martes, 3 de mayo de 2011

Bienvenidos a Chile.

Estás en Chile! Estás en MI casa!
Marcelo Salas en un comercial de televisión, un tiempo antes de un partido con Brasil en el Estadio Nacional



Ayer llegamos a Chile. Entramos en territorio chileno a eso de la una y media de la tarde y estuvimos ahí una hora y media. Esa hora y media bastó para recordarnos todo lo empelotante que puede ser Chile. Y al menos para mí fue una visión un poco estremecedora, considerando que queda menos de un mes para que viajemos a Chile de a de veras.

Tuvimos que ir al consulado a tramitar los documentos de viaje para la Sabina, porque ella no tiene pasaporte de ningún país. Esta era como la tercera o cuarta vez que íbamos al consulado, la primera fue para justificarnos para las elecciones presidenciales y las otras habían sido para inscribir a la Sabi y preguntar por los papeles que necesitábamos para viajar. Cada vez que hemos estado ahí hemos salido con la misma sensación de "esto es como estar en Chile". Y créanme que no hemos dicho estas palabras con un tono de nostalgia. Cada vez que hemos ido nos hemos encontrado con la misma señora funcionaria pública, representante de la esencia más profunda de burocracia, despotismo, agresividad, clasismo, discriminación y manduqueo. Cada vez que hemos estado ahí hemos presenciado la forma pasiva-agresiva que tiene que tratar a los usuarios, entre ellos, nosotros. Hemos visto cómo hace diferencias entre chilenos hablantes de inglés y chilenos hablantes de español, chilenos con apellido bonito y chilenos con apellido común. En resumen, cada vez que hemos ido nos hemos tenido que aguantar toda esa mierda que habíamos olvidado, quizás porque acá no somos usuarios del sistema público (o porque acá las cosas funcionan de otra manera).

La cosa es que ayer yo iba literalmente como león, sin ninguna gana de tolerar nada. Y creo que partimos mal cuando antes de entrar al edificio el Jean me dice 'capaz que la vieja nos haga atado por la hora'. '¿Por qué?'. 'Porque es la una y media'. 'Bueno', le dije, 'la oficina atiende hasta las dos y estamos media hora antes de las dos, no tiene porqué hacernos atado'. Pero algo en mi almita me decía que no sería así. Y efectivamente, entramos a la oficina y la señora nos recibe con su amable '¿a qué venían ustedes?' y cuando le respondemos nos dice 'aahh, noo, pero vinieron muy tarde, voy a ver si los puedo atender'. Primer acto.

Nos sentamos mientras atendía a otra persona y en eso estábamos cuando llegó un hombre, casi corriendo, preguntando por la cónsul. Eran la una y treitaicinco. La cónsul le abre la puerta y le dice 'vienes tarde'. 'Cinco minutos', dice él. 'Sí, pero yo cierro a las dos'. Poco a poco sentía un calorcito poco amigable crecer en mi estómago. Nos tocó el turno a nosotros y nos vuelve a preguntar la señora cuál era el motivo de nuestra visita. 'No, pero vinieron muy tarde'. 'Bueno', le dije, 'vinimos hace dos meses y tú nos dijiste que viniéramos en esta fecha' (el tuteo había sido hasta ese momento la única forma de 'resistencia' contra la señora, jajaja). 'Bueno, veremos qué se puede hacer. ¿Qué me trajeron para hacer los papeles?' Nosotros le pasamos nuestros pasaportes y la copia de la inscripción de la Sabina, que era todo lo que teníamos. '¿Y las fotos?', pregunta la doña. '¿Qué fotos'? pregunté yo. 'A ver (con ese tono de vieja cu**á) para hacer el documento de viaje necesito fotos de la guagua, si no, no lo puedo hacer y ya son un cuarto para las dos'. Y ahí me bajó el indio.

