lunes, 30 de marzo de 2009

Segundo fin de semana en Sydney

Hola a todos, queridos lectores. Lamentamos el prolongado silencio, pero la semana pasada estuvimos algo ocupados con diveras tareas (muy fomes para detallar) y el fin de semana estuvimos llenos de cosas entretenidas que sí vale la pena relatar. Comienza entonces la relación del segundo fin de semana en Sydney.
Viernes, último día de clases, clásico día en Chile para su cervecita helada en alguna shopería de presupuesto de estudiante... acá en Sydney, clásico día de irse directo al hostal, CUEK, porque los chinos ni siquiera acercan la nariz a un bar y como recordarán el 70% de mi curso es chino (entiéndase the real chino, vietnamita e indonesio). Así que así empezó mi tarde del viernes, achinadamente fome y con una maniobra digna de Fitipaldi para descartarme de una posible invitación de mi compañero iraní (tema que desarrollaré quizás en otro momento). Valga decir que la huida por la izquiera se realizó también gracias a que mi querido Funes/Brigadeiro atinó a llamarme al celular (mobile phone) en el momento preciso en que Reza hacía el gesto técnico de la posible invitación a chelear. En fin, como todos los días caminé al hostal con mi pesado bolso al hombro y pensando en cómo darle vida a esta noche de viernes.
Primera y más clara opción: tomar algo con Funes en algún bar por ahí. Como mi amado me responde siempre chalupa cuando yo le digo upa, nos decidimos a ir por ahí y para copuchar con otros en nuestra lengua llamamos a uno de los becarios que vive muy cerca del hostal para que nos acompañara. Emocionados fuimos a su encuentro, pensando en el disfrute de hablar español de Chile bien zapateado, cuando, llegado a la esquina donde debíamos encontrarnos, distinguimos una sombra a su lado. El terror se apoderó de nosotros, porque ya intuíamos lo que sería... su compañero de departamento, un butanés. Así es, señoras y señores, un BUTANÉS!!! Muchos de ustedes se preguntarán "y qué mierda es un butanés??". Pues bien, la misma pregunta me hice yo la primera vez que escuché de este sujeto. No entraré en detalles, pero pueden descifrar el misterio de Bután aquí. La cosa es que este individuo OBVIAMENTE no hablaba ni un ápice de español, así que eso fue po, obligados a palabrearnos en inglés entre nosotros, lo que por lo menos por ahora me parece lo más ridículo del mundo.

Pero como la vida siempre tiene su lado amable, resultó que el don Butanés era de lo más que hay, una especie de documentalista de Shangri La que más parecía Ministro de Turismo, porque nos vendió las mil maravillas de su perdido país. Así que ahí estuvimos, champurreando el inglés como podíamos y aprovechando de hablar en chileno cuando el don se iba a fumar afuera (acá no se puede fumar en los bares). A las doce se acabó todo y fuimos a dejar a los muchachos a la esquina y nos dimos la vuelta a la manzana para terminar el bajón en una pizzería, jijiji.
El resto del fin de semana fuimos raptados por unos activictas mapuches de apellido Painemilla, que nos maltrataron con asados, cerveza y vino todo el fin de semana... gracias a Dios salimos con vida de eso!! Hablando en serio, uno de los primos, Andrés, nos invitó a pasar el fin de semana a su casa fuera de la ciudad. Si hubiéramos sido hijos de la Reina Victoria creo que no nos hubieran tratado tan tan bien. Nos volvimos a sentir como dos niños mimados a morir. Comimos rico, bebimos, conversamos, vimos tele (por fin!!) y paseamos por lugares interensantísimos. Uno de ellos, el club Marconi, una especie de casino-restaurant-discoteque-bar-lugar de buena onda que estaba cerca de la casa de Andy y a donde van a esparcirse todos los latinos de la zona. Ahí tocaba un grupo con un cantante chileno que se paseó por casi todos los clásicos del sur, entiéndase cumbia, salsa, ranchera, villera, tango, mambo, chachachá, guaracha, foxtrox y tecnotronix. Mucha gente bailaba, incluso aquellos que por su edad y sus habilidades debían quedarse sentados. Nosotros le sacamos brillo a la pista con un trío de salsitas, pero mis tutitos resintieron la falta de práctica. Funes, por su parte, sacó al baile sus mejores pasos para lucirse frente a un trío de señoras que lo miraban enloquecidas.




El domingo Andy y su señora Erika nos llevaron a Cabramatta, uno de los suburbios de la ciudad en donde más asiáticos viven. Y se nota. Paseamos por una calle estilo Meiggs que tenía en uno de sus paseos un portal chino y unas estatuas preciosas de sus animales sagrados. Todos los letreros estaban en chino. No saben lo extraño que es saber que supuestamente estás en una ciudad occidental y ver todo ese despliegue de Oriente frente a tus ojos.

