lunes, 26 de julio de 2010

Vida nueva, nueva vida


Comencé a escribir esta entrada hace unas 7 semanas, cuando recién llevábamos una semana en el depto con la Sabina. La publico ahora con un post scriptum...

Ayer nuestra hija cumplió una semana de vida en el mundo exterior. Una semana ya! Cómo pasa el tiempo! Estos días han volado rápidamente y creo que todavía no nos hemos detenido mucho a pensar y ver el giro que nos hemos dado. Quiero compartir con ustedes una pequeña relación de cómo ha sido esta última semana, para dejar precedente de estos momentos tan importantes de nuestras vidas y también para asentar un poco en mi cabeza y en mi espíritu todo lo que ha pasado.

Todo comenzó el día viernes 16 (fecha que mi madre había señalado como el día D), cuando empecé a sentir cierto malestar en la noche que me hizo pensar que pronto entraría en trabajo de parto. Me fui a acostar mentalizándome para el gran momento pero después de una hora acostadita ya me sentía bien... al día siguiente, lo mismo, cierto malestar desde las nueve de la noche que se pasó luego de una hora durmiendo. A esa altura ya estaba empezando a frustrarme un poco, pero mi Funes me tranquilizaba recordándome que nuestra fecha era el 22 de julio y que por lo tanto no nos quedaba más que esperar. El día domingo cerca de las 5 de la tarde sentí otro pequeño malestar, pero lo adjudiqué al opíparo almuerzo que tuvimos. En la tarde fuimos a la playa, a mirar los aviones (hay una playa que queda justo frente a la pista de aterrizaje y uno puede ver los aviones entrando y saliendo) y nos tomamos un café con un pastel enorme de chocolate... un día domingo como cualquier otro. Yo estaba un poco más cansada de lo habitual, pero era normal considerando todo el ajetreo del día.

Nos fuimos a acostar a eso de las 10 y dormí profundamente hasta las 3 de la mañana, cuando desperté porque el malestar que había sentido los días anteriores había vuelto, un poco más intenso. Mi amado Funes despertó también y le hice saber que tenía que olvidarse de ir a trabajar porque ya había llegado el momento... yo me sentía bastante bien, pero ya iba camino al alumbramiento. Las contracciones fueron subiendo en intensidad hasta que a las 5 de la mañana sentí que ya no podía aguantar más y le dije a Funes que llamara al hospital. Desde un comienzo, el plan era que uno se aguantara lo más posible en la casa los dolores de las contracciones, que hiciera uso de los métodos naturales de alivio del dolor que nos habían enseñado en las clases del hospital y que cuando ya sintiéramos que no podíamos más llamáramos al hospital para que nos prepararan un lugarcito. A esa hora sentía mucho dolor, contracciones con un minuto entre una y otra, pero todavía no era un dolor horroroso ni enloquecedor, como estaba esperando, así que pensé que todavía me faltaba mucho rato de trabajo de parto. Decidí entonces no quemar todos mis cartuchos y hacer uso de los mínimos recursos para soportar el dolor. En resumen, no hice nada, solo caminé y respiré lo más que pude.

Llegamos al hospital a las 6 y algo y tuvimos que esperar en el mesón del Birth Centre porque a esa hora había solo una matrona de turno y estaba atendiendo a otra señora en estado interesante. De pie frente al mesón los dolores eran más fuertes, pero si recostaba mi cabeza en la mesa y mi enfermero Funes me masajeaba la espalda me sentía mucho mejor, casi sin dolor. Cuando finalmente entramos la matrona chequeo la presión y la temperatura y la dilatación... para mi sorpresa, ya tenía 10 cms y por lo tanto estaba lista para empezar a pujar. La matrona no podía creer que me hubiera aguantado tanto rato en la casa...

Como llegamos tan encima no pudimos hacer el parto en el agua, como queríamos, porque iba a tomar tiempo prepararlo y porque cuando comencé a pujar y se me rompió la fuente, el líquido amniótico salió con meconio, lo que significaba que la Sabina ya había echo su primera cacuca y podía tener problemas si seguía ahí mucho rato. En ese momento la matrona decidió que me trasladarían al pabellón de parto normal (no natural) para que pudieran monitorear el corazón de la Sabina y comprobar que estaba todo bien. Eso fue más o menos a las siete de la mañana. Volé en una silla de ruedas y en la nueva habitación me puse de pie y apoyé mi cabeza en la cama. Quedé en 90 grados, lista para empezar a pujar...

