lunes, 31 de agosto de 2009

Maestros pintores


Queridos y queridas lectores y lectoras, nuevamente perdón por el prolongado silencio. En realidad es difícil ser constante con esto de la escritura del blog (a pesar de los buenos consejos de Sonia), pero seguiré intentando ser más proactiva y motivar a mi Funes para que también ponga lo suyo (hace días que anda diciendo que quiere escribir sobre los peluqueros griegos y no pasa nada...). En fin, les escribo ahora en este día lunes 31 de agosto, a las 9 de la noche hora de Sydney, día de descanso y relajo máximo muy bien ganado después de un fin de semana de TRA BA JO. Así es, este fin de semana nos hemos convertido en dos pintores profesionales y le hemos puesto el hombro por ocho horas diarias como cualquier trabajador de la patria.

Desde hace ya un mes Funes está trabajando los días domingo en una bodega bajo las órdenes de David, un judío de unos50 años. Su pega ahí es básicamente de ayudante o pioneta, para mover cajas, contar los productos que tiene David y ese tipo de cosas. Hace un par de fin de semanas David ya le había dicho a mi amado Funes que lo llevaría a pintar un jardín y que necesitaría una ayudante, pero luego se arrepintió de llevar otras manos. Sin embargo, este fin de semana se debe haber visto apremiado por la necesidad de pegarle una manito de gato al jardín infantil que dirige su hija, así que llamó a su ayudante estrella y le dijo que consiguiera a alguien más para ir a pintar. El viernes cuando volví de clases me encontré con una propuesta de trabajo que acepté inmediatamente. Como subcontratista, mi Funes llamó a David para decirle que había encontrado a una "niña" con experiencia en la materia: según él, pinté tres casas en el verano en Santiago... yo con suerte me pinto las uñas una vez cada seis meses, pero no me iba a amedrentar por una muralla. ¿Qué tan difícil podía ser?

Así que el sábado nos levantamos a las ocho de la mañana y tomamos el tren hacia Macquarie Fields, un suburbio casi en el límite de Sydney. De hecho, un par de estaciones antes de llegar a destino el paisaje cambia radicalmente y se pueden ver bosquecillos, lomas con pastito y hasta un pequeño arroyo. David nos estaba esperando en su auto y en cinco minutos estuvimos en el jardín infantil. Pintamos sin parar hasta las 2 de la tarde... sin pa rar. A eso de las 11:30 llegó una paerja a buscar unos juguetes y se quedaron conversando con David hasta las dos de la tarde. A la una y media ya estábamos preguntándonos si es que el caballero se dignaría a irnos a comprar algo para el almuerzo (que es parte del trato) y nos llenábamos la guatita con agua... por fin la pareja se fue y nos sentamos a comer unas hamburguesas muy ricas, aderezadas con barbaque sause y con unos trozos de betarraga, cosa jamás vista ni probada por mí. En todo caso, la mezcla queda muy buena.

El almuerzo duró 20 minutos y vuelta a pintar hasta las 6 de la tarde, de nuevo sin parar. Fue increíble, pero de verdad trabajamos sin parar. Me acordaba de los maestros que estuvieron una vez en la casa de mi abuela que sacaban la vuelta de manera increíble y me pregunté cómo les iría a ellos trabajando en estas tierras... a las seis nos lavamos las manos, nos ordenamos un poco y David nos llevó a la estación de tren, no sin antes pagarnos 120 dólares a cada uno por las 8 horas de trabajo. Llegamos a la estación y nos desplomamos en los asientos a esperar el tren. Durante la hora de camino a la casa solo pensábamos en llegar y bañarnos con agüita caliente, asumiendo que seríamos incapacez de asistir a la pizzada a la que con tanto cariño nos había invitado nuestra amiga Ivania... Pero como nos habíamos deslomado trabajando (literalmente, al otro día la espalda nos dolía terriblemente) decidimos que merecíamos alguna recompensa... así que nos fuimos a comer a un restorán libanés cerca de la casa. Después de la rica cena, de vuelta a dormir para levantarse a las ocho al día siguiente.

