miércoles, 29 de abril de 2009

Armando Bicis

Cosas raras pasan en todo el mundo y en esta isla pasan las cosas más raras del mundo. Como les contamos en posts anteriores, hace un par de semanas se celebró el Surry Hills Festival. Ahí, lo primero que hizo mi inteligente esposo fue acercarse a un stand de algo así como los Ciclistas Furiosos de Sydney, en donde lo ahogaron con un montón de trípticos informativos muy interesantes. Por esos días, el esposo de María (María: compañera de Funes en el curso de inglés, una española de Madrid muy pija y muy simpática; su esposo: Alejandro, español también pero de Sevilla, con un acento tan andalú' que da gusto escucharlo hablar) nos contó que se había conseguido una bicicleta gratis, muy cerca de nuestra casa. Ese día, en el stand, confirmamos la información: en un lugar muy cercano a nuestra casa, un grupo de lunáticos daba bicicletas a los que, cansados de andar de peatones e imposibilitados de comprar un auto (o ideológicamente negados a hacerlo), querían subirse en las dos ruedas.

Nosotros estábamos dentro de ese grupo de caminantes con los pies destrozados de tanto andar y andar por las calles de esta ciudad, así que nos decidimos a ir a buscar nuestra bicicleta gratis. El día lunes llamamos a nuestros amigos Isa y Renzo para contarles la gran novedad y animarlos a que nos acompañaran. Y nos fuimos los cuatro, caminando, caminando, con la ciudad ya oscura (porque acá cae la noche a las 6 de la tarde impajaritablemente) y sintiendo el viento helado de ese lunes otoñal. El lugar estaba a unos quince minutos de nuestra casa, en el suburbio de Waterloo, que según Funes me dijo tenía la peor fama de todos los suburbios. De hecho, el garage de los ciclistas quedaba en los bajos de unas torres gigantes, parecidas a las Torres San Borja en Santiago, que acá son edificios estatales en donde viven principalmente aborígenes... o sea, de nuevo el prejuicio racial actuando furiosamente.

Llegamos y lo que vimos nos sorprendió grandemente: un grupo de unas 25 personas, cada uno con su bicicleta y todos trabajando: cambiando cámaras, arreglando cadenas, alineando ruedas, aceitando cambios, ajustando frenos... todos ayudándose, preguntando, compartiendo herramientas y materiales. No recuerdo bien el nombre de la organización, pero se trata de un grupo de individuos que recogen y reciben bicicletas y partes de bicicletas y se ofrecen para arreglarlas pero, más que eso, para enseñar a otros a arreglarlas. Tienen un garage lleno de herramientas que han recolectado de donaciones de los mismos que han conseguido ahí una bicicleta. Ahí, si se tiene suerte, puedes conseguir tu bicicleta armada y lista para llevar, o si no, puedes ir armando parte por parte, con la guía de los que saben. Lo único que se pide a cambio es que el afortunado nuevo dueño siga participando en el grupo y ayudando a otros nuevos pollitos. Nada más: ni plata, ni materiales, ni nada. Solo participación.

Pues bien, llegamos y no habían bicicletas disponibles, pero sí partes. Funes le echó el ojo a una armazón y a un par de ruedas. El encargado de las partes le pasó todo lo que tenía y nos mandó a armar el puzzle. La Isa y el Renzo ya se estaban yendo, pensando en volver la semana siguiente para encontrar su bici ideal, pero se arremangaron las chaquetas y se pusieron a armar la bici, mientras Funes buscaba las herramientas necesarias. Ahí pusimos las dos ruedas y el manubrio, pero nos faltó arreglar la cadena, los frenos y los cambios, y ahora nos dimos cuenta que la cámara que usamos está pinchada.

Pero no importa. Lo que importa son otras cosas: primero, que encontramos un lugar donde la gente, con la pura buena onda, hace cosas útiles por los demás, sin esperar nada a cambio. Segundo, que nos dimos cuenta que es realmente posible hacer mucho con pocos recursos, siempre y cuando uno se organice y tenga las ganas de hacerlo. Tercero, que es todo un arte armar una bicicleta... de hecho, todavía no sé si me atrevería a subirme a la que armamos nosotros. Cuarto, que confirmamos que el 95% de la gente de esta ciudad son un amor de personas, amables, felices, motivados. Quinto, que tenemos muchas ganas de seguir participando con los Ciclistas Furiosos de Sydney.

Así que ahora tenemos en el balcón una bici a medio armar, con una rueda desinflada, sin cadena, con un manubrio de lo más piante y los frenos sueltos. Pero este lunes, otra vez, estaremos en el garage de las torres de Waterloo para seguir armando este puzzle en el que nos metimos.

domingo, 26 de abril de 2009

ANZAC Day

Ayer se conmemoró el ANZAC Day en todo el territorio australiano. ANZAC significa Australian and New Zealand Army Corps, lo cual en pocas palabras equivale a nuestro 19 de septiembre chilensis con todo lo que eso implica: homenajes, paradas militares y por supuesto, es día feriado. Lamentablemente para nuestras ganas de pasear, este año cayó dia sábado por lo que no hubo día extra feriado.

Cada 25 de abril Australia (y también Nueva Zelanda, Samoa, Tonga, Fiji y Timor Oriental) conmemora el día de la batalla de Gallípolli, acaecida durante la I Guerra Mundial, en 1915. Para más cháchara está wikipedia, pero sí diré que en opinión de varios australianos ese día marca el nacimiento de Australia como país o como identidad nacional. Es por esto que en cada plaza de barrio, por humilde que sea, existe un monumento a los vecinos caídos en combate en alguna de las guerras combatidas por estos fulanos.

Sabíamos que como todos los años, el Anzac Day comenzaba con una ofrenda al monumento a los caídos en el Hyde park, en plenos centro financiero de Sydney y que luego seguiría con un gran desfile por George Street, la avenida principal del centro de la ciudad. Sin embargo, tanto mi coblogera como yo no somos tan asiduos a los desfiles militares, por lo que supimos con alivio y curiosidad que en nuestro mismísimo Redfern se haría un acto para celebrar y recordar a los aborígenes caídos en combate.

A la una de la tarde en punto, comenzó un pequeño desfile por Redfern St, la calle principal del suburbio, encabezado por dos oficiales del ejército australiano y un veterano aborígen montados a caballo, seguidos por un hombre vestido como los nativos originales y un hombrecillo tocando una especie de tubo hueco. Siguiendo el desfile, unas 300 personas, casi todas de alguna asociación de aborigenes y vecinos portaban lienzos con la frase "Lest we forget"(Para que no olvidemos).

















Ya casi llegando a la plaza de Redfern, donde sería el acto-homenaje, el hombrón del tubo se me acerca y con su acento extraño me pide que le eche agua en el tubo. Al parecer el aparato funcionaba en la medida que estuviese mojado, por lo que vaciamos medio litro de agua de un paraguazo y se fue tocando más fuerte y rítmicamente el aparato.



