martes, 12 de enero de 2010

Año nuevo, vida nueva

Ya sé que esto ya es cosa del año pasado, pero no habíamos contado nada de nuestra celebración de año nuevo. Así que ahora va un pequeño recuento de cómo despedimos el 2009 y qué cosas nos esperan el 2010...

Sydney debe ser una de las ciudades del mundo más visitadas durante la celebración de año nuevo. De hecho, unos días antes del 31 de diciembre tuve que ir al centro de la ciudad a hacer algunos trámites y me sorprendió ver tanta gente en las calles, mejor dicho, tantos TURISTAS en las calles. Cómo se distinguen? Pues fácil, andan con sus mochilas en la espalda y sus cámaras ultramodernas colgando del cuello. Raro suena decirlo, pero creo que por primera vez me sentí no-turista, parte cotidiana de la ciudad (a pesar de que ahora vivimos muy lejos). Sentí un poco de ternura y risa al ver a una pareja de franceses medio perdidos que buscaban su destino parados en una de las esquinas más concurridas del centro, mirando un mapa mientras hordas de seres humanos pasaban a su lado. En fin, Sydney en fin de año es, como se dice, un hervidero de gente.

Sin embargo, nosotros estuvimos ajenos a todo ese trajín, porque en los suburbios la vida sigue impasible como siempre. Y como no queríamos pasar el año nuevo en la impasibilidad de todos los días, hicimos planes con nuestra amiga Bea para ir a ver los fuegos artificiales de Sydney Harbour, que son los que muestran TODOS los años en la tele chilena a las 10 de la mañana. La idea era agarrar un lugarcito temprano en un parque aledaño y hacer un picnic chic-estilo-María-Gracia-Subercaseaux, con nuestro vino espumante helado (acá no venden champagne), unos quesitos y las uvas para las 12 de la noche.

Pero, suerte perruna, el 30 empezaron a amenazar con lluvia para el 31. La Bea andaba en las Blue Montains y nosotros no sabíamos muy bien si prepararnos para una tarde mojada en el parque o si comprar cositas para una cena sin agua en casa de la Bea. Finalmente, viendo que el pronóstico no cambiaba, decidimos comprar cositas para cocinar una cena de año nuevo. Y así partimos en el auto por la carretera a la ciudad, escuchando en la radio que todo el perímetro del Sydney Harbour estaba cerrado y que los conductores que estuvieran pensando ir a ver los fuegos tenían que dejar sus autos estacionados a prudente distancia... 'ajá', pensamos, 'la lluvia no intimida a estos sujetos'. En realidad, no era nada intimidante, pero creo que nosotros seguimos en nuestra cabeza con la idea de la lluvia santiaguina, tóxica y que deja después un frío terrible difícil de obviar.

Llegamos donde la Bea y comenzamos a copuchar, a abrir unas cervecitas, a picar unas cositas y a decidir qué haríamos. Y lo que decidimos fue caminar después de la cena al Anzac Bridge, un puente cerca de la casa desde donde podríamos ver los fuegos artificiales. Y eso hicimos, comimos cositas ricas, brindamos, conversamos, nos reímos y a las 11:15 nos paramos de la mesa para enfilar a nuestro destino, dejando a Kerryn, la compañera de casa de Bea, sentada en la mesa lista para ir a dormir...

El paseo fue muy agradable, el barrio donde vive la Bea es precioso, claro que con la oscuridad no se veía mucho (acá las calles tienen el mínimo de iluminación posible). Luego de un rato de bajar las colinitas vimos el puente a lo lejos. No se veía nadie... pero cuando llegamos la cosa era diferente: estaba lleno de gente con sus copitas, algunos con gorritos de celebración, todos esperando el fin de año. El Harbour Bridge, el puente clásico de Sydney, que está frente al Opera House y desde donde lanzan los fuegos, se veía clarísimo. Las nubes seguían ahí, amenazantes, pero sin ladrar. Era difícil saber cuánto tiempo quedaba para las doce... y de pronto, puf, bum, crash, scuach y todos los sonidos de explosivos que se puedan imaginar... feliz año nuevo!!!

