resulta ser mucho más natural, más selvático casi, con bosques tupidos por todos lados y más y más prados verdes. El quinto puente, Tarban Creek Bridge y el sexto y último que cruzamos, Fig Tree Bridge, fueron bastante similares: orillas llenas de casas gigantes y hermosas, con piscinas a la orilla del mar, con bosques entre medio, con botes esperando en los muelles. Otro mundo.

Después del último puente el trazo de la caminata seguía por entre un par de reservas naturales en medio de la ciudad y unas calles de lo más top top top. En esta parte del camino fue donde vimos las cosas que más nos impresionaron: primero, calles con casas enormes, enormes, sin rejas ni protecciones en las ventanas, porque claramente solo llegan ahí los que viven ahí (hay que subir y bajar unas lomas TERRIBLES, por lo que dudo que un ser humano sin auto se atreva a 'dar una vuelta' por esos lares sin ningún motivo). Segundo, la cancha de deportes de un colegio estilo 'british college' (imagínense los colleges que salen en 'La sociedad de los poetas muertos' o 'Perfume de mujer'), del porte de dos o tres canchas de fútbol, con un pasto verde que te quiero verde, con instalaciones para cricket y fútbol australiano, y al fondo, muuuy al fondo, el edificio del colegio. Me atrevería a decir que la zona de deportes era casi tan grande como la que hay en el campus San Joaquín de la Católica. Tercero, un bosque hermoso, sobrecogedor, apacible, tranquilizador, todos los adjetivos que puedan imaginar, y todo en medio de la ciudad. Por lejos, la mejor parte del paseo.

Cuando salimos del bosque estábamos ya en la recta final de nuestra caminata, porque el tiempo nos pisaba los talones. Llegamos a las 5:10 a Lane Cove Village, nuestro último timbre en el pasaporte. La gente ya estaba desarmando las carpitas y juntando las sillas para terminar todo, pero igual nos dieron el timbre y unas pulserita que debiéramos haber tenido desde el comienzo (plop). Ahí nos dijeron que podíamos esperar un bus gratuito que estaba por pasar y que nos llevaría de vuelta a la ciudad. Enfilamos al paradero y nos sentamos ahí, yo mojada y empezando a enfriarme por la falta de actividad y Funes con dolor tremendo en los pies por las ampollas que le salieron con la caminata y los calcetines mojados. Esperamos y esperamos y otras personas esperaron con nosotros y nunca pasó el famoso bus. Mirando el mapa y considerando la hora y la absoluta falta de buses del día domingo en esa área, no nos quedó otra que seguir caminando hasta un lugar donde pudiéramos tomar algo de vuelta a la casa...

Así que a andar otra vez, yo tratando de caminar rápido para entrar en calor y mi amado Funes caminando despacito para hacerle el quite a los doloridos pies. Y ahí ibamos, caminando caminando, y Funes haciéndome reir mientras se preguntaba quién cresta nos había mandado a caminar. Otra vez a subir y bajar lomas por calles desconocidas una y otra vez, hasta que llegamos a una calle más o menos grande con un paradero y varamos ahí a esperar que algo pasara. Y el bus pasó en menos de cinco minutos. Y cinco minutos después se echó a llover otra vez. Y diez minutos más tarde nos bajamos del bus y tomamos el tren, caminando despacito para no reventar las ampollas de Funes. Y diez minutos después estábamos en nuestra casa, cansados, hambrientos, helados, pero felices después de un día de paseo increíble.

jueves, 15 de octubre de 2009

Clandestino

Hace un par de días estaba viendo las noticias en la televisión y apareció un señor de la oposición australiana (Liberal Party, equivalente a la derecha chilena) criticando la actitud del Primer Ministro, Kevin Rudd, frente a los "asylum seekers", que según él era demasiado blanda. En términos simples, el sujeto decía que si la cosa seguía así Australia iba a ser atacada por hordas incontrolables de inmigrantes que iban a traer sabe Dios qué tragedias a la nación. Todo esto en medio de la polémica que se armó porque un barco con unas 300 personas que venían de Sri Lanka estaba intentando entrar a Australia y como no los dejaban, habían amenazado con hacerse estallar uno a uno. Dicho sea de paso, Sri Lanka está ahora en medio de una guerra civil que lleva ya 10 años.

