domingo, 27 de diciembre de 2009

Navidad en la isla

Antes que todo, espero que hayan pasado todos una excelente navidad y que la celebración de año nuevo se venga con todo, señores... a gozar, a gozarrrrrrrrrr!!

Esta semana celebramos navidad. Nuestra primera navidad como marido y marida. Nuestra primera navidad lejos de nuestras familias (aunque mi amado Funes ya había pasado algunas solo en Santiago mientras su familia estaba en Arica). Nuestra primera navidad fuera de Chile (sin contar la navidad que Funes pasó en Lleida, España). Nuestra primera navidad en inglés (eso sí no tiene excepción). Y aunque ciertamente extrañamos un poco más a los nuestros estos días, no podemos quejarnos porque hemos pasado una fiesta maravillosa con otros que, como nosotros, andan medio botaditos por estos lados del planeta...

Nuestros planes navideños comenzaron un tiempo atrás, cuando nos dimos cuenta de que estaríamos en Fairfield, lejos de la ciudad y de nuestros amigos, medio aislados y solo con un par de perritos que hablan inglés. Así que con el permiso del dueño de casa (que nos dijo con mucho entusiasmo y amabilidad que invitáramos a nuestros amigos para no aburrirnos) empezamos a programar una reunión navideña. Los invitados titulares eran la Bea con su housemate Kerryn (ella es australiana pero su familia vive en Melbourne) y la Isa y el Renzo. Luego se sumaron Erisana (representante del Brasil), compañera de Bea del doctorado y compañera mía en el curso de Educational Linguistics y Dimitri, novio de Erisana (representante helénico, o sea, de Grecia). Con tal selecto grupo jugamos el emocionante juego del amigo secreto, que acá tiene otro nombre que ahora no me acuerdo (algo de Santa, parece), usando un sofisticado programa computacional cortesía de nuestro amigo astrónomo y novio del año Roberto Muñoz. Una semana antes mandamos un mail a los invitados con todas las indicaciones adecuadas y nos aprontamos para celebrar la fiesta.

El día 23 de diciembre fue agotador, porque la pasamos entre el supermercado para comprar las últimas cosas que nos faltaban (incluído el árbol de pascua que armamos a eso de las 11 de la noche) y ordenar la casa y dejarla apta para recibir a los amigos. Esta es una casa grande y había camas para todos, pero obviamente las camas había que hacerlas y pasar su pañito loco por aquí y por allá... nos levantamos muy temprano ese día y nos acostamos tarde, pero con todo listo para recibir invitados. Esta era primera vez que yo era la anfitriona oficial de un evento masivo en el hogar y quería que todo estuviera perfecto, así que me preocupé de todos los detalles que se me ocurrieron dentro de la casa, mientras mi amado Funes se preocupaba del outdoor (entiéndase limpiar la piscina, cortar y regar el pasto, sacar maleza, etc, tareas no menos agotadoras)

El jueves 24 de nuevo nos levantamos temprano y mientras Funes salía a hacer unos trámites yo me quedé en casa bañando a los perritos para que estuvieran relucientes y olorositos, como corresponde en esta fecha. Cuando llegó mi consorte se puso a preparar un cola de mono aromático y motivante, con la guía de su madre que por Skype y con el altavoz puesto le decía cuánto de agua, cuánto de azúcar y cuánto de especias había que ponerle al menjunje.

A las tres de la tarde fuimos a la estación a buscar a la Isa y al Renzo, que llegaron con unos ajíes gigantes para rellenar con camarones y con sus regalos de amigo secreto bajo el brazo. A las cinco de nuevo a la estación a buscar a la Bea y a la Kerryn, que venía con una maletita de la que sacó las cosas más ricas: un pavo que cocinó en nuestro horno y que estaba muy muy rico, un Christmas pudding, que es una especie de pan de pascua australiano y botellas de vino y cerveza. Llegando a la casa se lanzaron a la piscina cual sirenas en playa tropical, lo que le dio un toque muy cosmopolita a la celebración. Nosotros nos abstuvimos porque teníamos que ir a buscar a la última pareja a la estación y yo si me meto a la piscina luego no me salgo nunca (es un problema que tengo desde niña). A las siete último viaje a la estación para recoger a Erisana y Dimitri, que traían también cada uno su valioso aporte al comistrajo general.