En cuanto llegamos a la plaza, nos recibía el "Uncle" Max, un abuelito aborígen terriblemente conocido en el barrio al punto de salir en varios folletos turísticos de Sydney. Tenía unas hojas de eucalipto encendidas para hacer la ceremonia del humo, lo cual convertía automáticamente el lugar en un recinto sagrado. La gente se fue acomodando en sillas dispuestas para la ocasión, mientras una animadora daba la bienvenida. Entonces, entre un tumulto de oficiales de ejército y algunos policías, aparecieron las autoridades. La ceremonia la encabezó la mismísima gobernadora de New South Wales, Doña Marie Bashir, una psiquiatra cercana a los 80 años que es oficialmente la representante de la Reina de Inglaterra aquí.

Reunida la gente, nos pasaron el programa y comenzó el acto. Australia es un país mayoritariamente cristiano, en el cual la proporción entre católicos y anglicanos es más o menos similar. Existen otras iglesias cristianas, especialmente ortodoxas y de Oceanía, pero esto explica que gran parte del programa de la ceremonia tuviese oraciones de los distintos credos y que debían ser leídas por pastores de distintas religiones. Como era un acto oficial, se cantó el himno de Australia antes de empezar.

Fue emocionante, entre discurso y discurso de la más variada clase, ver a muchos asistentes conmovidos durante gran parte del acto. Incluso había un hombre joven que lloraba desconsoladamente. Probablemente su pena se deba a que sorprendentemente este país tan amistosillo y buena onda ha mandado tropas a las dos guerras mundiales, las dos guerras del golfo, la guerra de Korea, Viet Nam, Afganistán, Timor Oriental e Indonesia en menos de 100 años. La ceremonia siguió con ofrendas florales, velas y un par de performances artísticas.



Al final, un tal Harry's se estaba rajando con pies (pie: pastel relleno de carne o pollo, tremendamente popular entre los australianos). Hicimos pacientemente la filita, y nos ganamos cada uno un suculento pie de carne con una bola de pure de papas y otra de pure de arvejas encima. Para acompañar el pastelito, una botella de agua para cada uno. Lo comimos mientras los aborígenes dejaron de lado la pena y la nostalgia para subir a un par de buenos grupos al escenario a cantar mientras unas señoras bailaban como gruppies al ritmo de Elvis.

Después de un día para conmemorar la guerra, nos devolvimos a casa caminando en paz.

viernes, 24 de abril de 2009

Cambio de nombre

Como ya les habíamos contado, la semana pasada empezó el segundo term de mi ciclo de inglés. En general, se mantiene la misma formación del equipo, salvo algunas ausencias importantes: Reza, mi enamorado platónico, que tuvo que cambiarse de curso porque iba a tener problemas con las fechas de término del curso de inglés y de inicio de su máster; Zeinab, la libanesa, que según ella estaba aceptada en un MBA en la UTS (Univesity of Technology Sydney) y al final se tuvo que devolver a El Líbano porque tenía visa de negocios y se le había acabado; y Lanita, una indonesia que era la mascota del curso por ser la más jovencita: 18 años biológicos que se traducían en 14 años mentales encarnados en pucheros, rabietas, saltitos y grititos de alegría y demases. Los reemplazantes son, para variar, dos chinos y una vietnamita que son, como el general de los asiáticos, bastante amables. Uno de ellos, Vince, está perfecto para mi amiga Shandy, así que intentaré hacer los movimientos necesarios para que surja el romance en la sabana australiana.

Bueno, vamos al grano. Como todo primer día de clases, la nueva profesora de este term comenzó pasando la lista del curso. Cada vez que le tocaba un chino (o sea, el 95% de las veces), lo nombraba en chino y luego les preguntaba su nombre inglés (como ya les dije, los chinos acá se ponen un nombre occidental) para anotarlo a un costado de la lista. Todo iba bien hasta que llegó a mi amiga Shandy: "What did you say?", preguntó horrorizada la profesora al oir el nombre que le decía la chinita. "Shandy", respondió mi amiga. "Are you sure is Shandy and not Sandy?". "No, is Shandy". "Where did you get that name?". "It's my favorite cartoon character". "Oh my God, but Shandy is the name of a drink, beer and lemonade". Hasta ahí todo más o menos conocido, porque el profesor del term anterior, Kevin (un escocés loco), también le había dicho a Shandy que su nombre era una bebida alcohólica y eso había sido motivo de chistes agradables por parte del profesor, que básicamente decía que con Shandy en la clase le iba a ser dificil concentrarse en su trabajo.

Pero la actitud de la nueva profesora, una inglesa de la izquierda progresista, fue bastante distinta: empezó a decirle a Shandy que debería cambiarse el nombre porque el suyo no era adecuado. En ese momento me pareció muy poco amable que le hubiera dicho eso porque al fin y al cabo ella había escogido ese nombre por algo y ya todos la conocíamos como Shandy. Pero Funes me convenció con el siguiente ejemplo: "Imagínate que estamos en Chile y tu amiga china hubiera escogido llamarse Piscola. Cómo le puedes decir a alguien piscola si ese no es nombre para una persona?". Con este ejemplo me quedó un poco más clara la intención de la profesora al insistir con el tema del nombre de Shandy.

En todo caso, la cosa no terminó ahí. Luego de la conversación con Shandy, la profesora siguió pasando la lista y llegó a Doris, otra chinita. Y de nuevo: "Doris? But why did you choose that name?". "Because I like the way it sounds". "Oh my God, but Doris is not suitable for you, Doris is the name of an old ugly lady". "...". Qué se puede responder a eso? Ahí recordé que cuando niña siempre me pareció que mi nombre era nombre de abuelita, pero al final me acostumbré y hasta me gustó tener un nombre poco común para mi generación. Pero parece que la profesora tiene otra idea acerca de la originalidad y le ordenó, así es, le ORDENÓ a Doris que cambiara su nombre por otro que fuera más acorde con ella... ahí ya la cosa me empezó a molestar abiertamente porque una cosa es que Shandy tuviera nombre de copete y otra que la profe encontrara old-fashionable el nombre de Doris. De nuevo, Doris era Doris, así la conocíamos nosotros y ese era su nombre inglés desde hacía dos años, hasta que apareció esta pommie cincuentona diciendo que el nombre era pasado de moda... resultado, ahora Doris es Claire y la profe se alegra de no tener una alumna con nombre de vieja en su clase.

Luego vino el turno de Ludwick, cuyo nombre siempre hemos pronunciado como LUDGÜIK, porque así suena más parecido a su nombre en chino, que era la intención básica de este individuo al escoger ese nombre en inglés. Pero a la profe le dio con que la pronunciación correcta era LUDVICK y lo volvió a bautizar en dos segundos, sin importarle las explicaciones que daba el pobre chinito.