El almuerzo, un asadito que duró por lo menos unas cuatro horas en la parrilla y una en la mesa del comedor y que nos hizo recordar los domingos familiares en Chile. Todo exquisto. Creo que al final del día ya estábamos al borde de la intoxicación, pero sobrevivimos. La vuelta a la ciudad fue el lunes en la mañana, en un tren en donde todos iban a sus trabajos, algunos bostezando, otros durmiendo o haciéndose los dormidos en sus asientos (porque eso pasa en todo el mundo, queridos nuestros) y nosotros de pie, felices después de un fin de semana tan próspero. En la ciudad nos esperaba el bar Cheers para ponernos la camiseta con la selección chilena... como ven, es difícil dejar la patria grande atrás.

martes, 24 de marzo de 2009

Comer en Sydney

Estimados todos: debido a ciertas voces que reclamaron mi participación en este blog es que me hago presente comentando algunas cosas de la vida en esta empanada gigante que viene a ser Australia.

Hoy el post estará referido a la comida. Sí, señores, pues es uno de los hábitos (junto con el sueño) más difíciles de asimilar cuando uno recorre unos cuantos kilómetros lejos del territorio nacional. El primer y más chocante cambio ocurre cuando a uno se le ocurre ver los precios de los vegetales y frutales en algún supermercado (si usted es peregrino habitual de ferias libres y almacenes de barrio donde le fían papas y cebollas, NO venga a Australia, pues aquí no hay!!!). Los precios son claramente más caros que en Chile e inclusive se miden con distinta vara: aquí es posible comprar el morrón, el ajo y los champiñones por kilo, y las paltas, cebollas y limones por unidad!!! Mención aparte es la sección carnívora. Aquí le comen ternera, pato, canguro (sí, canguro), sin decir agua va. Lamentablemente, mi precario inglés no me permite discriminar entre los cortes de carne, pero dados los precios y para tranquilidad nuestra, el vacuno, el chancho y el pollo cuestan casi lo mismo que en Chile.

A la hora de beber, los australianos son bastante simples: cerveza, vino o whiskey. Hemos probado algunas cervezas en estos días de calor, entre ellas Toohey's, Kingsfighter, Pale Ale, Guiness... personalmente, me quedo con la Toohey's. De todas formas, es muy común ver a gente en un bar a las cuatro de la tarde cheleando. La diferencia fundamental con Chile radica en que aquí, más que botillerías, hay bares y estos están casi en cada cuadra. También ya hemos tenido tiempo de probar vinos australianos y confieso que esperaba menos. Sin ser entendido en vinos, lo que hemos tomado hasta ahora pasa la prueba. Incluso el otro día descubrimos, cerca del puerto, una botillería que promocionaba vinos chilenos. Es emocionante ver tan lejos un Gato Negro y un Casillero del Diablo relucientes en la vitrina. Lo único malo del vino australiano es el precio: 3 lucas el más pasable. Aunque como Australia también es democrático, existe la versión cangura de nuestro querido guatero galáctico (vino en bolsa de aluminio que viene en caja), por luca y media.

Sydney está lleno de restaurantes de los más variados tipos. Por la Broadway Street, algo así como Providencia, se ven negocios tailandeses, vietnamitas, chinos (de los de verdad), libaneses por docena, pero lejos lo mejor que hemos probado, es lo que comimos anoche...

Celebrábamos nuestro segundo mes de casados y pese a que la plata no sobra, decidimos comer en algún restaurant del barrio. Llegamos a uno llamado "The Holy Cow" (La Vaca Sagrada), donde, como supondrán, vendían comida india. Partimos con unos arrollados primavera, pero de zanahoria, berenjena y sésamo, nada mal aunque levemente picantes. El plato fuerte resultó ser relamente fuerte. Margarita se comió un pollo con salsa dulce de crema y tomate, más algunas hierbas exóticas y condimentos. Yo por mi parte probé un plato llamado Roganjosh, es decir, trozos de cordero con ajo, tomate, morrón y todas las especias por las cuales Cristóbal Colón decidió salir a darse una vuelta. En pocas palabras, el plato estaba IN-CRE-I-BLE. Creo que nunca he comido algo de esa categoría. En la noche sentía el olor del curry en todas partes, pero creo que mi nuevo fetiche es la comida hindú. De postre, unas bolitas de queso fritas con almíbar, que bautizamos vulgarmente como "Los cocos de Krishna". Es sorprendente la cantidad de cosas que se pueden ver en este lado del mundo.

Como verán, de hambre no hemos muerto.

sábado, 21 de marzo de 2009

Un paseo por la ciudad


Así es, queridos todos, ayer sábado nos dimos el gusto de salir a pasear por la ciudad, luego de haber casi resuelto el tema del departamento (lo que les contaré luego, en otro post). Nuestra intención primera era asistir al Harmony Festival en Ultimo, uno de los barrios aquí en Sydney. El día anterior Funes había visto un anuncio en el diario del tren y la invitación no podía ser más amorosa, así que decidimos darnos una vuelta por ahí. Caminamos y caminamos y caminamos por Harry St hasta que dimos con un pequeño barrio de casas antiguas unidas por un parque central en donde se estaba realizando el festival.

El festival era una fiesta de barrio pero al estilo primermundo, obviamente. La organización era excelente, había dos escenarios, uno para grandes y otro para chicos, stands de comida de diferentes países, stands de información turística, de salud, de artesanías e incluso (válgame el cielo) un stand del Partido Comunista. Cuando llegamos, en el escenario de los niños había un ventrilocuo con un ñandú gigante que tenía a los enanos muertos de la risa (yo honestamente entendí bastante poco...) y en el escenario principal una banda de jazz de la escuela del barrio. Buena, pero no qué bruuuto que excelente (qué envidiosa!!). Después de ellos vino un grupo gospell africano, con integrantes de diferentes países de ese hermoso continente. Un show excelente. Mientras disfrutábamos de la música negra comíamos una german sausage con tomato sauce y onions (que es como un completo pero solo con chukrut y ketchup).