El segundo día se sintió un poco más liviano porque yo por lo menos ya le había agarrado la mano a la pintura y tenía toda la técnica para pintar en los rincones difíciles, que era lo que me tocaba a mí. Ese día mientras pintaba me acordé el tío Juan Carlos y sus historias de viajes. Él contaba que una vez en Alemania (o Austria?) también se dedicó a la pintar para ganar unos pesitos más y que ayudaba a un alemán (o austriaco?) que llegaba del trabajo, pintaba con la camisa puesta y después volvía a salir totalmente hediondo y traspirado...

Durante el almuerzo, ocurrió algo gracioso-incómodo. David nos convidó un queque que había llevado y yo le pregunté si lo había cocinado él o qué (obvio que él no lo había hecho, pero era una táctica para ver si me hablaba de su esposa o algo). Me dijo, tal como pensaba, que lo había hecho su esposa. Luego me dijo que yo tenía que aprender a cocinar muchas cosas diferentes para que así cuando me casara mi esposo fuera feliz conmigo... JE LOUUUU... mi amado Funes no le había dicho que iba a llevar a su esposa a trabajar y ya era el segundo día de trabajo. Me dio lata sacarlo de la ignorancia, así que me hice la loca no más y mi esposo tampoco dijo que estábamos casados. El resto de la tarde David se la pasó haciendo referencias sobre el matrimonio y bla bla... a lo mejor pensó que había onda entre nosotros...

El domingo terminamos a las cinco y media y llegamos más temprano a la casa y con más energía, así que como premio nos fuimos a nuestro restorán favorito, Holy Cow (comida india), donde el dueño, el cocinero y los meseros nos conocen y nos tratan como parte de la familia. Broche de oro para un fin de semana de trabajo. Y lo mejor de todo, ahora sí que puedo decir que tengo experiencia pintando casas, así que si están pensando renovar el color de sus paredes o darle un nuevo aire al patio, no duden en llamarnos!!

miércoles, 12 de agosto de 2009

Education doctoral "midyear" cohort

Queridísimos todos, ayer tuve mi primera reunión con mis compañeros del doctorado!! En realidad, es un poco mucho hablar de "compañeros", porque este proceso del doctorado es bastante solitario e independiente y con la mayoría de ellos no hay nada en común, salvo que estamos todos en la Facultad de Educación, que entramos a mitad de año y que somos extranjeros (salvo una). Pero a fin de cuentas, estamos todos en la misma así que de ahora en adelante serán para mí mis compañeritos de curso.

Esta primera reunión fue dirigida por la profesora Kitty te Riele, una señora rubia de ojos azulísimos y de voz dulce y suave. Me recuerda a las tías de kinder de la infancia... es un poco desastrada, usa chalecos una talla más grande y no se maquilla (lo que la hace ver un poco más vieja de lo que es), pero es muy agradable y tengo la impresión de que será un gran apoyo este año. El objetivo de la reunión era explicarnos el programa de cada semestre, que está muy bien organizado para que mediante pequeñas tareas vayamos poco a poco elaborando la propuesta de investigación final, que tendremos que entregar en Mayo del próximo año.

Pero bueno, vamos a lo interesante... LA COPUCHAAAA, jajaja. En total somos seis los que nos integramos ahora al doctorado, hay otro grupo que partió en marzo pero no tengo pista de quiénes serán. El grupo de "midyear" está integrado por:

Gail: una señora australiana de unos 50 años. Al parecer, ella es un caso especial de algo porque durante la reunión Kitty varias veces nos dió alguna instrucción y dijo "bueno, Gail, tu caso es diferente...". Se ve muy simpática y me gustaría conversar con ella porque es la única australiana del grupo. Nada contra los extranjeros, pero llevamos ya cinco meses en Sydney y nuestro porcentaje de contacto con "nativos" es de un 20.
Gail vive en la Central Coast, que no sé dónde será pero al parecer es lejos de Sydney (ahí me enteré que la profe también vive en esa zona), así que intentaré hacerme su amiga para que me invite a su casa... noooooooooo, broma!!!!