En ese punto, no quería ni ver qué iba a decir la profesora cuando llegara el turno de Island, un chinito callado y tímido, muy amable y quitado de bulla. Ya Kevin lo había columpiado llamándolo "Continent" y eso me ponía un poco nerviosa porque claramente era algo molesto para el pobre sujeto, que había escogido ese nombre inglés porque su nombre chino significaba "isla". Uno a uno iban avanzando en la lista y cuando llega el turno de Island y la profesora le pregunta su nombre en inglés, el pobre responde "JOE" y todos nos miramos con una cara mezcla de sorpresa, risa, compasión y no sé qué más.

Así que en menos de una hora llegaron nuevos compañeros y cambiamos los nombres de unos por otros más del gusto de la profesora. Sentí que la inglesa pasaba con una aplanadora por encima de los chinos; creo que ya es suficiente que tengan que ponerse otros nombres diferentes a los suyos para encajar en el orden occidental y es extralimitado que tengan que cambiar de nombre como cambian de calcetines porque a la señora no le gustaron los que ya tenían. Cuando salimos al recreo Shandy me dijo "y si te hubiera dicho a ti que te cambiaras el nombre, qué le habrías dicho?. "Simplemente que no pensaba cambiármelo porque este es el nombre que me pusieron mis padres y el que he tenido toda la vida, por qué tendría que cambiarlo ahora?". En ese momento me di cuenta de lo extraños que se deben sentir los chinos con ellos mismos, porque finalmente son dos personas en una: la del nombre chino y la del nombre inglés.

Y así, la profesora les hizo cambiarse el nombre porque los encontró raros, mal pronunciados, inadecuados... y la profe se llama Gwynedd, un nombre que ni siquiera es inglés y que yo no había escuchado jamás en mi vida. Y acaso alguien le dijo algo?

miércoles, 22 de abril de 2009

Internet en la casa

Así es, queridos nuestros, por fin hemos podido contratar internet para nuestra humilde morada. Se preguntarán por qué esto podría merecer un post en la bitácora. Bueno, por dos simples razones: uno, porque realmente fue una odisea conseguir internet, y dos, porque el internet tal como lo conocemos en nuestra flaquita faja de tierra acá no existe. Vamos por parte.

Todo comenzó hace un par de semanas atrás, cuando por fin pudimos cambiarnos a nuestro departamento. En esos días intentamos hacer todos los trámites y arreglos más urgentes para tener una casa-habitación con los mínimos placeres deseables, entre esos, internet. Como Funes ya se había agotado con tanto buscar y buscar departamento, yo quedé encargada de hacer la búsqueda de Internet... yo... yo, la más experta en tecnología... yo, inocente palomilla que abrió una cuenta de administrador en su laptop y que luego olvidó la clave y ahora no puede entrar... yo, criatura ignorante de gigas, megas, adsl, módem, browser y toda esas payasadas... y además yo, doncella recién aprendiendo la lengua inglesa, obligada a hacer preguntas sobre un tema hermoso y desconocido en una lengua igual de hermosa y desconocida. En fin, hice uso de mi sentido común y de la sabiduría popular y me dije "el que no se arriesga, no cruza el río" y partí con mi bolsito a pasearme por el mall para encontrar mi conexión interespacial.

Como no cachaba muy bien el mote, me metí primero en una tienda de celulares, pensando que si tenían tanta tecnología para llamar por teléfono era posible que tuvieran también algo de Internet. Y en efecto, Telstra, la compañía en cuestión, tenía varios planes de Internet pero a un precio que me pareció bastante carito: 59 dólares mensuales por 6GB, unos 24.000 pesos solo por Internet y más encima limitado. Dije muchas gracias y partí a Vodafone, donde me atendió un chino al que le entendí la mitad de lo que me dijo y quien me entendió la mitad de lo que le pregunté, por lo que nuestra comunicación fue de lo más fluida. Al final, costaba 49 dólares por 6GB y habían algunas restricciones medias extrañas que no comprendí.

Me fui a la casa un poco desmotivada porque en esos días pensaba que 50 dólares era mucho dinero (cosa que ahora no pienso porque mi mente ya se está acostumbrando al cambio de moneda) y porque veía que los planes de Internet no eran lo que habíamos imaginado: teniendo en mente que esto es el primer mundo, nos esperábamos la baratura máxima y una rapidez y accesibilidad casi divina y nos estaban ofreciendo Internet del pleistoceno. Pero como dice el proverbio chino, la paciencia todo lo alcanza, así que me relajé y disfruté del heladito que me había comprado para pasar la desilusión.

Al día siguiente fui a otra compañía, Three (3), que mi amiga Shandy me había recomendado. Me dije que si ella como conocedora de la tecnología máxima me la recomendaba por algo sería. Así que partimos mi Funes y yo de nuevo al mall a preguntar a 3. Nos atendió un chino buena onda que nos hizo unas preguntas, evaluó la factibilidad de nuestra conexión y nos mostró los planes: 39 dólares por 6GB, el mejor precio del mercado! Obviamente dijimos que sí de inmediato y ya estábamos sacando los dólares de la billetera cuando el chino nos dice "ok, pero necesito sus pasaportes, el student card y una carta del banco que certifique que abrieron cuenta". No andábamos con esos papeles pero prometimos volver al día siguiente para hacer el contrato.

Al día siguiente, llegamos de nuevo al local, con todos nuestros papelitos en regla. Esta vez no estaba el chino, así que nos atendió un indio (de la India), un hombre joven y completa y furiosamente hediondo. HEDIONDO hasta la médula. Cómo explicar ese olor... imagínense que cada mañana se bañan en sopa de cebolla y salen de su casa sin usar desodorante y se van al trabajo en bicicleta bajo un sol ardiente... horrenda imagen, pero no sé cómo transmitir ese olor. Bueno, la cosa es que este sujeto nos mareó con el olor y nos dijo que nos faltaba un papel... "Pero cómo, si vinimos ayer y otro vendedor nos dijo que solo necesitábamos esto". "No, no les puedo hacer el contrato sin la tarjeta de débito". Ups. La tarjeta de débito no había sido enviada todavía a nuestra casa, así que teníamos que esperar otro par de días."Ok, entonces volveremos otro día", le contestamos, anesteciados por su aroma.