Antes de cenar nos sentamos a picotear unas cosillas por aquí y por allá, a disfrutar del cola de mono y de la conversación. A eso de las 10 nos sentamos a la mesa y probamos las exquisiteces que cada uno había aportado a la cena (mi amado Funes hizo su especialidad de chanchito al horno con manzana, que es receta también de mi suegris). Conversamos, nos reímos, y aunque había pequeños inconvenientes idiomáticos (Kerryn está recién aprendiendo español, Renzo habla muy poco inglés y Dimitri habla inglés como un chileno hablando español, o sea, rapidísimo y a veces ininteligiblemente) todos lo pasamos muy bien. Fue como estar celebrando con una nueva familia, que a pesar de no conocerse mucho aprecia el poder estar con el otro, especialmente en una fecha como esta. Todos ahí estábamos lejos de casa, pero nos acompañamos y nos dimos alegría en una celebración que de otra manera hubiera sido seguramente muy triste o muy nostálgica.

A las doce de la noche y luego de probar el exquisito Christmas pudding hicimos la entrega de regalos. Yo me llevé un pareo muy bonito, que me hacía falta para la piscina, y una agenda en la que espero ir ordenando un poco mi vida desde el próximo año para dejar de olvidarme de cosas importantes. A mi amado Funes le llegó un set de after shave con desodorante y etc., que fue interpretado como una especie de indirecta... en fin, todos quedamos muy contentos. Los más somnolientos se fueron a dormir y al final, luego de una amena conversación, la Bea me ayudó a lavar los platos y dejar todo ordenado (muchas gracias, Bea!!!)

En suma, esta primera navidad lejos de Chile ha sido muchísimo mejor de lo que esperábamos. No puedo negar que en un momento de la cena miré a mis invitados y pensé en mis hermanos, en mis padres, en mis primos, en mis tíos, en la mamy, en mis perros y en la Wim y los extrañé muchísimo. Me imagino que a Jean le pasó lo mismo. Pero por otro lado, debemos agradecer que hemos tenido la suerte de estar acá con personas extraordinarias, que nos han brindado mucho cariño y que nos han hecho sentir parte de una nueva familia, como dijo la Bea durante la cena. En realidad, somos una nueva familia. Algo rara, pero familia al fin y al cabo. Los que están lejos están firme en nuestro corazón, siempre latiendo, y los que están cerca nos ayudan a seguir andando...

Así que esperamos que el año que viene se venga más demente, más movido, más extremo que este, pero que siga enredándonos con personas tan hermosas como las que nos acompañan hoy día... y estamos seguros de que así será!



PS: saludos especiales a nuestra hija Ivania-Patty que se nos fue a vagar por el mundo.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Gosford


(Jueves, 17 de diciembre)
Les escribo desde el calor agobiante de los suburbios. Desde las 10 de la mañana que tenemos el aire acondicionado prendido (lo siento terriblemente por el medio ambiente, pero no queda otra) y probablemente esté así hasta la hora de ir a dormir. Afuera corre un viento caliente y arriba quemando el sol...

Este calorcito empezó ayer, después de un par de agradables días de nubes, pero ayer nos salvamos porque nos fuimos de paseo a Gosford, una ciudad costera a unas dos horas al norte de Sydney. La medida del tiempo aquí no dice nada porque en realidad el camino por carretera carretera es relativamente corto; lo más largo es llegar de un extremo de Sydney a otro :S. El motivo del paseo: Alex, hijo de mi primo Andrés, debía ir por el día a trabajar a Gosford y nos preguntó si queríamos ir con él. Además, Alex viaja en el auto de su papá, así que obligados no más a salir de la casa y disfrutar un día de paseo.

Nos levantamos a las 6 de a mañana y el cielo estaba medio amenazante, así que yo me vestí con jeans y una polera con manguitas, pensando en que podría hacer frío... mal pensamiento. A las 10:30 ya hacía un calor terrible, pero ya estábamos muy lejos de casa como para arreglar mi tenida. Salimos de aquí como a las 6 y media y la primera aventura fue llegar a la casa del Alex. El camino era por la carretera M5 (que ya conocíamos), luego tomar la salida de King George y llegar en 5 minutos a destino.

Primer drama: a esa hora de la mañana la carretera en vez de ser realmente carretera es como la Alameda a las 7 de la mañana: colas de autos. La carretera tiene un carril especial para los ciclistas y vimos pasar un par a nuestro lado que se perdieron en la velocidad de sus cletas. Los letreros de los costados decían "110 km" y nosotros pensábamos que esa debía ser una pésima broma para todas las personas que vivían en los suburbios y que debían tomar ese camino todas las mañanas para ir a sus trabajos. La M5 conecta los Western Suburbs con los del sur y además con la ciudad, así que es una de las vías más utilizadas entre las 6 y las 8 de la mañana. De más está decir que me vino a la mente el glorioso cuento de Cortázar, "La autopista del sur".