Nos dimos otras vueltas y volvimos al escenario de los niños donde un percusionista ghanés les enseñaba a los gringuitos a tocar el drum... qué puedo decirles, es increíble la falta de ritmo de estas personas, desde la más tierna infancia son incapaces de seguir el bip. Cómo será la cosa que mientras movía mis patitas al ritmo del tambor un gringo con cara de sicópata me preguntó si era de Brasil... oukeeeii, amigo!! Para rematarla quiso hacerse el chistosito diciéndome unas palabras en español que para mí fueron zwajili… No sé qué cara le puse pero fue suficiente para espantar al syko pelirrojo que casi arruinó mi tarde de druming…



A eso de las cuatro de la tarde el festival estaba llegando a su fin, así que decidimos emprender nuevamente el camino, esta vez con destino al mar. Porque, queridos, aunque ustedes no lo crean, no habíamos visto el mar de esta ciudad, lo que es una ignominia considerando que Sydney tiene agua por todos lados. Así que seguimos subiendo la cuesta (como recordarán, aquí casi todas las calles tienen un tramo de cuesta) hasta que llegamos a una encrucijada: Darling Harbour o Fish Market? El primero es uno de los puertos importantes de la ciudad; el segundo, el mercado de pescado. Nuestro estómagos decidieron por nosotros así que enfilamos hacía Fish Market.


El olor en la entrada era el mismo que ustedes pueden encontrar en los mercados de Valparaíso o cualquier caleta de nuestra fajita de tierra: putrefacto. Lo que vimos del mercado era bastante igual que acá, solo que aquí además de vender el pescado crudo también puedes comprarlo preparado, como comida para llevar o casi como fast food. Lo que la lleva es la preparación asiática, tailandesa o japonesa preferentemente. El mercado era bastante pequeño para ser honestos pero tenía a su favor un pequeño borde a la orilla del mar en donde uno podía sentarse a comer cómodamente lo que hubiera comprado en las tiendas o incluso traer su propia comida. Humildemente nosotros nos compramos dos brochetitas, una de pulpo y otra de camarones (en total 6 dólares) y una ensalada de frutas (3 dólares), y nos sentamos a comer mientras el resto se devoraba platos de papas fritas con pescado o tragaba y tragaba vino blanco o cerveza heladita… Desde ahí podíamos ver el Anzac Bridge, una de las postales de esta ciudad.


Mi querido Funes estaba ansioso por conocer otro suburbio de la ciudad, Rhodes, así que del Fish Market nos fuimos a la Central Station a tomar el tren, experiencia novedosa para mí pero no para mi partner. La Estación central recibe a casi todas las líneas de tren que recorren la ciudad, que son muchas. Para ir a destino debes buscar en una pantalla el número de plataforma que corresponde y la hora en que pasará tu tren. Los trenes no se detienen necesariamente en todas las estaciones así que hay que ser cuidadoso con tomar el adecuado porque si no puedes terminar con los aborígenes comiendo kaguro asado… además, hay estaciones en las que no tienes que pasar por un torniquete para entrar y tomar el tren, por lo que cualquiera podría subirse al gratín. Pero si te pilla la policía de tránsito son 200 dólares de multita…

El tren que tomamos va por arriba de la ciudad, así que pudimos ir disfrutando del paisaje. Rhodes es un barrio más cuico, una especie de Vitacura de Santiago pero con el mar a los pies de la calle. Los departamentos son increíbles, todos con vista al brazo de mar que entra en este lado. Más tarde descubrimos en un mapa que era el mismo mar que habíamos visto temprano en Fish Market. Ya estaba oscureciendo cuando paseamos por el borde costero y podíamos ver las luces al otro lado del agua y los aviones saliendo y llegando del aeropuerto Kingford Smith, un poco más al sur de Rodhes.

Tomamos el tren de vuelta, rodeados de juventud dirigiéndose al carrete, cansados y con los pies adoloridos pero contentos de haber visto un poquito más de esta ciudad tan gigante. Nuestra próxima meta: Opera house.
Y próximamente (crucen los dedos): nuestro departamento.

jueves, 19 de marzo de 2009

Un fin de semana con la familia


No había tenido tiempo para escribir sobre esto, pero el fin de semana pasado tuvimos un agradable encuentro con parte de la familia Vidal en Sydney. Así es, queridos, aunque no lo crean, los Vidales estamos en todas partes del mundo. Según Funes, cada curadito que está tirado en la calle es un Vidal, pero no es para tanto...

Pues bien, aquí en Sydney viven dos primos de apellido Painemilla Vidal, que comparten generación con mi papá y no conmigo. Sin exagerar, a uno de ellos no lo había visto nunca en mi vida y al otro lo vi una vez y resultó que él se acordaba de todos mis hermanos pero no de mí. Antes de que viajáramos a Sydney una de sus hermanas nos dio sus números de teléfono, "en caso de cuaquier cosa". Como yo no los conocía estaba un poco reticente a llamarlos porque, para qué estamos con cosas, yo era un recuerdo borroso en sus mentes y no quería transformarme en una penosa obligación para ellos. Pensé entonces guardar sus números para un caso de extrema urgencia, entiéndase enfermedad, banca rota, cárcel, dieciocho de septiembre y otros.