No recuerdo mucho lo que pasó luego, solo sé que me desconecté un poco del mundo y me fui para adentro, pensando o más bien intuyendo lo que tenía que hacer. Ahora que lo pienso, fue como retroceder en el tiempo, llegar a una edad primitiva, animal, donde se mezclaba la emoción, el temor por lo desconocido, la maravilla de saber que por fin venía nuestra hija. Según mi amado Funes, que estuvo todo el tiempo a mi lado tomándome la mano, cada vez que pujaba me salía el grito más gutural y prehistórico que hubiera escuchado, pero el más intenso fue al final, cuando por fin trajimos al mundo a Sabina...

Post-scriptum

Ya han pasado 8 semanas desde el nacimiento de nuestra hija. Estas semanas han sido caóticas, emotivas, desordenadas, agotadoras. Ahora por fin da la impresión de que estamos comenzando una nueva rutina. Al menos Sabina tiene ciclos más estables de sueño y vigilia. También empezó a sonreír y a interactuar mucho más con el mundo. Las cosas le llaman la atención, le gustan, le desagradan, le asustan. Muchas veces me pasa que la miro y no creo que ella sea mi hija, que esté aquí, que sea una persona, que esté viva, que respire... la veo crecer y no quiero que crezca pero al mismo tiempo quiero verla cambiar, hacer cosas nuevas, experimentar el mundo. Es una sensación tan extraña...

Así como ha cambiado nuestra vida, también ha cambiado la forma en que la vemos. Es como si de pronto hubiéramos cambiado de ojos. Nuestras prioridades han cambiado, nuestras identidades han cambiado, nuestra relación ha cambiado... hasta estamos más llorones, por lo menos a mí cualquier noticia sobre inundaciones en China con niñitos perdidos en medio del agua me hace lagrimear como nunca antes. Hemos empezado a fijarnos en cosas que nunca antes nos habíamos fijado, como si los baños de los lugares públicos tienen instalaciones adecuadas para mudar a la Sabina o si hay espacio para entrar con el coche en ese café que tanto nos gustaba... en fin, esto de ser padres ha sido hasta el momento una tremenda aventura, que me imagino que pondrá cada día más intensa.

Por ahora, nos dedicamos a disfrutar y a mimar y acurrucar a nuestro retoño antes de que crezca y le dé por irse a otros países a estudiar doctorados y tener hijos lejos de casa...

viernes, 16 de julio de 2010

El conocimiento es poder

A propósito de una nota que leí hoy en The Clinic, hace tiempo que quería compartir con ustedes la siguiente reflexión. La nota es sobre los derechos sexuales y reproductivos de la mujer y de la posición del gobierno chileno en un foro internacional. No comentaré sobre el tema porque me parece, por decir lo menos, ridículo. Pero qué se le va a hacer, considerando que tenemos divorcio hace un par de años, esto no sorprende para nada...

Y mi reflexión va ahora:

Una de las cosas que más me ha sorprendido en este proceso de embarazo por el que hemos pasado ha sido el nivel de información que se ha puesto a nuestra disposición desde el comienzo. Existe acá una tremenda organización de las instituciones de salud, comenzando a nivel central, para entregar a las mujeres embarazadas y sus parejas la mayor cantidad de información posible para que estas estén en condiciones de tomar decisiones apropiadas a lo largo de todo el proceso del embarazo. Como les conté hace un tiempo, esto comienza en las primeras semanas de embarazo, cuando se le explica a la mujer el derecho que tiene a decidir si desea o no tener el hijo que espera, especialmente en situaciones en las que se detecta alguna enfermedad, pero en general bajo cualquier circunstancia. Ahora bien, esta parte se encadena con un proceso de educación sexual que se inicia en la escuela y que es realmente educación sexual, no como en Chile.

Luego, a lo largo de todo el proceso, las mujeres tienen acceso a información organizada y sistemática respecto de las diferentes etapas del embarazo, qué sentirán, qué pasará con sus cuerpos, qué pueden hacer, qué deben evitar, cómo aliviar malestares de manera natural, a quién recurrir en caso de dudas, etc. Hay también una red de organizaciones comunitarias que prestan apoyo en caso de depresión o si acaso simplemente una mujer embarazada quiere hablar con otras sobre el proceso. Respecto del parto, existe la posibilidad de elegir qué tipo de parto se quiere, todo basándose en gran cantidad de información que se entrega en el hospital. Las madres están además 'obligadas' a asistir a cursos en los que se explica todo el proceso del embarazo, el parto y los primeros cuidados del bebé. Estos cursos son gratuitos y son llevados a cabo por matronas y diversos especialistas en los hospitales públicos. Hay incluso cursos de apoyo, como las clases de yoga y de 'amamantamiento' para quienes deseen.