Entonces tuvimos que esperar a que llegara la tarjeta y no llegaba nunca y cuando fui al banco me dijeron que no habían dado la orden para enviarla...GRACIAS. Pero como Rafik (el cajero del banco) es un hombre muy gentil, envió en ese momento la orden y me aseguró que estaría en mi casa en 3 o 4 días, y así fue. Así que en cuanto llegó la tarjeta fuimos de nuevo a Three y de nuevo estaba el indio y de nuevo estaba el olor y de nuevo nos dijo que nos faltaba un papel. En ese momento Funes se empezó a exasperar y comenzó a decirle sutiles insultos en inglés para demostrar su ira, pero a mí me dio un poco de pena por él, por su olor y por todo, así que le dije "ok, entonces qué falta y lo traigo mañana". Faltaba un bank statement, era día jueves y el viernes y el lunes siguiente eran feriados (la Semana Santa), así que tendríamos que esperar otros días más para poder ir al banco y pedir el famoso papel.

El martes a primera hora fui al banco y me atendió Colette, una australiana muy simpática que me explicó que no podía darme el bank statement porque se enviaba por correo y que esperaba que eso no me causara problemas... por qué son tan simpáticos los cajeros de los bancos acá? En fin, le dije que no había problema (si habíamos esperado tanto podíamos esperar un poco más) y volví al depto, que queda cruzando la calle (lo que quiere decir que tenemos muy cerca nuestra sucursal amiga en donde ya nos conocen y todos nos saludan muy cariñosamente). Ese día volví a clases y le conté a mi amiga Shandy todo el entuerto y ella me contó que en otro local de 3 ella había hecho el contrato solo con el pasaporte, la student card y la tarjeta de débito."QUEEEEE?? Indio del demonio!!!". Cuando le conté a Funes no hizo más que putear al pobre hombre en español, obviamente no en su presencia. Esa misma tarde partimos al local que Shandy me dijo e hicimos el contrato en 15 minutos con un chino buena onda y flaquito que nos echaba la talla.

Aaahh, por fin! Llegamos a la casa, y sin apuro nos sentamos a tomar once. Funes se echó en la cama y se quedó dormido y yo aproveché para instalar Intenet, que viene en un USB transportable a todas partes. Primer problema: necesitaba la clave de administrador de mi laptop para instalarlo (CUEK), así que aborté la misión y traté con el laptop de Funes. Ahí todo fluyó de maravillas y cuando por fin hice click en el pequeño ícono de Mozilla me di cuenta de que todo lo que había oído antes era verdad: Internet era una mierda. La conexión más lenta de la historia. No pude abrir el correo de gmail en su versión normal, tuve que abrirlo en HTML. No pude ver la página de Emol, porque no cargaba las imágenes. Tuve que descargar tres veces un archivo que necesitaba. Misteriosamente Facebook cargó a las mil maravillas. Al rato se despertó Funes y le cedí el computador, y entonces empezó a putear alternativamente al indio de 3 y a este país con tan mala conexión de Internet...

En fin, ya hoy día parece que la cosa va mejor, por lo menos pude abrir el correo y ver LUN, cosa que me tiene muy contenta. Mi amado Funes pudo hacer su recorrido virtual por los diarios del mundo en un tiempo decente y yo ahora puedo escribir en este blog, aunque a veces me sale un mensaje que dice que se ha caído la conexión y que es posible que pierda todo lo escrito... quién sabe, me ha salido tan fome hasta ahora que quizás sería mejor que desapareciera.

lunes, 20 de abril de 2009

Fiesta de cumpleaños

*Gracias miles a todos por sus cariñosos saludos de cumpleaños.

Este fin de semana, como ya habíamos anunciado, volvimos a marcar una rayita más en la cuenta de nuestros años. Para mí, un cuarto de siglo, para Funes, dos menos para la treintena. O sea, seguimos siendo dos jóvenes lozanos e inocentes que recién nos vamos enterando de la vida… Pues bien, como es usual en estas ocasiones, celebramos nuestros cumpleaños con una variada gama de actividades del más alto nivel, que comenzaron el día martes 14, gracias a la influencia de costumbres asiáticas que abogan por celebraciones extensas para todo tipo de eventos, léase matrimonios, año nuevo, días nacionales, y otros. Así que aquí va una síntesis de nuestra semana de celebraciones en Oz.

La escuela de inglés de Funes organiza diferentes actividades para la semana. Una de ellas es la Salsa Night, en un lugar llamado Establishment, cerca de Circular Quay. Top top top. Desde fuera parece una tienda de muebles de diseño: tiene dos vitrinas gigantes con sillones y mesas preciosas y unas lámparas de lágrimas desde la puerta de entrada hasta el fondo del salón. Al medio, la barra gigante, atendida por pura gente linda y amable. A los costados de la barra hay mesitas para que uno descanse entre baile y baile. Al fondo, un patio hermoso, con muros altos de piedra (al parecer, mantuvieron los muros de una casa antigua, porque pueden verse marcas de las vigas y del cielo/piso que marca el segundo nivel), columnas estilo griego, antorchas y una pequeña fuente de agua. En una esquina hay otra barra y mesas y sillas para aquellos que bailan mucho y les baja el hambre de algo rico.
Cuando llegamos el lugar estaba lleno. Increíble, día martes a las 9 de la noche y estaba lleno. Había muchos asiáticos, muchos gringos y algunos latinos. El look de la gente, OH MY CAT… las mujeres estaban vestidas como para una fiesta de gala: vestidos brillantes, con escotes, zapatos de taco muy alto, peinados y maquillajes ad hoc… los hombres, con traje (no con jeans y zapatillas), muy arreglados también. Estaba también el grupo de los más relajados, como nosotros, que nos emperifollamos un poquito más que lo normal, pero no tanto. De todas maneras, calzábamos perfecto en ese pequeño mundillo salsero.


Lo mejor de esa noche fue escuchar, en medio de la jungla anglosajona, la música cadenciosa del Caribe latinoamericano. Bailamos y bebimos moderadamente, mirando entre asombrados y cagados de la risa a los bailarines de la pista: los gringos tiesos y atáxicos como ellos solos, los chinos poniéndole empeño, los latinos con el swing perfecto. Vimos eso sí un par de bailarines de excelencia que dieron clase en la pista. Lugar de procedencia: China (o algún similar). Volvimos al departamento a eso de las 11 y media de la noche, echando un poco de menos El galeón español y La piragua, pero felices por una buena noche de bailoteo.

