viernes, 26 de marzo de 2010

Yoga para embarazadas

Hoy fui a mi primera clase de yoga, como parte del proceso de preparación que hemos comenzado para nuestro parto natural. Así es, parto natural. Bueno, no al extremo de natural, porque no será en medio de la pradera ni mucho menos, pero sí será sin anestesia y con el trabajo en conjunto de la parturienta, su señor marido y una matrona que asistirá el proceso. Obviamente, una decisión así implica prepararse con antelación para poder enfrentar el momento de la mejor manera posible, así que como parte de esa preparación hoy comencé mis clases de yoga para embarazadas, o pre-natal yoga como le llaman acá.

La escuela de yoga está a una cuadra de nuestra actual ubicación, así que ni siquiera debo luchar con la paja de subirme a una micro o caminar largas distancias. En la semana hay dos clases de yoga para embarazadas, una el miércoles y la otra el sábado. Partí este sábado a las 10:30 y la próxima semana voy el miércoles porque el sábado es feriado (por semana santa). Para ser la primera clase, creo que no estuvo tan mal. La gente es muy agradable (en general la gente que hace yoga tiene una como calma y buena onda muy hippie) y las clases son baratitas. Cuando llegué me hicieron llenar un papel y firmar un documento que decía que en caso de cualquier lesión no culparía a la escuela (qué motivante...) y pagué mis respectivos 12 dólares, con lo que me gané un pase para una clase gratis. Luego del papeleo me dispuse a entrar a la salita para conectarme con mi ser interior y con la energía del mundo...

En el grupo hay unas 10 mujeres, todas en distintas semanas de gestación. Una de ellas estaba en la semana 39, a puuuuunto de explotar!!! Es interesante poder relacionar tamaño de guata con semanas de embarazo porque así me apronto para lo que se viene y además puedo jugar a adivinar las semanas de embarazo de la tropa de mujeres preñadas que pululan por este lado de la ciudad (hay un baby-boom en el Inner West de New South Wales, nos dijo la matrona). Afortunadamente, no soy la única nueva porque hoy llegó otra niña que apenas se ve un poco hinchadita.

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Viernes, 8 de abril

Los ejercicios eran bastante fáciles y hasta dudé un poco de la utilidad de levantarme temprano un día sábado a hacer elongaciones... pero ahora que han pasado varios días desde la primera clase siento la necesidad imperiosa de cantar el mantra ooooommm y de estirarme un poco. Hace un par de días me enteré que hay otra clase de yoga para embarazadas los días lunes en el hospital donde tendré a la Sabina, así que estoy pensando ir también ahí. Mientras más practique, mejor! La espalda ya me está empezando a doler un poco y quedé lesionada el día lunes por irme a zandunguear con mi marido a un concierto de Gipsy Kings... así que nada, este sábado ahí estaré de nuevo, sintiendo fluir la energía del mundo y conectándome con las fuerzas de la tierra (o algo así)...

domingo, 14 de marzo de 2010

Segunda ecografía

Así es... pasan y pasan las semanas y ya vamos en la 21, o sea, la mitad del trayecto. Hasta el momento, todo ha marchado sobre ruedas: mi ánimo está excelente, mi apetito se mantiene voraz pero controlable (por lo que no he entrado a la fase 'morsita'), mi cabeza está en su sitio, las hormonas no me molestan ni me hacen llorar con los comerciales de pañales y comida para bebé (aunque sí miro muucho más a las guaguitas en la calle), los pies no se hinchan, la cabeza no duele... lo único que ha cambiado un poco es que la energía a veces se me agota más pronto de lo que debiera y la espalda me está empezando a doler levemente. Pero nada que no se arregle con una buena siestecita de vez en cuando y unos estiramientos de pilates (aprendidos en un curso en dvd, jejeje)

Lo de la energía probablemente se deba a que estoy haciendo muchas cosas este semestre, entre ellas, mis clases de español (tomé otro nivel, así que ahora hago clases martes, jueves y viernes, y el martes de las 3 a las 8 con un bloque de una hora entre las 5 y las 6), las clases de Análisis del discurso y de Gramática Funcional a las que asisto como una ñoña-alumna (lunes y miércoles) y las reuniones de un grupo de Linguistica educacional los jueves. Cada dos semanas, además, las reuniones de tesis con mi querida profe Sue, que es un amor. Lo bueno es que me he acostumbrado ya a la rutina de levantarme temprano para aprovechar el día, así que no me puedo quejar. Lo único que me falta para completar mi felicidad es inflarle la rueda a mi bici e intentar irme pedaleando a la universidad (aunque no sé si mi nuevo centro de gravedad corporal me lo permita). Por su parte, mi amado Funes sigue viento en popa (nunca mejor dicho) en su empresa naviera y ya está tomando las riendas de varios asuntos de la pega (intentaré presionarlo para que escriba algo sobre su experiencia laboral, que es muy interesante por lo demás).