Pero como Funes es un cargante obsesivo que no se rinde jamás, insistió e insistió e insistió para que los llamara y les dijera por último "hola, estamos aquí, cualquier cosa los llamamos". Así que los llamé un día cualquiera, bastante nerviosa por supuesto porque no sabía si se acordaban siquiera de hablar español. Suena el teléfono y me contesta una voz de mujer en inglés, "hello, is Andrés Painemilla?" "Who is calling?" "Well, I am a chilean cousin, Margarita Vidal, hija del Pato Vidal", " Aaahh, sí, sí, Margarita...". Resumiendo, hablé con Andrés y quedamos de juntarnos al día siguiente, domingo para ser exactos.

Llegaron al hostal a eso de las 12. El saludo fue más bien normal, como cuando uno saluda a alguien que recién viene conociendo. Pero luego fuimos a un bar cerca (no es por alcohólicos, es que era lo único cerca donde podíamos sentarnos porque no podíamos quedarnos en el hostal) y ahí entre cerveza y cerveza fueron mostrando sus intenciones. Y qué puedo decir, venían con las mejores intenciones de ayudarnos, de saber de nosotros, de preguntar por la familia en Chile , es decir, de ser realmente nuestra familia aquí en Sydney. El Andrés se demoró un minuto en subir a Funes al columpio. Nos invitaron a almorzar a la casa y antes de eso nos llevaron a la inspección de un departamento, entraron con nosotros, le hicieron preguntas a la dueña, o sea, integrados totalmente a nuestro pequeño núcleo familiar (o más bien, intentando integrarnos a nosotros).

Nos fuimos a la casa de Lalo, un departamento muy bonito en los suburbios, como a media hora de la ciudad. Ahí nos prepararon una bbq (barbeque), que en puro y simple chileno es un rico asado, pero con carne gringa. La esposa de Lalo era una señora muy simpática, que nos brindó su rica ensalada a la chilena y el infaltable arroz para acompañar el vacuno. Comimos, conversamos, nos reímos, recibimos consejos, cerveza e inesperadamente mucha preocupación y afecto de estas personas que, aunque unidas a nosotros por lazos de sangre, no tenían por qué haberse preocupado tanto.

Cuando ya se hizo de noche Lalo nos trajo de vuelta al hostal en su auto y reiteró el ofrecimiento de ayuda en caso de cualquier necesidad. Yo estaba realmente asombrada por su preocupación y cariño pero, desconfiada de mí, pensé que no sabríamos de ellos en mucho tiempo más...

Ayer salimos a ver un departamento y cuando veníamos de vuelta sonó mi celular. Era Lalo, quería saber cómo estábamos y cómo nos iba con la búsqueda de departamento...
Qué lindo es contar con la familia!

martes, 17 de marzo de 2009

St Patrick's day/ primer día de clases, ahora sí

Así es, fellows, hoy fue mi verdadero primer día de clases, que afortunadamente para Funes coincidió con St Patrick's day. Y digo afortunadamente porque mientras yo me machacaba la testa con las linking words (o marcadores discursivos), el señorito disfrutaba de una cervecita helada en la barra de un bar en George St, sumándose a la celebración de este día. Hasta donde sé, esta es una fiesta irlandesa que celebra al santo patrono de ese país. Ahora, claramente no estamos en Irlanda, pero me imagino dos explicaciones para la celebración: uno, como Australia fue en sus comienzos una colonia penitenciaria a la que llegaron no solo ladrones comunes y corrientes sino también revolucionarios y anarquistas, probablemente muchos de sus primeros habitantes anglo hayan sido irlandeses, lo que explicaria el porqué de la fiesta; y dos, porque, pa que estamos con cosas, si es por tener una fecha pa chelear libremente y disfrazarse y andar feliz por las calles uno puede celebrar hasta el día del níspero.

Pero bueno, la cosa es que acá mucha gente celebró hoy el St Patrick's day, incluido Funes se ganó una gorra en el bar y hasta se hizo un tatuaje alusivo*. Y mientras eso pasaba, yo estaba en Insearch comenzando mis clases de inglés. Llegué un poco tarde, justo cuando la profesora decía mi nombre en la lista (ayy, qué entrada más triunfal). Me senté junto a un iraní y una china, ambos muy simpáticos, y me tocó trabajar en grupo con ellos y con una niña que yo en un comienzo pensé que era latina (entiéndanme: es gordita, morena, patitas cortas, pelo oscuro... o sea) y terminó siendo de Indonesia. En fin, todos muy simpáticos, incluida la profe. Somos como 15 estudiantes, la mayoría chinos. Un par de vietnamitas, una niña de Líbano, el iraní, la indonesia y yo completamos la nómina.