Sender: una joven mongola... mongolia... de Mongolia (no sé como es el gentilicio para las mujeres). Tiene una carita graciosa, como de pelotita. Llegó un poco tarde y con el polerón oficial de la UTS, así que me tinca que debe haberse ya imbuido del espíritu institucional. Lo poco que habló en inglés lo habló perfecto. Es muy amable y se ve muy feliz. Lo malo es que al final de la reunión se fue corriendo casi como si fueran los cien metros planos, así que cero opción de algún tipo de intercambio amistoso.

Mohammed: un joven de las islas Fiji!!! Me reí internamente cuando lo dijo, porque tengo la costumbre de usar las islas Fiji como ejemplo del lugar más insignificante y lejano del mundo, por ejemplo cuando explico la obsesión por la información de mi amado Funes y dijo "se sabe hasta los resultados del campeonato de fútbol de las islas Fiji". Ahora tendré que ser más precavida y buscar un lugar más ignoto... Hasta este momento, Mohammed es el único lingüísta conocido en el grupo. Dijo que era profesor de Inglés como segunda lengua y que su background era la lingüística. Tendré que ahondar más en este punto. Salimos juntos de la reunión y nos fuimos conversando sobre nuestros proyectos... somos amiguiiiiiiiiiiis!!

Turki: incluso antes de conocerlo ya sabía de él... el día que fui a presentarme con Maggie, la secretaria académica, escuché que alguien preguntó algo así como "aquí en la lista hay un alumno de nombre Turki... de verdad se llama Turki?? (se confunde con "pavo" en inglés, turkey)" y luego se apretaron la guata riéndose de Turki. En ese momento agradecí tener un nombre que hace estallar la réplica "ahh, como el trago!", porque en general el tequila Margarita parece traer buenos recuerdos a la gente.
La cosa es que ayer cuando vi a Turki pensé que sus padres le habían achuntado medio a medio con el nombre... tiene un look de pavito tan terrible!!! Es de Arabia Saudita, debe tener unos 35 años, casado y vive como a 6 horas de Sydney porque su esposa está haciendo su doctorado en otra universidad. Habla muy bajito y con una voz un poco ronca y él también será supervisado por David Cole, mi supervisor, así que a lo mejor va a hacer algo parecido a lo mío. Lo malo es que también tiene complejo de atleta, porque terminó la reunión y dejo la nube de polvo. En todo caso, se entiende, por lo lejos que vive.

Sultan: el único integrante que no conocimos, al parecer venía viajando desde su país (Arabia Saudita?) así que solo lo veremos en septiembre, cuando tengamos nuestra segunda reunión.

Margarita: esa soy yo! Para comenzar dando una buena imagen y parecer amistosa, les conté a mis compañeros sobre el seminario de Educational Linguistics al que estoy asistiendo y hasta les mandé un mail con la información. He decidido que quiero asumir el rol de la chica latinoamericana sabrosona y amistosa y así lo haré...

miércoles, 5 de agosto de 2009

Desechos

El otro día hablé con mi querida madre por teléfono y en medio de la conversación tuvimos el siguiente intercambio:

(...)
Marga: ah, mamá, ayer salimos a comer y a la vuelta nos encontramos unos palos en la calle, así que los trajimos para hacernos el famoso biombo. Ahora solo nos falta conseguir una sierra
Mamá: .... hija, pero cómo es eso, tan mal están que tienen que andar recogiendo cosas de la calle?

En ese momento, me di cuenta de que mi historia había resonado en la cabeza de mamá de una manera diferente a la que yo pensaba y me sorprendí de haber abandonado en tan poco tiempo esa forma de pensar tan común en Chile (o no?): recoger cosas de la calle es igual a estar en lo más hondo de la pobreza. Porque claro, en general lo único que hay en las calles en Chile son desechos, objetos que ya han dejado de servir y que por eso se tiran a la calle y que ya nadie los quiere tener en su casa (obviamente, los "desechos" pueden significar otras cosas para otras personas, como para las personas que reciclan o para las personas en situación de calle, por ejemplo).