Luego, también se informa acerca de todo el procedimiento médico que se llevará a cabo durante el parto y las opciones que los padres tienen respecto del tratamiento que recibirán sus hijos recién nacidos. Acá las vacunas NO son obligatorias, los padres deciden si las desean y cómo desean que se administren. Obviamente, se explica los pro y los contras de la vacunación, así cada uno toma una decisión a conciencia, considerando lo que le parece mejor para su retoño.

Con toda la información que hemos recibido, este proceso ha sido de gran empoderamiento para mí personalmente, porque he estado en condiciones de saber qué le pasa a mi cuerpo, qué es importante, qué no lo es, cómo debo cuidarme, cuándo preocuparme, etc. Considerando que estoy lejos de casa, de mi mamá, de mi abuela, de mi tía y de todas las mujeres madres que hubieran cumplido esta labor informativa 'natural' en Chile, ha sido realmente una suerte contar con un sistema que se basa en la decisión autónoma e informada de los individuos. Me he acordado mucho de mi amiga Mamá Terapeuta y su lucha por ser tratada como un SUJETO en el tratamiento de su hija antes que un objeto que todo el mundo manosea y tira de un lado para otro.

Ahora que mi hermana está comenzando el mismo proceso que yo ya estoy terminando, me abruma ver la gran distancia que se ve ya en nuestros caminos. Cuando le he comentado sobre los cursos que he hecho me dice que allá en Chile no pasa nada, que nadie le ha dicho casi nada. Yo tengo tres libros diferentes que nos dieron en el hospital, más miles de fotocopias con diferentes temas. Entonces, si existe este nivel de desinformación cuando se trata del embarazo, si se le niega a las mujeres la posibilidad de ser SUJETOS AUTÓNOMOS cuando se trata de su cuerpo embarazado, qué podemos esperar del cuerpo femenino 'no-embarazado', que no ha cumplido 'su vocación maternal', por llamarlo de alguna manera?? NADA, no podemos esperar nada. A las mujeres no se les educa ni en su sexualidad ni en su maternidad, y luego se habla de la protección de la familia y de la vida y etc etc etc, como si eso se lograra prohibiendo, callando, negando. Cómo podemos tomar decisiones sobre nuestra vida si no sabemos qué consecuencias tendrán, qué podemos esperar de ellas?

Una de las primeras cosas que nos mostraron en el curso en el hospital fue un video de un parto de una mamá adolescente, tenía unos 17 años. Era totalmente real, con cabeza de guagua saliendo y todo. Mi amado Funes quedó en estado de shock cuando lo vio, así como un par de otros padres que estaban en la sala. Le comentamos a Alex, el hijo de mi primo, y él nos contó que a ellos les mostraban el video en la escuela secundaria y dijo, bromeando, que por eso se evitaban muchos embarazos adolescentes en Australia. Me pregunto qué tan broma será eso. Me pregunto si alguna vez se le ocurrirá a las autoridades chilenas que mientras más eduquen a los y las jóvenes en Chile en todo lo que concierne a su sexualidad y a su maternidad y paternidad lograrán no más 'libertinaje' (que me imagino es tu intrínseco temor) sino más libertad, más responsabilidad, más conciencia acerca de las decisiones que se toman.

Por ahora, yo preparo una carpetita con toda la información que tengo para mandársela a mi hermana... espero que ella, como yo, pueda tomar el control y se empodere de su embarazo!

jueves, 15 de julio de 2010

La vecina Hannah

Desde el primer día que llegamos a nuestro nuevo edificio fuimos recibidos con gran calidez por los vecinos. Extraña cosa, porque creo que ni en Chile pasa eso de que los vecinos de departamento sean tan agradables. Cuando nos estábamos cambiando conocimos a Duncan, el vecino de abajo, un australiano regio regio regio, como con estilo de malo pero un amor de persona, que se aprendió mi nombre altiro y cada vez que me ve me saluda y me dice 'hello, Margarita'. Eso lo encuentro lo máximo, considerando que yo me demoro un tiempo considerable en memorizar los nombres de los gringos de por acá. Duncan nos hizo un pequeño resumen de los vecinos del bloque y nos comentó la presencia de una joven madre con su hijo en el depto 2 (Anna y Frankie) y de una preñada en el depto 5. A Anna la vi una vez saliendo del edificio y me presenté como corresponde, pero no la veo mucho porque debe pasar ocupada con Frankie (que es un amoooooor). A Hannah me demoré en conocerla y fue en una situación digna de mencionar...