Datos freaks: dos cosas me llamaron la atención en mis compañeros:

1. La niña china, cuyo nombre es Qian Zhang (/tzian/ se dice su nombre o algo así) y cuyo seudónimo inglés es Shandy (todos los chinos tienen nombre inglés) se mostró muy preocupada por su desempeño en el curso y por su futuro académico. Cuando le comenté que iba a hacer el doctorado casi que me hizo una reverencia y me preguntó si acaso tenía miedo a fracasar y no alcanzar mi objetivos... ou kei, amiga, ni siquiera empezamos aún! Le comenté a Funes y su explicación es que los chinos tienen un alto sentido de la competitividad. Algún chinófilo lector quizás pueda contribuir y explicarnos este miedo al fracaso. A priori creo que lo relacionaría con el sentido del honor o algo así, pero aún es poco lo que sé de mis amigos chinos.
2. Ramal, el iraní, sabía algo de Chile!!!!! Me dibujó en un papel lo siguiente:


Oh, qué será, qué sera... con su acento extraño me costó entenderle al comienzo, pero luego me iluminé: "chilean clothes". Chilean clothes!! Increíble. Lo último que hubiera pensado que alguien podía conocer de Chile es la chupalla y el poncho de los huasos. Qué Pablo Neruda, qué vinos chilenos, qué Pinochet: solo los humildes y tradicionales poncho y chupalla chilenos.

Al final de la tarde (las clases son de 1:30 a 6:00) ya me costaba hablar en inglés y salpicaba palabras en español a destajo. Gracias a Rafiki me encontré con Funes en un Internet coffee (mi amiga Eve se moriría si lo viera) y pude por fin desconectarme el micrófono anglo.

Y ahora, terrícolas, I've got homework to do!!

*Para tranquilidad de madres y otros, el tatuaje de Funes es falso, del tipo tatuaje-de-regalo-con-tu-lolypop, se entiende, no?


lunes, 16 de marzo de 2009

Primer día en la escuela de inglés

Hoy lunes 16 de marzo fue mi primer día en Insearch, el instituto de inglés dependiente de la University of Technology of Sydney, en donde próximamente comenzaré el doctorado. Acá los primeros días de cada programa de estudios se conocen como “Orientation day” y sirven para que cada polluelo recién llegado conozca el lugar y sus correspondientes reglas. Así que hoy me tocó apersonarme en Quay St (que yo pronunciaba como /kuai/ pero que se pronuncia como /ki/) para hacer los trámites propios del primer día de clases. Y como primer día de clases en una nueva ciudad y un nuevo país, me fui de la mano acompañada por mi Funes. Nos despertamos muy temprano (el jet lag todavía no nos suelta) y caminamos tranquilamente las cerca de 8 cuadras que hay entre el hostal y la universidad, disfrutando de la brisa matutina propia de las ciudades con mar.

Llegando a Insearch nos dimos cuenta del grado de organización de estas personas: en la puerta de 8 Quay St, que era la dirección que nos habían dado en un principio, había un señor sentado con un cartelito en su mano que decía “New students Insearch”. Nos indicó que debíamos caminar hasta la siguiente esquina, donde había un hombre joven con otro cartel que nos indicó a su vez que cruzáramos la calle hasta la siguiente niña con cartelito. Nos sentíamos casi como Dorothy en Oz con los enanitos diciendo “sigue el camino amarillo”.


En Insearch comenzó el proceso de inscripción, que fue bastante expedito y muy organizado. La distribución demográfica de los estudiantes era evidente: 85% asiáticos, 10% árabes y 5% resto del mundo, entre europeos y sudamericanos. Cosa nada rara considerando que estos días hemos visto en las calles casi pura chinese people (que no son todos chinos pero para nosotros es como lo mismo, sin ofender, claro). Datos freaks: las asiáticas andan todas o casi todas muy bien vestidas, como muñequitas con zapatitos de taco y vestidos. Los hombres andan con mucha tecnología encima, sus potentes celulares, reproductores de música y demases. Otros más ñoños andan con los libros de biología celular o química de los metales pesados o vaya a saber uno qué otras cosas. Entre los árabes, dos cosas son comunes: aunque son solo hombres jóvenes, entre 20 y 25, todos cultivan una frondosa barba y además usan unos relojes de lujo que cualquier lanza chileno quisiera arrebatarles. Por lo que pude ver hoy, solo conversan entre hombres, las mujeres hacen grupo aparte. Muchas usan velos al estilo musulmán e incluso algunas van acompañadas de sus maridos. Las niñas japonesas son como Sailor Moon, chillonas y escandalosas. Es como ver un monito animado. Latinos, casi nada y solo vi a unas niñas no asiáticas que inmediatamente se juntaron entre sí. Creo que evitaré ese tipo de encierro y trataré de comunicarme con el resto de la gente.

Al final del día nos dieron nuestro nivel y el horario de clases. Estoy en nivel 8 de 9, lo que es muy bueno… aunque aún tengo mis dudas sobre la evaluación, no me imaginé que tendría tan buen nivel. Veremos cómo fluye la cosa estos días. Por mientras, mi querido Funes está buscando un curso de inglés en otros institutos y probablemente comience la próxima semana o la siguiente. Sobre departamento, nada aún para nosotros, pero uno de los chilenos que está aquí ya encontró un lugar. Mantenemos la esperanza!!