Pero acá, la cosa es muy diferente y probablemente esa diferencia se debe a que acá el dinero sobra y por lo tanto las cosas pueden desecharse incluso antes de que sean desechos (como dice Bauman en uno de sus libros, que seguramente ya leíste, mamá). Entonces, es muy común andar por la calle y encontrarse un mueble, una silla, una lavadora, una mesa en buen estado, casi nueva y lista para ser reutilizada. Más todavía, en cada barrio hay días especiales para sacar estos "desechos" a la calle, lo que permite al resto del mundo que está buscando algún "desecho" en particular tenga tiempo para encontrarlo en medio de la masa de cosas que la gente tira a la calle.

Tantas son las cosas que se botan y que otros reutilizan que, por ejemplo, nuestros amigos Isa y Renzo tienen un sillón, un casco de bicicleta, una mesa y la lavadora recogidas de la calle. Si no me equivoco, la Bea recogió su primera cama de la calle y solo la cambió porque era más chica que el colchón que había comprado. Nosotros recogimos un mueblecito para los cds, una mesa para el balcón, un piso bastante feo pero funcional y ayer una silla de madera para acompañar a la mesita de la terraza. De hecho, podemos decir que incluso las cletas son fruto del desecho. Un día vi un sillón amarillo hermoso pero eran las ocho de la mañana y yo iba a clases. Obviamente, cuando volví a pasar ya se lo habían llevado. No hemos recogido más cosas porque, según mi amado Funes, nuestro barrio tiene mucha "competencia" por ser uno de los barrios menos acomodados, por decirlo de alguna manera.

De todas maneras, hemos agarrado la costumbre de andar mirando la calle cada vez que salimos por si acaso nos encontramos con algo interesante o bonito para el departamento. Y cuando le conté a mi madre querida que habíamos recogido los palos de la calle, me sorprendí de ver que ella me entendió que los palos eran "de la basura". Acá, claramente, eso no es lo mismo. Y lo más sorprendente es que nos costó solo un par de meses entenderlo y cambiar nuestra percepción del desecho.

Increíble, no?

El mueble y la especie de macetero de al lado fueron recogidos de la "basura"

lunes, 3 de agosto de 2009

Primera clase y otras hierbas

Como les había anunciado, la semana pasada por fin comenzó la nueva etapa de mi vida académica. La primera parte fue conocer a la gente de la universidad, a mi profesor supervisor, a la profesora del curso basal del doctorado y a otras personas importantes de la facultad, como la señora que ve los asuntos administrativos, Maggie, la señora de los asuntos académicos, Sandy, el señor co-supervisor, John Buchannan (como Mitch Buchannan de Guardianes de la Bahía) y la señora que reparte los espacios para trabajar (space for work), que son simplemente las "oficinas" de los doctorandos.

Luego de haber ido a visitar a mi profe supervisor a la punta del cerro, literalmente, la semana pasada fui a buscar mi credencial universitaria presionada por mi amiga Isadora que quería que le sacara un libro de la biblioteca. Así que enfilamos los tres con mi amado Funes hacia el edificio del city campus y en un dos por tres tenía lista mi credencial. Con algunos problemas, claro, porque justo justo mi foto salió con los colores raros, aunque para ser bien objetivos por primera vez creo que no salí con cara de monstruo del infierno en la foto. Aprovechando que estábamos ahí, me dije a mí misma "si ya estoy aquí, voy a aprovechar de ir a presentarme con la señora Margaret que andaba preguntando por mí". Debo decir que este pensamiento es de lo más inusual en mí, porque mi actitud general en estas situaciones es tratar de pasar lo más desapercibida posible. Pero ahora, en Sydney, he decidido dejar de lado ese pensamiento inútil, motivada por las palabras constantes de mi Funes y de mi maestra Bea, que han insistido de manera elegante pero constante en que me haga notar, de manera positiva, obviamente. Se suma a esto las enseñanzas de mi madre que siempre me dijo que tenía que actuar así. Madre, por fin lo hice!!

La cosa es que fui y me presenté y todos eran, como en todos lados, un amor. La señora Maggie me ayudó con la petición de espacio para trabajar y me dijo que si era muy urgente podía arreglar algo temporal para que trabajara, porque por ahora está todo ocupado. Sería excelente contar con un lugar de trabajo, pero todavía no tengo en qué trabajar... por ahora, espero la primera reunión con los doctorandos para saber qué onda microonda.