El conductor del vehículo (o sea, mi amado Funes) se empezó a poner un poco nervioso porque estábamos atrasándonos en el taco y porque el Alex debía llegar a cierta hora a su trabajo. Cuando por fin llegamos a nuestra salida de la carretera, otro embrollo: no podíamos encontrar la calle. Nos dimos varias vueltas y nada. Llamé por teléfono al Alex y le pedí instrucciones, pero se confundió porque pensó que estábamos en un lugar diferente de dónde estábamos. Nos dimos vueltas y más vueltas y de pronto, en medio de esas vueltas, aparecimos de nuevo dentro de la carretera... OH, NO!!, pensé, "estamos atrapados!". Porque efectivamente, estábamos condenados a viajar a 100 km/h (ya no había taco) con destino desconocido, alejándonos cada vez más de nuestra meta y perdiendo minutos preciosos... en fin, no había cómo arreglar el entuerto, solo seguir y echarle pa'elante. Cuando por fin agarramos la siguiente salida nos pasamos el peaje y volvimos a entrar, comiéndonos otro peaje... así de chorizos no más!

Vuelta a la carretera y vuelta a salir por el lugar correcto, pero está vez con mejores indicaciones del Alex, así que en este intento nos demoramos los exactos 5 minutos que debían ser entre la carretera y el destino. Ahí cambiamos de chofer, Alex al volante y mi Funes de copiloto, lo que le permitió admirar el paisaje igual que yo, sentada en el asiento trasero. El primer tramo fue salir de Sydney, lo que toma bastante tiempo (una hora, quizás). Pasamos por diferentes puntos de la ciudad que solo habíamos visto desde el tren algunas veces, pero nada muy digno de mencionar.

Lo interesante empezó cuando tomamos la carretera a Gosford. Ahí el paisaje cambia y se llena de cerros con bosques gigantescos. Pasamos al menos dos ríos y algunos pequeños lagos o pantanos. La carretera pasaba entre murallas de piedra altas y llenas de vegetación. De pronto se escuchaba el ruido de miles de grillos u otro animal parecido, con un zumbido del infierno que no paraba nunca. El cielo azulísimo, el viento en la cara, los bosques y el agua... qué más se puede pedir!
Ya en Gosford nos dedicamos a visitar las dos playas principales de la zona, Avoca y Terrigal, en donde disfrutamos del sol y del agua marina. Avoca es lugar bastante familiar, con muchos surfistas y pocos turistas extranjeros. Tomamos sol, nos pegamos un chapuzón y disfrutamos del aire marino. Después fuimos a almorzar a Terrigal, una playa mucho más top, más turística. Caminamos por toda la playa, lo que nos tomó como una hora y media y al regreso mi amado Funes se volvió a zambullir, mientras yo descansaba a la sombra de un arbolito viendo a los escolares disfrutar del paseo de último día de clases por estos lados.

A las cinco volvimos a buscar a Alex y ahí vuelta a Sydney. Yo me dormí casi todo el camino de vuelta y llegamos a la casa cuando ya casi se ponía el sol. Los perritos nos estaban esperando muertos de calor y de hambre, felices de vernos regresar. Tempranito a dormir y a tomar muucha agua porque el sol nos dejó al borde de la insolación... lo bueno es que por fin vamos agarrando el color del verano!

martes, 8 de diciembre de 2009

Suburban life

Hola a todos nuevamente. Lamentamos el prolongado silencio en que nos hemos mantenido, pero este último mes ha sido algo terremoteado, en el buen sentido, claro. Retomamos ahora nuestras comunicaciones con un resumen estilo teleserie de lo que han sido estas últimas semanas.

Universidad: relajo aún. Mi profe guía se fue en noviembre a ver a su familia a Inglaterra (con su señora argentina y sus dos hijas) y debería estar de vuelta por estas fechas, si mal no recuerdo. De todas manera, aunque estuviera acá, es tan poco lo que me presiona que no haría mucha diferencia... Terminé el seminario de Educational Linguistics a fines de octubre con un aprendizaje muy interesante, pero con muy poco feedback de parte de la profe, Sue. La idea era que el profe guía de uno evaluara, pero, de nuevo, mi profe no estuvo ni ahí... en fin, lo importante es que aprendí cosas nuevas e interesantes.