Eso es todo por hoy. Fotos y noticias pronto*

*Lo de las fotos está difícil porque hemos sacado muy pocas y porque en el desorden de maletas no encontramos el cable… CUEK!

sábado, 14 de marzo de 2009

Looking for a place to live part 1



Nuestros primeros días en Sydney no han sido precisamente de turisteo... por ahora, nuestra principal preocupación ha sido encontrar un lugar para estabilizarnos y dejar el hostal, que aunque es ameno y relativamente barato, es incómodo si pensamos estar más de dos semanas. Un pequeño ejemplo: he estado usando alternativamente dos pantalones que pude rescatar de una de las maletas, porque los otros están metidos en el saco marinero con zapatos, botellas de vino y libros. Menos mal que la gente por acá no se fija mucho en la pinta y usan la misma ropa por dos o tres días seguidos. El problema es que ahora estamos con dos chilenos en la pieza y ahí si que se nota si uno anda como monito animado...

El punto es que hemos estado buscando un lugar para vivir y eso ha sido una tierna aventura. Primero que todo, el sistema para arrendar deptos es muy diferente del de Chile: como los lugares son pocos y la gente es mucha, uno entra en una especie de concurso para arrendar un depto. Los anuncios por internet o en el diario señalan la dirección y el "time for inspection" que generalmente dura quince minutos: o sea, tienes que estar puntualmente a la hora o chao depto. Una vez ahí te encuentras con 4 o 5 personas más que ven contigo el depto. Si te interesa de veras, llenas una application form (aquí para todo hay que llenar una application form) y luego la remites a la corredora de propiedades. Ahí se te asigna cierto puntaje según tus datos, si eres aussie o no, si tienes visa, si tienes trabajo, cuenta corriente, etc. El que tiene más puntos, gana y se queda con el depto.

Y bueno, nosotros entramos en el concurso y el día sábado fuimos a ver 4 lugares diferentes. El primero quedaba cerca del hostal, era un edificio que habíamos visto y que nos había gustado desde el comienzo. Llegamos ahí pensando inocentemente que seríamos los únicos, pero no. El grupo de concursantes se conformó de un par de chilenos (nosotros), un sujeto tipo pakistán, un sujeto tipo coreano, dos amigas indias y dos gemelos tipo serbio-herzegovino o algo así (uno con cara de pavo que no se la podía). Hasta ahí, todo bien, pensamos, la competencia es equilibrada porque no hay ni un nativo. Llego el señor de la corredora y nos llevó por un costado del edificio al studio que nos mostraría. Emocionados caminamos por un caminito de piedra rodeado de plantitas, oyendo el canto de los pájaros de la mañana y sintiendo el sol en nuestros rostros. Una vez en la puerta, la emoción fue mayor, pensando que encontraríamos el lugar perfecto para comenzar nuestra vida australiana y cuando abrió la puerta y lo vimos tuvimos esa tan conocida sensación que muchas veces uno tiene en su vida: "y esta hueá es???"

Describo: un lavamanos a la entrada (no sé por qué), un baño decente (el lado bueno) y un ambiente de 3x3 con cocina americana... o sea, te cabe una cama, una silla y una mesa y chao. Y todo por 275 dolares por semana, unas 400 lucas mensuales. O sea... nada de lo que hubieramos pensando. Ni las viviendas básicas en Chile deben ser tan básicas como lo era este lugar. Lo más impresionante es que hubo interesados reales en el depto, que se llevaron su application form y todo. Dato aparte fue que no le entendimos pelota al corredor, porque era australiano de tomo y lomo y hablaba con ese acento maledeto entre inglés y alemán o no sé qué.

Pero bueno, no nos echamos a morir y seguimos con nuestra lista de búsqueda. A las 12 del día otro studio, un poco más lejos, en Chippendale (que yo antes pensaba que era Chip & Dale). De nuevo, unas 4 personas más. Esta vez el calor era un poco más sofocante y la humedad era mayor, por lo que en mi mente pensaba "ojalá que sea este el indicado y no tengamos que pasar por esto de nuevo". Llegó el corredor y subimos hasta un tercer piso por unas escaleras angostas, aromatizadas con algo como salsa de soya, wantán y arrollado primavera, todo junto. El espectáculo que vimos fue aun más deprimente que nuestra primera experiencia: un baño ínfimo a la entrada del depto (supongo que para que los olores fluyan) y un ambiente de 3x2 con un sofá cama que ocupaba el 80% del espacio. Triste, triste, triste. Huimos despavoridos y desesperanzados.

En la tarde, después de almuerzo, recuperamos las energías y fuimos a ver otro depto en Surry Hills. Tuvimos que caminar por calles estilo Valparaíso de mi amor, subiendo y bajando una y otra vez. Llegamos a Crown St, una calle llena de restaurantes vietnamitas, tailandeses, japoneses, chinos, una cosa muy cosmopolita y a primera vista muy entretenida. Buscando la dirección dimos con un restaurant vietnamita, arriba del cual estaba el depto en cuestión. Esta vez la cosa fue mucho mejor, tenía dos ambientes, una cocina más o menos amplia, una terraza interensante (donde me imaginé una mesita en las tardes tomando alguito y mirando caer el sol) y algunos problemas menores de pintura en las murallas. Muy interesados pedimos un application form a la corredora y cuando íbamos saliendo echamos un vistazo loco al baño... HORROR!!!! No tenía ducha!!! Mejor dicho, tenía la regadera pegada a la muralla y una cortina, pero no había ducha o tina o nada parecido. El agua debía caer en un hoyito en el suelo. Además, el lavamanos parecía de juguete. Una nueva desilusión.