Luego de la presentación y de las tallas de rigor que tiré para dejar una huella de buena onda en la señora Maggie, partimos a la biblioteca a buscar el famoso libro para la Isa (Historias de cronopios y famas, de Cortázar, pero en inglés). La biblioteca era, como se dice en buen chileno, a toda raja. Seis pisos de puro papel empastado en forma de libro, miles de computadores, maquinitas de auto-préstamo donde el mismo señor usuario hace el bip para llevarse el libro a la casa, baños (lo que me sorprendió, porque en la PUC no hay un puto baño en la biblioteca y si uno piensa estudiar todo el día ahí tiene que ponerse pañales o aguantarse hasta la infección urinaria) y ese día, que era como el tercer día de clases del semestre, muuuchos estudiantes ñoñeando como debe ser. La visita fue de entrada y salida pero me permitió ver la cantidad de recursos de esta biblioteca.

El viernes tuve por fin mi primera clase formal, a la que fui cordialmente invitada por la Bea y de la que no hubiera tenido la más mínima idea de no ser por ella, porque mi profe supervisor vive en una especie de burbuja vegetal en el campus de Kuring-gai, donde tiene su oficina en medio de eucaliptus y pájaros cantores. La clase es un seminario para los estudiantes que están haciendo investigación en educación y áreas afines en las universidades de Sydney, New South Wales, Macquarie y UTS y es sobre educación y lingüística. La profesora es Sue Hood, pareja de Jim Martin, una mujer muy simpática. Después del seminario, hubo una presentación de Peter White sobre análisis de medios de comunicación masiva utilizando el sistema de compromiso de la Appraisal theory. Los amigos de la lingüística se darán cuenta que estoy rodeada de estrellas!!

Después de clases, vino su tradicional chelita de día viernes, pero con profes incluidos. Fuimos a un bar cerca de nuestro depto y me tomé una chelita exquisita recomendada por Beatriz, que está hecha toda una experta de las variedades de cerveza de este país y sus alrededores. Ahí conversamos un rato con Sue, rallamos la papa con la educación y bla bla y luego pa la casa, a rematar con unos platitos de comida china y una buena cháchara. Conclusión: fue un buen primer día de clases.
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Las otras hierbas

La vida en Sydney continúa como siempre, es decir, todo bien. Lo único que ha cambiado durante estos meses es que cada vez recibimos menos dinero de la beca, por culpa del mercado mundial y la subida del dólar australiano frente al dólar americano. Pero seguimos teniendo una vida relajada, sin demasiadas preocupaciones económicas pero sin grandes lujos, como debe ser la vida de los estudiantes. A falta de dinero, estos días hemos disfrutado tardes en el parque tomando el sol, las películas y libros que podemos sacar de la biblioteca pública, algunas películas interesantes que dan en la televisión y paseos en bicicleta por los alrededores de nuestro suburbio. O sea, mal no lo hemos pasado.

Una interesante noticia es que hace unos días me escribió un profesor de Insearch, Narinder, preguntándome si le podía hacer algunas clases de español. Para ser honesta, nunca me pareció muy simpático este profe, no porque fuera pesado sino porque tenía ese discurso del profe pajero, "yo no les voy a dar conocimiento, el conocimiento lo vamos a construir entre todos". No tengo nada contra el constructivismo en la sala de clases pero él lo usaba como una mera excusa para no hacer nada. Pero bueno, la cosa es que me daba un poco de lata hacerle clases de español, pero entonces mi amado Funes se lanzó a la piscina y me dijo "y por qué no se las hago yo?". Así que mañana tiene su primera reunión con Narinas para evaluar su nivel de español y para acordar la parte interesante del trato, o sea, los piticlines. Mi Funes se transformará en un profesor nuevamente!

De esta manera, yo vuelvo a entrar al sistema educativo como una humilde estudiante y mi amado Funes retoma su carrera de profesor como un humilde profesor de lengua... qué más se puede pedir?