En este edificio no tenemos lavadero, por lo que hay una sala de lavado común al fondo, donde hay una lavadora que funciona con monedas y otras tres lavadoras normales. La primera vez llevamos nuestras moneditas y seguimos las instrucciones, pero después no siempre teníamos dos monedas de un dólar y honestamente a mi me daba lata andar preocupada de eso, así que usábamos cualquiera de las lavadoras, pensando que era legal. De hecho, dejábamos el equivalente a dos dólares en una cajita con monedas que estaba en una repisa y nos íbamos felices de vuelta con nuestra ropa limpia. Pero un día, para comprobar que no estábamos cometiendo un delito, le pregunté a la gente de la corredora de propiedades por la lavadora y me dijeron que yo solo podía usar la de las monedas, porque las otras eran de algunos de los arrendatarios... uuuups, pensé, o sea que hemos estado haciendo uso de lavadoras ajenas y quizás cuántas puteadas anónimas nos han llegado por eso... traté de pensar cómo reaccionaría yo si fuera a usar mi lavadora y hubiera ropa ajena en ella y me di cuenta de lo grave de la situación, así que de ahí en adelante decidimos usar solo la que nos correspondía.

Pero un día, ya en medio de mi enorme preñez, tenía que lavar ropa y me olvidé de las monedas. Cuando llegué al lavadero pensé 'aahh, qué más da, por último lloraré la carta con lo del embarazo y a lo mejor me salvo de la pelea con algún vecino'. Puse mi ropita en una de las lavadoras y subí al depto. A la media hora volví para tender todo (la idea era que pasara piola qué lavadora había usado) y cuando me voy acercando al lavadero veo que hay dos personas dentro... oh noooooo!!!!, pensé, se viene la verguenzaaaaaaa... napo, qué voy a hacer, apechugar no más. Una de las personas sale, una mujer, y lo primero que noto, una mujer embarazada. La miro, la saludo y me dice: 'Margarita?' 'Quéeeeee?', pensé yo, 'cómo sabe mi nombre?'. 'Hola, nos conocimos en yoga, te acuerdas??

Resulta que ella iba a las mismas clases de yoga que yo en el hospital, pero no la había visto hace tiempo porque yo no había ido y al parecer ella tampoco. Ahí recordé que un día una australiana se me había acercado y me había hablado en español, contándome que había estado en Costa Rica y otras cosas más. Era ella. 'Qué coincidencia', le dije, 'entonces tú eres la embarazada de la que me habló Duncan'. 'Así es'. En ese momento no PODÍA recordar su nombre y me sentí tan mal porque ella se acordaba del mío, pero no se lo pregunté porque encuentro que es de una falta de cortesía tan grande no recordar el nombre de las personas... hice una nota mental de preguntarle a Duncan por el nombre de la vecina la próxima vez que lo viera.

Y bueno, ahí estaba ella con su hermana haciendo el lavado, en su propia lavadora, que afortunadamente no era la que había escogido yo para lavar mi ropa, pero me imagino que ella se dio cuenta claramente que no estaba usando la que me correspondía... me presentó a su hermana, una niña muy simpática con un look rockabillie que me encanta y mientras colgábamos la ropa llegó su mamá, una matrona que trabaja en el mismo hospital donde iremos a lanzar a nuestros hijos al mundo... o sea, me tocó conocer a toda la familia y recibir toda serie de ofrecimientos de ayuda y buena voluntad que agradecí con una sonrisa. Debo decir que en ese momento sentí un poco de nostalgia por mi madre y mis hermanas y me preguntaba si en Chile alguna de mis hermanitas queridas habría ido a ayudarme a hacer las cosas de la casa... yeeaahh, right!! jajajaja. En fin, me fui a la casa contenta de haber pasado seudo-piola con lo de la lavadora (prometiéndome NUNCA MÁS usar una lavadora ajena) y de haber conocido a mi vecina, que estaba casi en la misma que yo, con fecha de parto para el 25 de julio (tres días después que mi MOMENTO)

El día lunes nos encontramos en yoga y ella muy amablemente se ofreció a traerme de vuelta a la casa, porque andaba en auto, pero me advirtió que antes tenía que pasar por una tienda de cosas de bebé porque había comprado un colchón y lo tenía que ir a buscar y bla bla bla. Nos fuimos conversando de cosas de embarazadas (qué más, es lo único que salta a la vista que tenemos en común) y comentando un episodio que había sucedido ese día en yoga. Una mamá que iba por primera vez preguntó si acaso ella tenía que hacer algunos ejercicios especiales porque tenía 25 semanas y su bebé tenía un cierto problema que no entendí pero que parece era grave y se puso a llorar en plena sesión... se imaginarán el efecto que eso tuvo en una sala llena de mujeres embarazadas con las hormonas a todo ritmo. Yo miraba las caras llorosas del resto y sentía unos deseos tan grandes de llorar en mi almita, pero más de abrazar a la pobre mamá, que estaba al lado mío... pero por pudor no lo hice, todavía no capto bien cuándo se puede invadir el espacio personal y cuándo no, así que preferí mandarle mis buenas vibras por el aire...