Finalmente, a eso de las 7 y media cambiamos de criterio y fuimos a ver un departamento compartido con otros estudiantes. Caminamos bastante por Glebe St, también de subida (acá casi todas las calles tienen algún tramo de subida) y con las nubes amenazando con llover en cualquier momento. Cuando llegamos nos atendió Teresa, nombre artístico de una estudiante coreana muy amable. Nos mostró la pieza, que se veía decente y nos presentó a sus compañeras de depto que eran -perdón por la expresión- dos pequeñas morsas varadas en el living viendo "La era del hielo". Ni siquiera se molestaron en decir hola. Esa recepción fue suficiente para mí y consideré que no quería compartir casa con personas tan poco amistosas (basta con que yo sea un ermitaño). Así que, a pesar de que Teresa fue muy amable, salimos de ahí sabiendo que no volveríamos jamás...

Así terminó nuestro primer día de búsqueda. Lo bueno de ese día fue que conocimos diferentes lugares, caminamos hasta destruir nuestros piececitos de niños y nos empapamos con la primera lluvia australiana de nuestras vidas. Y bueno, para rematar, una cervecita con los amigos chilenos en Surry Hills. Como dice un sabio pakistaní, cada día tiene algo bueno.

jueves, 12 de marzo de 2009

Llegamos!

Así es, amigos y amigas, ya tenemos nuestros pies morenos en la tierra de los canguros. Partimos de Santiago de Chile el 10 de marzo a las 23:05 y llegamos a Sydney el 12 de marzo a las 7:30. El vuelo duró 18 horas, tal como estaba pronosticado. Hay tantas cosas que contar...

Como los últimos acontecimientos de nuestras vidas se sucedieron tan rápidos, toda la preparación del viaje fue a última hora. Terminamos de armar las maletas como una hora antes de salir al aeropuerto y hasta el momento no nos ha faltado nada, lo que prueba que hacer las cosas bajo presión tiene sus beneficios. Hasta el momento, la organización de las maletas nos ha permitido encontrar todo en el preciso instante en que es necesario. El único problema fue que tuvimos un pequeño desequilibrio en la repartija del peso entre las maletas: podíamos llevar cada uno dos maletas de 23 kilos cada una, y armamos una con 16 y otra con 33, hecho del que nos percatamos solo en el counter cuando fuimos a hacer el check in. Resultado: trasvasije rápido y alocado de vinos, pisco, libros y otros para lograr el peso adecuado. Finalmente logramos un peso más razonable según los parámetros de Lan y pudimos entregar nuestras maletas. De todas maneras, me fui todo el viaje pensando en que nuestros vinos se romperían y que perderíamos el único vino de diez lucas que hemos comprado en nuestra vida. Gracias al dios Kanguru, todo llegó sano y salvo a destino.

Al aeropuerto nos acompañó toda nuestra familia y algunos apreciables amigos. Fue hermoso tenerlos a todos con nosotros, pero de todas maneras no pude dejar de sentir una especie de vacío: estaban todos ahí pero yo no podía estar con todos a la vez. Además, mi cabeza vagaba pensando en lo que se venía. A pesar de eso, tener con nosotros a nuestros padres, abuela, hermanos y hermanas, tíos y tías, primos y primas fue un lujo que no podía faltar. Según vi, eramos los viajeros con la comitiva más numerosa.
La despedida fue larga y emotiva, como lo son todas las despedidas que recorrerán un largo camino hasta el próximo encuentro. Funes se mantuvo firme y sonriente, pero yo no pude evitar las lágrimas. Qué se le va a hacer, al fin de cuentas soy humana. Cuando estábamos en la caseta de policía internacional me asomaba a decir chao y veía muchas manos moviéndose de un lado a otro. No saben lo acompañado que eso lo hace sentir a uno...
Llegamos por fin a embarcar. Como el mundo es un pañuelo, Funes se encontró con un compañero de la universidad en el mismo vuelo, solo que en clase ejecutiva (maldito suertudo). En el avión nos tocó la fila de en medio y justo los dos asientos de en medio, es decir, estábamos rodeados. A mi lado se sentó una inglesa muy simpática, con quien tuve la oportunidad de empezar a aceitar mi inglés-aprendido-del-colegio. A Funes le tocó junto a una brasilera corta de genio que no le habló ni una palabra en todo el viaje. Pero con la inglesa fue suficiente, nos hablaba y hablaba y ponía presión para que juntáramos palabras en inglés de manera coherente... menos mal que empezó la "entretención a bordo" y cada uno quedo enchufado a su pantallita amiga.
Durante el vuelo nos sirvieron rica comida y todo hubiera sido perfecto si la azafata que atendía mi lado no hubiera sido tan xenófoba. A todos los gringos rubios los atendía de maravilla pero a mí me trataba con el mínimo aceptable. A la inglesa a mi lado le ofrecía un cuanto hay y yo tuve que llamarla para que me diera una tacita de té después de la cena, porque no me la ofreció como se la había ofrecido a la otra. Al comienzo pensé que sería despistada, pero cada vez que le tocó servir fue lo mismo. La azafata, obviamente chilena, se parecía a Karen Paola de Mekano (perdón por la referencia) y al parecer estaba recién comenzando a trabajar, porque era lenta y torpe como ella sola. En fin, no me hice mala sangre y me acomodé para tratar de dormir un poco.
Llegamos a Auckland a eso de las 4 de la mañana. Ahí pudimos bajarnos y estirar las piernas un poco. Recién ahí me sentí fuera de Chilito y preocupada porque, según yo, desde ese punto en adelante solo habría inglés para nosotros... ja ja ja, ilusa de mí. En ese lugar ya pudimos empezar a ver caras diferentes, muchos asiáticos, muchas personas con cara de hawaianos (lo siento, no sé precisamente cual es su origen, pero lo primero que pensé es que era de Tahiti o algo así). Todo el mundo muy muy amable. Luego, de vuelta al avión y tres horas más de vuelo hasta Sydney. Cuando ya faltaba poco para aterrizar comenzó a salir el sol y pudimos ver la isla desde el encierro de nuestros asientos. En ese momento nos dijimos: "esto es, ya estamos, ya salimos de Chile". La pista de aterrizaje estaba rodeada de agua y nos dio la impresión de que descendíamos sobre el mar...
Y así, nos bajamos del avión con el sol saliendo por la costa (acá solo hay costas!) y enfilamos en busca de nuestro equipaje. Una vez recogido, nos fuimos a una revisión de cuarentena. En la fila una mujer se nos acercó a preguntar si traíamos algo que debieramos declarar y le respondimos de la manera más honesta posible. En esas situaciones es cuando uno recuerda todas las películas gringas que tienen lugar en países exóticos en donde por no hablar bien el idioma autóctono o por no comprender las costumbres del lugar el protagonista es encarcelado en una celda de piedra, húmeda, sin luz y con ratas corriendo en la oscuridad... felizmente, todo estaba en regla con nuestro equipaje, tanto que ni siquiera tuvimos que abrirlo. Dichosos con nuestras maletitas salimos entonces del aeropuerto y tuvimos nuestra primera visión del cielo aussie, un cielo claro, brillante, azul, como los días después de la lluvia en Santiago de Chile.