Según los datos que se daban en las noticias, en los últimos doce meses han entrado a Australia como "asylum seekers", es decir, como refugiados por distintos motivos, unas 1900 personas. Ahora bien, estas personas no andan libres por las calles de este país, sino que la mayoría está en un centro de detención para refugiados. Este lugar se llama, irónicamente, 'Christmas Island', Isla de Navidad, que es lisa y llanamente una cárcel. Ahí llegan todos las personas que son pilladas por la policía naval en embarcaciones de todo tipo en las aguas australianas. La preocupación del señor de la oposición era que la cárcel se iba a llenar y no iban a tener espacio para poner a más 'refugiados' que llegan de Indonesia, Sri Lanka, e incluso de Afganistán, entre otros países de la zona.

La respuesta de Kevin Rudd fue que se estaban haciendo todos los esfuerzos por mantener la situación controlada y que para ello trabajaba en conjunto con el presidente de Indonesia, que es al parecer el país desde donde llegan más refugiados. Le encaró además a este señor un hecho sucedido al parecer durante el gobierno anterior, de oposición, en donde la policía naval atacó un barco donde iban muchísimos niños que cayeron al mar y quedaron malheridos. Parece que finalmente los salvaron pero el ataque fue un ejemplo claro de la actitud de ese gobierno frente a la migración 'ilegal'. Finalmente, el gobierno de Rudd decidió que iba a aumentar la ayuda monetaria a Indonesia para tratar de controlar la situación de las pateras.

Por lo visto acá hay dos posiciones respecto de la migración ilegal. Una paternalista y otra catastrófica-holocáustica. La primera intenta 'solucionar' el problema por medio de dinero y tiene una actitud 'bondadosa' con los inmigrantes. No trata de hundir los barcos pero de todas maneras los mantiene en detención, tratando de dar ejemplo y decir que en Australia no hay espacio para ellos. La segunda quiere, en palabras burdas, echárselos a todos. No le interesa gastar dinero en ellos, mucho menos comprender sus motivos.

Ahora bien, ninguna de estas posiciones va al centro del asunto: la vergonzosa diferencia entre el primer y el tercer mundo, el bienestar y la pobreza terrible en que se divide el mundo, el sueño de prosperidad que se vende por todos lados y que solo algunos pueden alcanzar, casi sin esfuerzo, mientras otros se parten el lomo trabajando para sobrevivir. Considerando la horrorosa desigualdad mundial, cae de cajón que miles de personas dejen sus países buscando una mejor vida, a costa de cualquier precio.

Este movimiento se repite obviamente en muchos otros lados del mundo y de alguna manera es el movimiento que hemos seguido todos los que hemos venido con la beca. En nuestro caso es un movimiento auspiciado por los gobiernos, que acuerdan recibir a un grupo de inmigrantes que llegan a obtener conocimiento primermundista; a cambio, el país que recibe se llena los bolsillitos de dinero fresco, en un negocio redondo porque al menos acá los estudiantes internacionales pagan muchísimo más que los australianos y no tienen ningún beneficio, como tarjeta de estudiante para el transporte o acceso a ayuda del banco para pagar los aranceles. Por eso somos recibidos con los brazos abiertos: porque traemos dinero. Por eso los inmigrantes de Sri Lanka están detenidos: porque traen pobreza.