El proyecto de tesis va lento pero ahora sí que seguro. Ya he definido por dónde irá la cosa y ahora solo me falta encontrar las herramientas para hacer lo que quiero hacer. Eso me tiene muy contenta, pero la flojera se está apoderando de mí!!!! Pero calma, que tengo hasta mayo del 2010 para entregar el proyecto (ya me veo, como siempre, haciendo todo a última hora... jojojo)

Vida laboral: mi amado Funes se ha puesto a buscar trabajo con el ímpetu de una manada de caballos salvajes. Ha ido a un par de entrevistas ya, lo que es muy bueno porque hay que ir agarrando experiencia en el asunto. Ya les contará él mismo cómo ha ido eso.

Vida doméstica: el cambio más grande de este mes ha sido el cambio de domicilio. Hemos dejado nuestro pequeño hogar en Redfern, a dos pasos de la ciudad, para venirnos a vivir por dos meses a la casa de los primos chilenos en Bossley Park, a una hora de la ciudad (y por lo tanto de la universidad y de los amigos). Este cambio ha sido una experiencia nueva en muchos sentidos para nosotros. Primero, nos hemos cambiado por primera vez de casa! Puede parecer algo irrelevante pero en realidad no lo es: ya nos habíamos acostumbrado a nuestro pequeño estudio, al ruido de la calle, a los negocios del barrio, al parque donde salíamos a correr, en fin, ya habíamos comenzado a sentirnos en nuestro hogar cuando se nos vino este cambio, que aunque estaba proyectado hace tiempo no por eso es más fácil acomodarse...

El proceso de empacar todos nuestros bártulos duró un par de días y la mudanza unas cuatro horas, con la inestimable ayuda de nuestros amigos Isa y Renzo. Las cosas del hogar (léase lavadora, refri, cama, mesa y sillas) se fueron a la casa de la Bea, que nos recibirá en un par de meses cuando salgamos de Bossley Park. La pieza de la Bea quedó llena de electrodomésticos porque el sótano de su casa era muy pequeño para guardar nuestros cachivaches. Muchas gracias, Bea!!!

La casa de los primos chilenos es como unas 8 veces nuestro pequeño studio, sin contar el patio, el garage y la PISCINA CON CASCADA... es una casa muy bonita pero muy grande para los dos, así que todavía nos sentimos un poco perdidos. Además, es la casa de otra familia, lo que significa que tiene su orden particular, su organización, sus adornos, sus muebles, etc., que no son necesariamente los que nosotros tendríamos. Lo más problemático hasta ahora ha sido la cocina, porque nos cuesta encontrar las cosas y echamos de menos nuestras ollitas para dos personas, nuestras fuentecitas del tamaño perfecto para comer yogurt con fruta, nuestro tostador que tuesta cuatro pancitos de una sola vez. En esta casa viven 6 personas así que todo es de un tamaña diferente, hay miles de servicios, de vasos, ollas gigantes, sartenes gigantes, y nosotros nadamos en medio de este gran espacio. El otro día Funes cocinero quiso hacer arroz en una olla y como no conocemos bien la cocina ni tenemos nuestra parrilla/tostador (traída directamente de Chile) se le quemó todo todito... bueno, casi todo, al menos sirvió para hacer arroz chaufa (chaufán, como le decimos los santiaguinos) al día siguiente.

El barrio por acá también es muy diferente: hay solo casas. Casas y más casas a nuestro alrededor. A unos 15 minutos caminado hay un pequeño centro comercial con un supermercado. No se ve un alma en la calle. Tenemos que usar el auto porque el bus pasa una vez al año y se da una vuelta gigantesca. No hay ruido de autos pasando como en nuestro departamento y lo único que se escucha son los pajaritos cantando y uno que otro perro a lo lejos. Es como estar en el campo, pero con cable, señal de televisión chilena, electricidad, piscina, caminos pavimentados, semáforos... o sea, es una cosas muy rara. Para los que son asiduos a las series gringas, es como estar en el típico suburbio gringo de casas grandes sin rejas, antejardines de pasto verdísimo y autos en cada puerta que sale en series como Desperate Housewives. Olvídense del almacén de la esquina.

Como dueños de casa estamos a cargo también de dos perritos, la Baby y el Chico. Son un amor, andan siempre siguiéndonos, se acuestan a nuestros pies cuando estamos en la mesa, se echan con nosotros cuando vemos tele, es decir, son como dos niños chiquitos. El Chico es el más viejito, ahora tiene una alergia a la piel bastante fea así que tenemos que bañarlo con un shampoo especial una vez a la semana para que se mejora. La Baby anda un poco deprimida, obviamente echa de menos a su familia así que estamos haciéndole mucho cariño. Funes ya está pensando en llevarla con nosotros cuando nos vayamos de aquí...

Esta ha sido la síntesis de noticias del mediodía. Más informaciones pronto, no se lo pierdan!