Y bueno, entre todas estas cosas mundanas, el viernes pasado nos tocó la segunda ecografía oficial. Esta vez, supuestamente debía ser en el hospital, pero como la matrona me vio muy encima de la fecha ya no quedaban cupos ahí, así que tuve que ir a hacerla a otro lugar, un poco lejitos de casa. Lo bueno es que esta ecografía costaba la mitad (400 dólares v/s 160)... pero claro, por otro precio, era otro servicio. Llegué después de una hora de viaje, entre caminata y tren (obviamente que en esos momentos uno piensa 'por qué no tendré licencia de conducir para haber hecho este viaje en 20 minutos') y me senté a esperar, con mi vejiga lleeeena hasta el tope (condición sin equa non para la eco) a que llegara mi turno. La señorita (todavía no sé cómo se llama su profesión específica!) era muy amable y tenía un acento mucho más comprensible que las otras señoras que me habían visto anteriormente. Pero claro, entre la emoción de ver al engendro moviéndose en la pantalla y los deseos urgentes de hacer pipí, el inglés no me fluía para nada, así que me limité a sonreír cada vez que ella me hacía algún comentario.

La primera diferencia en el precio: la pantalla en la que yo podía ver al individuo moviéndose era una pantalla plana de 21 pulgadas; la primera vez, en el primer centro donde nos hicimos la ecografía, era una mega-ultra-plus pantalla de como 80 pulgadas (existirá eso?). Así que la cosa se veía bien chiquitita y además la resolución no era muy buena. Menos mal que ya a las 20 semanas de embarazo en engendro ya parece más ser humano y se pueden distinguir más claramente sus partes...

Y de nuevo, igual que la primera vez, el individuo este no quería darse la vuelta para que le midieran la cabeza. Se movió, estiró las piernecitas, tragó líquido, movió los brazos, hizo un gesto como diciendo 'ay, no me molesten más, por favor', nos dio la espalda, nos mostró el perfil, pero no quiso nunca ponerse en una posición favorable para la medición de la circunferencia craneana. 'A quién habrá salido tan tozudo/a?', me preguntaba yo en ese momento. En fin, me mandaron de nuevo, como la primera vez, a dar una vuelta a la calle a ver si el bebé se dignaba en moverse y nada de nada. Lo importante es que al final la evaluación fue muy buena, está todo bien, todas las partes completas, el corazón funcionando, la placenta en su lugar, etc etc etc.

Y la gran noticia de esta ecografía... (aunque ya yo creo que lo saben): era el momento de preguntar el sexo del engendro. Todas estas semanas me lo había imaginado siempre como un niño, no sé por qué. En realidad, no tenía ninguna preferencia por ningún sexo en particular, pero me imaginaba un niño. Incluso mi amado Funes le hablaba y le decía 'Tomasito', así que ya nos habíamos acostumbrado a pensar en un niño. Le pregunté a la señorita si podía decirme el sexo del feto y me dijo 'bueno, yo puedo darte mi opinión, a veces no se ve muy claro, pero tratemos'. Y así fue. En un momento, como de la nada, me dice 'oh, sí, aquí está... mmm, no veo signos de escroto ni nada, por lo tanto es una niña'. !!!!!!!. No sé qué cara puse porque me dijo 'te ves sorprendida, ¿no querías una niña?'. Y con mi inglés champurreado le dije que no era eso, que era que me lo había imaginado niño y no niña, pero que estaba contenta y bla bla bla.

Al rato después me dejó un rato sola en el cuarto para que caminara unos pasos y fuera al baño y ahí me bajó toda la emoción... una niña... una niña... igual que en el momento antes de morir (típico de las películas) pasó ante mis ojos toda mi vida en un segundo, todos los momentos de mi vida que me marcaron como niña y como mujer: los juegos con las tacitas, las trenzas en el pelo, las barbies, el jumper en el colegio, el no poder jugar con los niños a la pelota, los cambios de la adolescencia (que no detallaré por pudor), el primer niño que me gustó (en segundo básico), el liceo de niñas, la universidad, el trabajo, los viajes... tantas cosas que he hecho y tantas por las que he pasado como mujer y pensar que ella iba a pasar por lo mismo... sentí una mezcla de alegría y de temor, porque pensé que quizás hubiera sido más fácil para ella si hubiera sido él. Pero después pensé que en realidad era una soberana idiotez, porque yo soy ella y no él y lo más bien que he hecho mi vida como lo he querido. Y mi hija, nuestra hija, va a tener la misma energía y la misma fuerza para hacer todo lo que ella quiera. Partiendo por jugar a la pelota!

Así que eso, ahora hemos recomenzado nuestra relación con nuestro engendro ahora con un rostro y un futuro femenino. Su padre, chochísimo (no puedo dejar de pensar en la canción de Lucho Barrios 'yo creo que a todos los hooooombreeees...'), no deja de decir que va a llevar a su hija a todos lados, que va a jugar con ella a la pelota, que va a enseñarle a andar en bicicleta, a hablar, a caminar, a todo. Yo por ahora pienso en mi mamá y en mi papá y en cómo ellos han hecho de mi lo que soy. Y espero poder darle a nuestra hija todo el amor y toda la confianza que mis padres me han dado. Porque aunque nadie es perfecto, pucha que hicieron un buen trabajo!!

Así que damos la bienvenida oficial a la línea de mujeres de la familia a Sabina Funes Vidal.

pd: por favor, el nombre no tiene nada que ver con mi gusto por el cantante español, lo juro!!