Y bueno, nosotros seremos inmigrantes legales y auspiciados por los gobiernos, pero somos inmigrantes al fin y al cabo, tratando de aprender lo mejor de acá para llevarlo al otro lado del mundo y ayudar a arreglar el desequilibrio de las cosas. Y pensado que por más legales que seamos, siempre seremos extranjeros. Y recordando, cada vez que vemos esos botes como cascaritas de huevo en el mar, los versos de Manu Chao: Clandestino

jueves, 1 de octubre de 2009

Días de radio

Escribo este post en medio de la absoluta conmoción de tener en nuestro hogar una radio. Más bien, un mega equipo de música, con su correspondiente casetera (así es, CA SE TE RA), su moderno lector de cds (que al parecer tiene memoria como para guardar el contenido de 20 discos pero no sabemos como usarlo aún), su aparato de captación de ondas am y fm y en la cima de todo su adorable tocadiscos. Así es, un tocadiscos de esos que usan agujita y donde se pone un vinilo del megaterio. No sabemos si funciona porque obviamente no tenemos vinilos en esta casa. Pero ahora que tenemos donde tocarlos seguramente caerá uno del cielo.

Obviamente, este mega equipo no es hijo de nuestro dinero, aunque sí del trabajo de mi amado Funes. Hoy y ayer el Memorioso estuvo trabajando con el hermano de su jefe-part-time, ayudándolo con la mudanza. El señor, Eli, se cambiaba de un departamento a otro del mismo condominio, pero necesitaba dos manos y una espalda juvenil que le ayudaran a mover sus cachivaches. Los que tengan experiencias en mudanzas sabrán que cambiarse de casa no es solo trasladar objetos de un lado para otro, sino sobre todo encontrarse de nuevo con todas las cosas que tenemos guardadas 'por si acaso', 'porque algún día puede servir'. Damos gracias a los Caballeros del Zodíaco que esa sea una costumbre transversal a todos los seres del mundo y no solo maña de algunas personas (especialmente de las abuelitas...).

Pues bien, entre los cachivaches que Eli tenía en su correspondiente bodega del subterránero estaba nuestro nuevo y mejor amigo equipo de música. Vaya a saber uno por qué este humilde servidor fue relegado al olvido en un cuartucho oscuro cuando todavía servía. Probablemente dejó de ser 'cool' o Eli y su familia se vieron tentados por nuevas ofertas, mucho más tecnológicas y de diseño más moderno. Pero entonces, en vez de dejar el antiguo equipo en la calle, como hace la mayoría de los australianos aquí con las cosas que ya no usan pero siguen vivas, Eli decidió guardarlo en su bodega hasta nuevo aviso. Y ese aviso llegó hoy, en el cuerpo de mi amado Funes, que lo trajo al departamento en un taxi con seis sillas muy bonitas que adornan la terraza y un taxista algo choreado ya por tanta porquería que le subieron al auto.

Se preguntarán por qué tanta emoción... pues a mí se me había olvidado lo que era tener una radio en casa. De hecho, cuando Jean me sugería que compráramos una chiquitita yo pensaba 'para qué? Tenemos los computadores, tenemos música en mp3, tenemos Youtube, podemos bajar música de internet, etc. Lo que necesitamos son parlantes, no una radio'. Qué equivocada estaba. Se me había olvidado lo emocionante que era escuchar de sorpresa una canción que hace mucho tiempo no se escuchaba. Me sucedió hace unos minutos con 'I feel the earth move under my feet' de Carole King, que escuchaba en la casa familiar, cuando era una adolescente desconectada de los adolescentes de la época que morían por Nirvana, en el primer equipo de música que tuvieron mis padres que tenía, como este, un tocadiscos. Se me había olvidado lo relajante que es prender la radio y escuchar, dejarse llevar por las canciones que pasan una tras otras sin que uno las escoja. Se me había olvidado como era la publicidad en la radio, las voces histriónicas de los locutores, el señor que da la hora y la posibilidad de tener solo música, solo sonido, sin ver nada, sin nada que se interponga entre la vibración del aire y uno. En este mundo de extrema estimulación visual, de imágenes que corren una tras otra, del computador y el internet que nos tienen prisioneros, no saben el descanso que es para la mente y el alma tener por fin una radio en casa.

Así que, oficialmente, damos inicio a nuestros días de radio.