El día jueves no tuve clases normales, así que salí más temprano del curso de inglés, lo que aproveché para ir en busca del regalo para mi querido Funes. Caminé más que Kung Fu pero alcancé la meta y de paso me compré unos regalitos para mí misma… a eso de las 7 llamé a mi esposo y el señorito estaba disfrutando de una tarde de cerveza con sus compañeros de inglés, muy cerca de donde yo estaba, así que le pedí indicaciones para llegar al Roof, un local medio escondido pero muy chic, en una azotea de un pequeño centro comercial. Las indicaciones que me dio, como la mona, tanto que tuvo que bajar del local y esperarme en la calle, pero al final nos encontramos y subimos al Roof. Ahí estaban sus compañeros, una española llamada María y su esposo Alejandro, muy pijos y muy simpáticos los dos, un par de brasileros, uno hermoso como actor de teleseries y el otro feo como la noche oscura, pero winner al máximo (tanto que esa noche terminó besándose apasionadamente con otra compañera alemana) y un italiano medio fomeque que se fue al poco rato. Ahí seguí reafirmando la mala suerte que tuve al estar rodeada de un mar de chinos en mi escuela. Los compañeros de Funes eran de lo más que hay, así que nos quedamos hasta como las 9 y media conversando en inglés, español y portugués y disfrutando del airecito fresco de la costa australiana. Rematamos en un local de kebabs, al que habíamos ido a los pocos días de llegados a Sydney, y nos dimos cuenta de lo mucho que hemos avanzado en nuestro inglés en estas pocas semanas, comparado con el champurreo inicial.

El viernes, día de mi cumpleaños, por fin logré que Funes se levantara antes que yo y preparara el desayuno. Ese día estuvo en general bastante fome, pero se mejoró a eso de las 9 cuando fuimos a nuestro restaurant de comida india regalón y nos dimos un banquete auspiciado por mi querida suegra desde Chile. Llevamos nuestro vino (acá muchos lugares tienen la costumbre de dejar que los clientes lleven su propio trago, lo que conocen como BYO, Bring Your Own, lo que es muy bueno porque así uno puede comprar un vinito más pirujiento pero más accesible al bolsillo estudiante) y nos deleitamos con un Mango Chicken y un plato de Bhuna, carne de cordero con especias PI CAN TES hasta morir. Estaba tan picante que se nos llegaron a tapar los oídos, pero era un picor agradable, que no te mataba la pasión sino que la aumentaba (por la comida, quiero decir). Rematamos con las singulares Gulab Jamun, bautizadas por nosotros como los “cocos de Krishna”, unas bolitas dulces y tibias con caramelo. Caminamos hasta la casa, algo mareados por el vino y el picante de la comida, pero con la guatita llena y el corazón contento.
Por fin, llegó el sábado. Habíamos pensado celebrar con un asado en la playa, pero cuando revisé el tiempo para Sydney decía que el sábado llovería, especialmente en la costa, y que habría un fuerte viento. Como en Chile, el pronóstico le achuntó en un 50%, porque solo hubo viento y nada de lluvia hasta las 11 de la noche… GRACIAS. La bbq quedará entonces para la próxima. De todas maneras, aprovechamos para ir al Surry Hills Festival. Ahora nos dimos cuenta que cada suburbio tiene su propia fiesta durante el año, y esta es una de las más potentes, porque Surry Hills es uno de los barrios tops de Sydney, algo así como un Bellavista primermundista (ay, me salió verso sin mayor esfuerzo). El festival se realizó en el Alfred Park, el parque frente al hostal que nos recibió las primeras semanas de vida en esta ciudad. Ese día estaba lleno de stand de comidas de distintos países, de artesanías, de ropa, de cervezas, juegos infantiles y dos escenarios para disfrutar de buena música. Como buenos hijos de ingleses, a las 6 en punto se acabó todo, tal como estaba anunciado en los carteles de promoción. Así que enfilamos hacia la casa con nuestros amigos, la Bea y el Rony, a continuar con la celebración.
En la casa comimos unas pizzas y tomamos unas cervecitas, calentando motores para el carrete final: Spanish Harlem, una fiesta “latina” en un hotel cerca del Circular Quay, que la Isa nos había sugerido motivada por los deseos de un perreo intenso. Así que hacia allá dirigimos nuestros pasos. Salimos bastante apurados, porque supuestamente podríamos entrar gratis hasta las 10 y media de la noche, pero no contamos con que nos esperaría una cola en la puerta del hotel… mientras esperábamos nos fuimos dando cuenta de lo que nos esperaba a nosotros. Para decirlo brevemente (porque ya me alargué mucho), imagínense una mezcla de un vídeo musical de Rihanna, Sean Paul, Daddy Yankee y una fiesta de Paris Hilton. Les juro que no exagero. Si en el club de salsa las mujeres iban bien vestidas, aquí las jovencitas realmente eran bailarinas de Don Omar: vestidos ceñidos al cuerpo, muy escotados, muy cortos, tacones gigantes, pelos lisos y brillantes (y todo esto en medio de la lluvia). Para decirlo con todas sus letras, el 60% de las jovencitas asistentes eran lo que en Chile cualquier hijo de vecino llamaría una mira rica. Así, con todas sus letras. MINA RICA. Yo con mis jeans negros, mi guata cervecera y mis chalitas de hermana evangélica causaba sensación, obviamente. Menos mal que había otras personas NORMALES en esa fiesta, particularmente latinos que claramente venían recién llegando a Sydney. Las niñas Daddy Yankee parecían más bien segunda o tercera generación de latinos o de asiáticos. Los hombres, normales, mucho negro salido del Bronx, unos con un afro gigante y un peine estilo Launol colgando de la chasca, muchos Slim Shady, muchas niñas Flash Dance, muchas Paris Hilton, mucho de todo. Los diez dólares que pagamos para entrar se amortizaban solamente con la visión de esa jungla.
La fiesta tenía dos ambientes, uno de hip hop/música de negros bailarines y otro “latino”, que en un comienzo era casi lo mismo que el primer ambiente. Ahí nos empezamos a aburrir un poco hasta que empezó a sonar Daddy Yankee y La gasolina. Creo que jamás en mi vida había visto Funes emocionarse tanto con un reguetón con en esta fiesta. Tocaron música que no escuchaba desde… que nunca había escuchado en una fiesta, en realidad, como Conga de Miami Sound Machine, Guantanamera (que es como de viejitos) y otras más que no recuerdo. Al final bailamos hasta como las 2 de la mañana, cuando la música se empezó a repetir y la gente ya empezó a dar un poco más de jugo.
El dato bueno de la noche fue que compramos pasajes ida y vuelta en tren, pensando que funcionaba toda la noche, pero NO. Se puso a llover y no sabíamos que bus tomar, así que tuvimos que caminar de vuelta a la casa, un trayecto que en Santiago sería más o menos desde Antonio Varas hasta Plaza Italia. El viento que corría hacía que la lluvia nos llegara directo a la cara, mis pies chapoteaban en las pozas de agua, vimos una casi pelea en la calle, cuando íbamos llegando a la casa pasó un bus por nuestra calle (GRACIAS), llegamos mojados, cansados pero felices de haber pasado una semana tan rebuena.
El domingo? Dormir, dormir, dormir.

jueves, 16 de abril de 2009

Primer term listo!

*Perdon nuevamente por la falta de acentos.