PD: en próximas entradas daremos más noticias sobre Sydney.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Fin de un camino


Hace un mes que no ponía al día este diario, pero ha sido por razones de esclavitud mayor. En este momento me encuentro en la sala de postgrado de la universidad, esperando a que venga don Guillermo a cambiar la tinta de la impresora para poder por fin imprimir la tesis y entregar las copias anilladas... por fin, por fin, por fin.
Ha sido un mes y algo más de mucha presión por terminar la tesis. Ahora que ya he llegado a un fin, veo lo kamikaze que fui al emprender tantas tareas de una sola vez, pero no me arrepiento. Estos meses han sido los más extremos que hemos tenido hasta este punto de nuestra vida y no nos arrepentimos. Un breve esquema de la acción del último semestre:
1. En septiembre, Anita, mi hermana pequeña, en una acción anarquista y revolucionaría se lanza en contra de una micro del Transantiago (esto es irónico, por si acaso). Consecuencias: dos meses en el hospital, implantes de piel, una vértebra rota, una "llamada de emergencia" y Anita casi al borde de la muerte por una septicemia de la que nos enteramos cuando ya todo había pasado.
2. Un poco antes, en agosto, decidimos el matrimonio Funes-Vidal. En ese momento no nos imaginábamos todo el trabajo que iba a significar esa decisión... gracias a Buda, porque si no quizás hubieramos decidido vivir en pecado.
3. Al mismo tiempo (ay, no sé que nos dio por hacerlo todo de una vez) la postulación a la Beca. Proceso largo y tedioso, papeles y trámites varios que finalmente dieron su fruto.
4. En agosto comencé mi trabajo en la editorial. Creo que ha sido una de las experiencias más entretenidas que he tenido en mucho tiempo. Ojalá se repita.
5. Durante el segundo semestre fui profesora en la universidad, o mejor dicho, "instructor adjunto". Aunque solo era un ramo, tuve que trabajar mucho para que todo saliera bien. Y parece que así fue, porque me pidieron que siguiera con el curso este semestre, cosa que será imposible, pero por lo menos queda el precedente.
6. Matrimonio civil y religioso, diciembre 2008 y enero 2009. Lo mejor del año!
7. Finalmente, la tesis del magister. Oh, my lord, qué camino. Estrecho y pedregoso, estilo camino en bus a Machu Pichu con piedras cayendo por los lados. Anduve un poco a ciegas todo el trayecto, porque tenía la cabeza nublada con el resto de las cosas de la lista. No pude hacer la tesis que esperaba y que el resto esperaba de mí, ciertamente. Mi triste desempeño quedó reflejado en la calificación, que fue la peor nota que me he sacado en mi vida de estudiante en un trabajo de esta envergadura.
Cuál es la parte buena de esto? Que ahora, con un fin de semana de por medio, veo qué hice mal y cómo debí haberlo hecho. Que siento que debería empezar todo de nuevo y esta vez sabría como hacerlo. Cómo será cuando ya haya pasado un mes!
Gracias a mis ancestros protectores es un camino que no tengo que desandar y andar de nuevo...

Así que aquí estoy, en la sala de postgrado, esperando a don Guillermo que no vendrá porque él no puede pedir la tinta para cambiar la impresora. Así que tendré que buscar otro lugar para imprimirla. Y yo, inocente paloma, que pensaba que esto sería poner el pendrive y aceptar...
Parece que hay caminos que nunca se acaban.