Tuve ganas de gritar pero el resto de la gente se quedó como lela mirando los fuegos, sin abrazarse, sin saludarse, sin decir nada. Mi amado Funes, Bea y yo nos miramos como perdidos... qué onda??? y los abrazos??? Hasta dudamos un poco en abrazarnos entre nosotros. En fin, a la mierda la frialdad anglosajona, nos abrazamos, nos deseamos todos los parabienes correspondientes y nos pusimos a comer 12 uvas, una por cada mes del año que venía. Mientras, en el cielo brillaban los colores de los fuegos artificiales. Para ser honesta, y no es de amargada ni inconforme, tampoco son taaan espectaculares. Son fuegos artificiales como cualquiera del mundo. Más me llamó la atención las bandadas de pájaros que salieron volando y arrancando del ruido de explosiones y la cantidad de humo que salió y que llegó a tapar la visión de los fuegos artificiales.

Quince minutos después se acabó todo y algunos se empezaron a abrazar... pero todos, todos, todos, empezaron a caminar para irse a sus casas. En 10 minutos el puente estaba vacío, salvo nosotros tres y una familia de peruanos que seguía conversando. Nos sentamos en la orilla a copuchar, a pelar la fomedad de los australianos, a acordarnos de compañeros de colegio... cuando el viento que se puso a correr nos enfrió la espalda nos paramos y emprendimos el camino de vuelta a la casa. Muchos autos venían del centro la ciudad y otros iban a comenzar la fiesta. Nosotros llegamos a la casa y nos fuimos a dormir, extrañando nuestras celebraciones en el terruño lejano y a nuestras correspondientes tribus.

(no hay fotos de esta noche porque llevé la cámara pero se me quedó la memoria... cuek!)
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Y como dicen, año nuevo, vida nueva, el 2010 partió con varias noticias interesantes. Primero, finalmente logré zafarme de mi profesor supervisor, un inglés indolente y poco pillo. Ahora seré supervisada por Sue Hood, una mujer sequísima y muy buena onda, que da la casualidad es pareja de Jim Martin (un gurú de la lingüística). Mi ex-profe sigue como co-supervisor, de puro porfiado que es, pero ya podré librarme definitivamente de él...

Segundo, gracias a una recomendación de la Bea, conseguí un trabajo como profesora de español en un programa de Estudios Internacionales de la UTS, mi actual alma mater. Esta será una excelente oportunidad para agarrar más experiencia como profe y para ahorrar unos petrodólares, que no le hacen mal a nadie. Por mientras, mi amado Funes no se rinde y sigue buscando un trabajo estable, a pesar de que el viejito judío con el que trabaja los fines de semana parece estar cada días más encantado con él.

Y último, pero no por eso menos importante, nuestro más grande proyecto hasta ahora, nuestro proyecto Bicentenario: un engendro de 3 meses de vida cuyo corazoncito late y late sin parar dentro mío... qué más podemos pedir?

3 comentarios:

  1. Increible, cuando uno ve esos fuegos artificiales cree que son la patÁ... Quizás desde el puente mismo debe ser más impresionante, deberían hacer el intento...
    Yo creo que no se abrazan mucho porque están todos pendientes del espectáculo y eso igual es lógico, pero me parece raro que la gente no se quede tirando la talla por ahí o que no haya su bailoteo loco...

    En cuanto a tu año 2010, te felicito mucho por todos los proyectos que tienes andando, en especial por el Crecencio del Bicentenario!

    Muchos saludos a Jean y mucho ánimo para el año que se viene...

    Los quiero mil,
    Nanji

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  2. Amados mios (incluido el)

    Que bien que te hayas acordado de escribir. Feliz de saber que el Año Nuevo que pasaron fue bello. En todo caso mas feliz aun por mi wincanguritA o mi chapicanguritO que desde siempre ha sido esperado con amor por todos

    Mi win felicota

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  3. QUE BACAN jajaja sorry no se me ocurre nada más políticamente correcto jajaa, pero un buen parabien shileno no más. Que lindoooo, la cagó, mucha felicidad a la nueva family beatiful!! mucha suerte en su nueva vida y harta fuerza no más.
    Cariños!!!!

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