He terminado ya el primer ciclo de ingles, afortunadamente con muy buenos resultados. Esta semana fue semana de examinacion, asi que no hubo clases y solo tuvimos que venir a rendir tres pruebas: listening, reading y writing. Las dos primeras eran bastante faciles y las dimos en un solo dia. La ultima era algo mas compleja, porque habia que escribir un ensayo de 400 palabras sobre online shopping (un tema que me tiene hasta mas arriba de la coronilla porque es de lo unico de lo que hemos hablado estas cinco semanas). El ensayo lo hicimos el miercoles, el jueves vinimos por las notas y hoy viernes nos toco recoger el reporte, que es como el certificado de notas completo con un comentario por parte del profesor.
Terminado este primer bloque, que puedo decir? Nada mucho, porque me quedan 3 todavia. En todo caso, este comienzo fue bastante interesante, no tanto por el aprendizaje en ingles sino porque pude compartir con personas muy diferentes estas cinco semanas. Pensaba que si no hubiera tomado un curso asi, con mi poca habilidad social habria terminado hablando con las paredes de mi casa y sin empezar a empaparme de la vida en Sydney. Algunas cosas que aprendi en estos dias con mis compañeros de clase:


1. Los chinos son todos muy amables, atentos, humildes y extremadamente esforzados. Antes de envidiar a quienes tienen buenos resultados, los admiran y les piden ayuda para poder superarse.


2. Los chinos SI se bañan y huelen bien, aunque algunos no se cambian la ropa muy seguido, lo que obviamente tiene sus consecuencias. El unico compañero realmente hediondo fue Coung, de Vietnam, que varias veces vino como 3 dias con la misma ropa y me hacia desear jalar un kilo de menta o desodorante ambiental.


3. Los chinos (perdon por la insistencia, pero como saben el 80% del curso era chino) son FOMES. No fomes para conversar, sino fomes para carretear. No tienen alma chelera. No ahondare en esto porque creo que ya he hecho referencia al tema. Solo quiero puntualizar que ni siquiera tuvieron intenciones de ir a tomarse una chelita ahora que terminamos el primer ciclo y que todos pasamos al siguiente... o sea...


4. El idioma de Indonesia tiene los mismos sonidos que el español (este es un dato para mis coleguis linguistas), cosa bastante extraña considerando su entorno asiatico. Alguien podria darme una explicacion? Sumo a este dato el hecho de que las dos compañeras indonesias que tuve parecian, como ya dije antes, latinas.


5. Los iranies tambien tienen corazon... con Funes bromeamos acerca de que mi compañero Reza se prendio de mi y que me llevara a Iran a cuidar cabras. En honor a la verdad, fue muy amable conmigo, conversamos mucho de muchas cosas, intercambiamos musica, me dijo que yo era una persona inteligente con la que se podia conversar y me felicito alegremente por los resultados que obtuve en el curso de ingles. En resumen, el posible prejuicio del arabe radical y con la bomba en la mochila, hablando de Ala todo el dia ha quedado en el pasado para mi (aunque nunca lo tuve realmente).




Eso es todo. Debi haber traido la camara hoy para sacarles fotos a todos, pero tengo cierto temor a que no todas las culturas acepten naturalmente el tema de la foto. Es increible, pero estando en contacto con tanta gente diferente uno se empieza a preguntar muchas cosas que antes no hubiera pensado.


Perdon por lo fome, pero este ha sido un dia latigudo y fomeque. Para mi, hoy es mi cumpleaños. Siempre que estoy de cumpleaños me acuerdo de un poema de Neruda que dice "Hoy, que es el cumpleaños de mi hermana...". Hoy es mi cumpleaños y me sigo sintiendo igual que ayer, igual que siempre, solo que con mas frio y mas lejos de casa... en que momento sera que se empiezan a sentir los años y la responsabilidad de la adultez?


Ahora si, eso es todo. Si alguien tiene respuesta a alguna de las preguntas que he planteado, por favor, RESPONDAME!!!




Pronto les cuento como estuvo la celebracion cumpleañera doble.

lunes, 13 de abril de 2009

Fin de semana largo


Al igual que en el resto del mundo cristiano, este fin de semana celebramos la Semana Santa. Y qué manera de celebrarlo: acá no solo es feriado el día viernes sino también en lunes siguiente. Vaya a saber uno por qué. La cosa es que tuvimos un fin de semana de cuatro días y la semana que sigue tendrá solo cuatro días hábiles… qué envidia, no?




Pues bien, como era fin de semana largo, teníamos que hacer algo entretenido. Descartamos de plano una salida fuera de los muros de la comarca, porque tenemos que cuidar nuestros doblones de oro hasta que tengamos claridad acerca de cuánto nos cuesta vivir un mes acá (para tranquilidad de madres y padres, estamos muy bien con los cómputos). Así que nos preparamos para la improvisación diaria, que casi siempre trae buenos resultados. El jueves casi comienza con una velada del terror. Ese día tuvimos que dar una presentación oral en el curso de inglés y mis compañeras de grupo, Shandy y Shinta, pedían a gritos un Armonyl. Así que para motivarlas y hacer que pensaran en otra cosa les dije que al final de clases las invitaría a tomar una cerveza por ahí, para celebrar nuestra buena nota. Luego pensé que sería un poco fome ir solamente con ellas dos, así que empecé a decirles a mis compañeros de clases, a ver si alguien se animaba. ENORME ERROR. Al final de clases, cuando estábamos listos para nuestra merecida celebración (a todo el curso le fue muy bien en la presentación oral) me encontraba yo, pobre chilenita, rodeada de una tracalá de chinos hablando en chino y todos listos para la cerveza. La perspectiva de una salida con 15 chinos no era de lo más alentadora, no porque sea una antisocial sino porque es bastante aburrido estar escuchándolos hablar sin entender ni una palabra. Así que cuando llegó Funes, a quien saqué de un happy hour entretenidísimo con sus compañeros de curso, tuvimos que pensar en un plan B para no matar esa noche. Y nuestro plan B era llamar a nuestros amigos chilenos e invitarlos a unas cervecitas en nuestro hogar. Todo salió de maravillas y esa noche nos acostamos comprometidos para un paseo a la playa el día sábado.

El día viernes fue un día de descanso total. Nos levantamos a las 12, salimos a comprar algo para el almuerzo, almorzamos, nos acostamos a dormir siesta y nos levantamos a las 7 y media de la tarde. Acá se está oscureciendo a las 6 de la tarde, así que cuando despertamos no teníamos ganas de hacer nada más que volver a hacer tutito. Para no pasarnos de fomes vimos una película, La vie en rose, que era más dramática que teleserie venezolana.