La cosa es que estábamos comentando el tema cuando Hannah se mandó una línea que me mató y me hizo pensar por qué la gente buena onda no puede ser buena onda porque sí no más... me dijo algo así como 'me imagino que cuando uno no tiene a qué aferrarse debe ser más difícil, si algo así me pasara yo me sentiría en las manos de Dios porque...'. Escuché Dios y algo en mi cabeza comenzó a gritar 'noooooooooooooo!'. ¡Mi vecina es Flanders! THE REAL ONE!!!! Y más todavía, ni siquiera católica, que es la onda que uno conoce más, sino bautista, o sea, ultra comprometida. 'Hasta aquí llegó todo', pensé. Me preocupé de decirle en ese momento que yo no tenía ninguna relación con Dios pero que bla bla bla, para evitar cualquier tipo de invitación apostólica. No es que sea malo ser creyente o religioso, pero en general la gente religiosa con la que me he topado tiende a querer traerte al rebaño y a insistir con eso, a veces de mala manera, y yo no quería pasar por eso...

Pero afortunadamente, uno se equivoca con la gente. Hannah resultó ser de lo más relajada, muy amable y para nada moralizante o apostólica. Ayer pasó a saludarme, porque sí, y hablamos un rato, comentamos cosas de embarazadas (obvio) e intercambiamos número de celular, en caso de cualquier cosa. Mi amado Funes se ríe y dice que todo es una táctica para en cualquier momento invitarme al culto y que a fin de año estaré con la mandolina cantando en el templo... pero qué más da, por ahora tengo una 'amigui' en el edificio con quien conversar y hablar de temas tan interesantes y transcendentales como el lavado de pañales de tela o la hinchazón de los pies. Y quién sabe, quizás terminamos siendo buenas amigas cuando ya dejemos de estar embarazadas y no nos una solamente la guata que andamos cargando...



lunes, 12 de julio de 2010

Revolución

Anoche estaba pensando que estamos a punto de llegar a uno de esos momentos en la vida en que todo cambia. Uno de esos momentos gloriosos, cataclísmicos, que hacen que el trayecto que uno iba recorriendo tome una dirección absolutamente nueva, que te llevan, como diría Mario Hugo, a una 'dimensión hermosa y desconocida'. Entonces me puse a pensar en los otros momentos cúspides de mi vida hasta ahora y me di cuenta de que en realidad ninguno ha sido tan dramático ni tan repentino ni tan violento, pero siempre que se acercaban parecía que iban a dar vuelta el mundo completamente. La salida del colegio, la entrada a la universidad, la primera pega, el primer muerto, la salida del hogar, cuando se piensan parecen tan tremendos y cuando pasan, pasan así, como si nada, y parece que nada cambian en la línea de nuestras vidas...

Y en realidad, si las cosas fueran así, creo que muy pocas personas serían capaces de enfrentarse a empezar de cuando en cuando y abruptamente con un nuevo camino. Por eso, como dice mi mamita, la naturaleza (y la vida) es muy sabia y nos prepara de a poquito para esos cambios gigantes. Anoche pensaba que en realidad poco a poco nos hemos ido acomodando a esta nueva piel de padres que nos tendremos que poner pronto (si es que no la tenemos puesta ahora). Poco a poco, por diferentes razones, nos fuimos poniendo más hogareños, nos preocupamos más del 'adentro', de prepararnos para recibir a nuestra hija. Y empezamos a imaginarnos la vida con esa enana que ya viene y que va a estar para siempre con nosotros. Y poco a poco nos fuimos acomodando a esa nueva presencia, al punto que ahora casi la echamos de menos y queremos tenerla pronto con nosotros, tocarla, ver su carita, sus manos, escucharla llorar y crecer...

Por eso mismo no tengo miedo. Porque sé que aunque se nos viene una revolución, esa revolución empezó hace rato y ya estamos preparados para la gran batalla. Y aunque no sepamos como hacerlo, intentaremos ser los mejores padres que podemos ser. Yo ya estoy lista para dejar que Sabina salga al mundo. Así que, mundo, prepárate!!