'Bueno, vinimos hacer dos meses y no nos dijiste que teníamos que traer fotos', le repliqué, ya sin esconder mi furia. 'No, yo creo que les dije, pero bueeeno'. 'NO, no nos dijiste y no es primera vez que pasa esto'. Y ahí me lancé. Les digo altiro que no hubo golpes ni cat-fight, así que no se hagan ilusiones... y tampoco recuerdo muy bien qué le dije porque en un momento estuvimos hablando una encima de la otra. Sí recuerdo que le dije que esa oficina funcionaba con mucha desorganización y que eso causaba estos problemas. De solo acordarme de la situación siento que me vuelve a subir el indio!!! jajajaja. En fin, le eché la foca a la vieja, de manera, muy educada eso sí (si es que cabe foquear a alguien educadamente) y al final nos dijo 'bueno, ya, vayan a sacar las fotos y a pagar esto y yo les hago el papel, AUNQUE ME QUEDE SIN ALMUERZO'. Perdón, pero ME IMPORTA UN COCO QUE SE QUEDE SIN ALMUERZO, esta es su pega! (eso no se lo dije, pero lo pensé, jojojo). Para rematar, la vieja se manda otra frase de antología (la primera había sido 'estos papeles se demoran mucho porque, ustedes saben, Chile queda muy lejos') cuando el Jean le pregunta si acaso no tiene una forma tipo para llenar, que haga la pega más fácil. Ella le responde 'nooo puees, si este es territorio chileno, aquí estamos en Chile'.

Salí de esa oficina empelotada total, furiosa, por varios motivos. Primero, porque ya estaba harta de que la vieja nos tratara cada vez como las pelotas. Segundo, porque tuve que salir a darme vueltas para conseguir una foto que podría haber sacado con calma días antes de haber sabido que necesitaba una. Tercero, y sobre todo, porque no podía creer que nos dijera 'esto es Chile'. ¿Cómo? ¿Cómo? ¿O sea que porque 'esto es Chile' uno tiene que agachar el moño y aguantar a cuanta vieja de mierda se te cruce en el camino porque necesitas que la doña te haga un papel o te dé una cita o te diga qué tienes que hacer para tal o cual cosa? ¿O se que porque 'esto es Chile' hay que aguantar que a los Errázuriz y Larraínes los trate con el pétalo de una flor y a uno, humilde pero orgulloso Vidal Lizama lo mire de arriba a abajo? ¿O sea que estar en 'Chile' a ella le da derecho a jugar con su pequeño poder de funcionaria pública y tener a la gente en la cuerda con esas miraditas de 'mmmm, nooo, esto no se puede hacer' o 'nooo, este papel no te sirve'? ¿Por qué eso tiene que ser Chile?

A la salida tuvimos una acalorada discusión con Jean, que me decía que aunque estaba totalmente de acuerdo conmigo en que la vieja era una vieja de mierda, tenía que ser más estratégica y en el fondo decirle a todo que sí, total no me interesa ser amiga de la señora ni invitarla a tomar once, solo quiero que me haga un papel. Pero ese es el punto: yo ya no quiero aguantar. No creo que tenga que aguantar. Creo que merezco respeto, y ella también se lo merece. Creo que tengo que empezar a señalar las cosas que no me parece bien porque esa es la única manera de empezar a cambiarlas. Y ahora más que nunca creo en esto porque he visto que efectivamente la cosas pueden ser diferentes. He visto que te pueden tratar bien en una oficina pública, o en el banco, o en la micro, o donde sea. No quiero decir que Australia sea el paraíso y que todo el mundo se ame y que todos se traten bien, porque no es así. Hay de todo, como en todas partes. Pero lo que predomina es el trato amable, considerado, la productividad y la responsabilidad en el trabajo. ¿Por qué en Chile no puede ser lo mismo? Lo que más me empelotaba era pensar que esta señora ha vivido en Australia muchos años de su vida y SABE que las cosas no tienen que ser 'como en Chile'.

En fin, después de la foca, cuando volvimos a la oficina con las fotos, a las dos y cuarto, ella era una seda. Nos hizo los papeles, nos dijo lo que teníamos que hacer para el siguiente documento, le hizo gracia a la Sabina y quedó en tener las cosas listas el viernes. Pero ¿por qué tenía que esperar a que la foqueara para ser agradable? Lo importante es que tendremos nuestros papeles y en unas semanas más estaremos entrando al Chile real... espero que esa entrada sea más agradable que la pequeña muestra que tenemos en esta isla!