El día sábado fuimos a la playa con la Isa y el Renzo. Nos costó un poco llegar porque había que tomar dos buses y acá el sistema de transporte es cosa seria. En cada parada está la hora en que pasará el bus que uno quiere tomar. En general, son bastante puntuales. Los buses solo paran en el paradero y si te ven corriendo para alcanzarlo parece que no les importa mucho, porque íbamos cruzando la calle para llegar al paradero y justo pasó la micro, que precisamente pasó de largo. Así que tuvimos que esperar media hora para un trayecto que duró como cinco minutos… cuek. Después de esperar otra micro unos veinte minutos más y de un viaje de otros diez minutos, por fin llegamos a la playita Coogee Beach. Esta no es la más famosa de Sydney, es una bahía muy pequeñita al sur de Bondi Beach pero muy agradable. El agua es cristalina y la arena dorada, pintada de trocitos pequeños de piedras y conchitas de colores. Como el día estaba medio nublado, no había mucha gente, así que estaba ideal para una tarde de relajo. Antes de que se pusiera el sol caminos hacia un extremo de la bahía a sacarnos fotos en un roquerío (que nada tenía que ver con los roqueríos de nuestras costas chilenas). Para rematar la noche, invitamos a nuestros amigos a cenar con nosotros unos ricos tallarines con salsa.


A mi querido Funes le quedó gustando mucho la playa así que el domingo nos repetimos el paseo, esta vez nosotros dos solos y preparados con nuestros trajes de baño para ser arponeados en las arenas australianas. Nos fuimos más temprano y almorzamos en restaurant de comida india, que se ha transformado en nuestra comida favorita. Después del almuercito, un rico reposo en la arena, disfrutando del sol que se iba por nuestras espaldas (porque, afírmense, acá el sol no se esconde por el mar!!!), y más tardecito un chapoteo en las aguas pacíficas, las mismas que al otro lado bañan nuestra flaquita faja de tierra. Datos interesantes: acá las playas tienes baños y duchas gratis (que se mantienen en buen estado), están limpias de cualquier papel, botella, pañal o cáscara de melón y tienen un sector de picnic con parrilla, mesita y bancas. La gente no usa quitasol y se tienden al sol así no más, como si no les importara la capa de ozono, que debiera ser una preocupación especialmente para hartos blanquitos que vimos quemados como pancoras. Uno puede dejar sus bolsos en la arena e irse a bañar sin que ninguna pertenencia desaparezca. Debo confesar que mi confianza no era extrema y mientras estábamos en al agua mantenía un ojo siempre en la orilla. Las mujeres musulmanas también vienen a la playa, pero no se quitan ni los calcetines. Vimos a una niña de unos 10 años vestida entera bañándose en el mar. Funes la bautizó como Spiderman, porque su traje era casi igual que el del superhéroe: solo se le veía la cara. En todo caso, el nivel de exposición depende al parecer del grado de fundamentalismo, porque había otras niñas musulmanas bañándose con trajes estilo surfista que por lo menos las dejaban moverse en el agua con algo más de libertad. Muchos hombres usan zunga, incluso cuando no debieran. Muchas mujeres se bañan con poleras o trajes de surf, incluso cuando no tienen rollitos que esconder. Las abuelitas son igual de avezadas que el resto para meterse a sortear las olas. Los niños son como peces en el agua. Qué se echa de menos: el vendedor de helado a cien, el de pan de huevo, barquillo y palmera. Pero haciendo un balance, no están nada mal.

Y hoy domingo, de nuevo a flojear y dormir hasta tarde y obligados a quedarnos en la casa porque aunque no hace frío cada cierto rato llueve como si se fuera a acabar el mundo. En estos momentos echamos de menos tener internet o una televisión para entretenernos en algo y no tener que mirarnos las caras todo el rato…

Así que ese fue nuestro fin de semana. Tareas para la semana que comienza: los exámenes finales de mi primer ciclo de inglés, prueba de inglés para Funes, mandar a arreglar el refri (que no enfría y por lo que hemos perdido frutas, verduras y comida que debía haber durado un poco más), llamar al corredor del departamento para que nos vengan a ver el baño que está filtrando por alguna parte, ir al banco a preguntar por qué no me llega aún la tarjeta de débito para poder por fin contratar internet y preparar nuestros cumpleaños, que, como recordarán celebraremos este fin de semana (17 y 18 para ser exactos), quizás en la playita.
Y qué tal vuestro fin de semana largo?





miércoles, 8 de abril de 2009

Como reconocer a un chileno entre diez chinos

*Perdon por la falta de acentos, estoy en un pc de la universidad y como supondran, el teclado no tiene la funcion de tilde y aunque se que hay una manera indirecta de poner los acentos no se especificamente cual es. Espero me disculpen!




Hace un par de dias estaba en el tea break conversando alegremente con mi amiga Shandy, una amable chinita con quien he entablado una muy buena relacion. Pues bien, hablabamos de deportes, de los Juegos Olimpicos de Beijing, del director de la gala inaugural, de sus peliculas y de pronto llegamos al dato freak que uno siempre quiere tocar cuando habla de China: la tremenda tracala de chinos que hay en ese pais. Entonces, oh memoria mia, recorde uno de los clasicos de la musica chilena que caia como anillo al dedo a esta situacion: Sindrome Camboya, de Los Peores de Chile. Tuve la inspiracion de contarle a mi amiga sobre esta cancion, tratando de traducirle algunos de los poeticos versos: "twenty millions of Chinese in China/ commited colective suicide/ they don't want to eat more spring rice...". De mas esta decir que mi amiga me miro con cara de "cual es tu problema" y me pregunto "y por que no queremos comer mas arroz?". Aaayyy, Señor, que poco sentido del humor de estos chinoooos!!


Cuando me di cuenta de que mi dato freak habia sido de lo mas polemico, trate de arreglarla dicendo que nada, que era una cancion estupida solamente, que no me hiciera caso. Para terminar con el momento kodak me puse a cantar en español estos versillos: "Sindrome Camboya: todos contra el muro!!!". Y en ese momento, sucedio el milagro. De pronto, a lo lejos, escucho una voz que dice: tu eris chilena??? OH MY GOD, me voltee rapidamente y veo a un hippiento estilo intillimani que me mira con los ojos brillantes de emocion y me dice "no sabia que habia otro chileno aqui, ya somos dos!". Despues de las presentaciones correspondientes y el intercambio de telefonos para juntarnos a ver el proximo partido de la seleccion chilena, me dijo antes de despedirse: "mira, venia caminando al ascensor y escuche 'sindrome camboya' y me dije nadie mas que un chileno puede estar cantando esto". Asi que ya ven, cuando esten rodeados de chinos (que obviamente no hablen español) pueden usar esta especie de santo y seña para comunicarse con los compañeros de la patria...


Y ahora, recordemos este hermoso cantico de Los Peores de Chile

martes, 7 de abril de 2009

Lesson I


Hola estimados todos. Al fin empecé el curso de inglés. La verdad ya estaba algo deseoso de que comenzara, pues veo como lentamente mi roomie va progresando en el idioma y yo bien gracias. Es así como despues de ir el dia viernes pasado a matricularme y pagar el curso, quede citado para este dia lunes en la mañana para comenzar.

Llegue como nunca, terriblemente puntual, a las 8 y media estaba sentado dando una prueba de diagnostico escrita. Luego una entrevista oral, donde nuevamente (horror de horrores) la profesora, una sydneysider autentica, me recomendó tener muchisimo cuidado con el entorno de nuestra humirde morada, lo cual es habitual pero para uno que viene de Chile, es como andar por cualquier lugar tranquilo. Finalmente, mi resultado: nivel a-van-za-do , si lee bien, avanzado. Si bien, segun la entrevistadora tengo algunos yerros gramaticales, pero nada que no pueda superar con practica. En el intertanto, uan charla informativa con todos los datos posibles sobre las clases, y una dinámica de presentación, en la cual conocí a un camarografo vietnamita que hablaba poco y nada, a un estudiante de doctorado francés con su acento característico marcando las ggg , a una alemana que hablaba bastante bien y a una coreana que hacia reverencias cada dos frases.


El curso se compone de tres etapas: general english, donde se ven tópicos generales de gramatica, vocabulario, lectura, escritura, etc. esto dura tres horas al dia. Luego , algo así como un electivo, el cual por recomendacion de la entrevistadora, tomé SLV (speaking, listening and vocabulary), algo asi como un profundizado de lo anterior, y los english extras, cursos que van desde como ser un bar-tender, cultura australiana hasta profundizados de los profundizados ultra ñoños como gramatica, pronunciacion, inglés australiano, entre otros. De estos ultimos, me incliné por SWAP , que es un curso sobre cómo trabajar en Australia: papeles, datos, tipos de trabajo, vocabulario, leyes laborales, etc. Y uno para mejorar la fluencia del ingles.

A diferencia de mi co-bloguera, no tengo NINGUN compañero chino. En realidad, dudo que hayan muchos en la escuela. En General English, lo que vendria a ser mi grupo-curso, hay 3 brasileros, 3 alemanes, una checa, una española, un coreano y dos individuas de dudosa procedencia, aunque deben ser europea. Ayer esuche a un par de chilenos en los computadores de la escuela y creo que hoy vi a otro. No lo escuche hablar, pero andaba con un símbolo internacional de chilenidad: una polerita con la leyenda "El mejor pisco del valle de Cochiguaz"


Asi que ahi vamos, la dueña de casa se ha liberado y esta de vuelta al colegio. Inmigrantes del mundo, uníos!!!!

domingo, 5 de abril de 2009

La casa nueva



Queridos todos, por fin hemos comenzado nuestra vida en un nuevo hogar. Como les contamos hace unos días, la búsqueda inicial fue una gran desesperanza. Después del primer fin de semana paseando en inspecciones, yo no pude continuar mirando porque comencé mis clases, así que mi amado Funes quedó encargado de esa tarea. En las tardes, cuando llegaba al hostal, me contaba acerca de los lugares que había visto y nada le gustaba. Hasta que un día vio la luz. Me habló de un estudio en Redfern, un suburbio cercano al hostal y con no muy buena fama por causa de sus habitantes: la mayoría de ellos son aborígenes (u “originales” como les dicen acá) a quienes el Estado les da un subsidio para intentar reparar la exclusión en la que viven. La cosa es que ya varios nos habían dicho, con el prejuicio a carne viva, que era un barrio peligroso, que los originales se pasaban el día tomando y vagando por las calles, que era el peor barrio de Sydney, etc etc etc. No hicimos caso de las malas lenguas y decidimos aplicar para el estudio.

En todo este proceso Funes fue el protagonista y héroe, porque fue él quien se preocupó de ir a la corredora de propiedades (que acá se conoce como “real state”) y de llamar e hinchar al corredor, un tipo llamado Jurgen, con cara de loco buena onda, terriblemente desordenado y siempre medio perdido. Después de la necesaria incertidumbre, finalmente Jurgen llamó para decir que habíamos sido seleccionados, y que teníamos que estar al día siguiente con 1400 dólares para hacer el trato. Así que partimos con nuestros ahorritos en el bolsillo a firmar el contrato, pero no recibimos las llaves sino hasta el día 1 de abril.

Ese glorioso día amaneció algo nublado, como todos los días al lado del mar. Nos levantamos temprano con Funes y nos fuimos a la estación de tren para ir a I-Kea, una especie de Homecenter del hogar, donde podíamos comprar las cosas básicas necesarias para nuestra nueva casa. Llegamos a las once de la mañana y salimos de ahí a la una de la tarde con una mesa y cuatro sillas, una cama, una cómoda, un armario, vasos, ollas, sartén, fuentes y otros enseres. Íbamos cargados como esclavos, pero afortunadamente a la salida del I-Kea nos afanamos un carrito* con el que llevamos las cosas hasta la estación de trenes. Tomamos de vuelta a la city y yo me bajé en Redfern para esperar a Funes que iba a buscar las llaves a King Kross, en la corredora. Cuando llegó allá, Jurgen no estaba, andaba en una inspección… aaaayyy, Señor, esperar y esperar con las bolsas encima de mí y la gente mirándome con cara de “y esta loca que está esperando”. De pronto, suena el celular. Funes llamando. Contesto y me dice: ‘”agarra las bolsas y corre al departamento, Jurgen está ahí”. Así que corrí hasta el edificio con las bolsas a la rastra y emocionada hasta los pies porque por fin conocería el estudio (yo no lo había visto). Me encontré con Jurgen y subimos hasta el cuarto piso. Caminamos por el pasillo impregnado del olor de la comida india (no sé quién será el vecino chef) y llegamos a la puerta 26. Jurgen abrió la puerta y oh, sorpresa, oh, emoción, oh, felicidad, era el lugar más hermoso que había visto. Un estudio espacioso, con ventanas grandes, una cocina apropiada, un balcón para los asaditos… esa noche dormimos en el suelo, con los huesos adoloridos pero felices de estar por fin en el primer hogar de la familia Funes Vidal.

Al día siguiente, Funes comenzó con el trabajo de carpintería y el jueves en la noche comimos sentados en nuestra mesa, el viernes dormimos en una cama decente, el sábado pudimos desarmar las maletas y guardar nuestra ropa y el domingo teníamos por fin nuestra casa ordenada y habitable. Como verán, todavía hacen falta algunas cosas, pero con tiempo y paciencia podremos darle más vida a este rinconcito de Chile en medio de un suburbio de Sydney.




*Nos hemos hecho expertos en el préstamo de carritos de supermercado. Por aquí andan botados en las calles.


**Más fotos del nuevo hogar en Facebook