
Así es, amigos, esta ciudad está llena de amiguirijillos. Al contrario de lo que uno pensaría de un país primermundista y desarrollado, acá el 90 por ciento de la gente es amigable. Extremadamente amigable. Donde sea que vayamos, siempre hay alguien con una sonrisa a flor de piel para recibirte: en el banco, el un bazar, en un café, en la isapre, en la farmacia. No sé si ya he hablado sobre esto (la realidad escrita se me confunde con la realidad real) pero esta masiva expresión de alegría me ha pillado un poco mal parada y muchas veces he sido incapaz de responder con la misma amabilidad...
Algunos ejemplos para que vean que acá realmente love is in the air. Nuestra sucursal del banco queda a unos pasos del depto, pero no habíamos ido hace tiempo porque lo hacemos todo por internet. Sin embargo, el otro día pasamos por ahí y nuestro cajero amigo Rafik, aunque estaba en otra ventanilla y no nos atendió, se dio el tiempo para reconocernos y saludarnos con una terrible sonrisa desde su pedacito de vidrio. Como no fue necesario un contacto directo que implicara lenguaje verbal, pude responderle con casi la misma simpatía.
El fin de semana salimos a pasear a Newtown, un suburbio estilo Bellavista pero mucho más grande y mucho más top. Tomamos cafecito y comimos pasteles en un par de lugares muy chics y fuimos tratados como reyes a pesar de nuestras pintas domingueras (jeans y polerones). En ambos lugares la gente era encantadora y todos te preguntaban "cómo estás hoy, cómo estuvo todo, todo bien?, me alegro que les haya gustado". Es terrible tanta alegría.
Lo que más nos ha impresionado estos días ha sido, en realidad, la visita a la farmacia. Fuimos a comprar un par de cosas y quedamos perplejos. Las farmacias en Chile para mí siempre fueron campos de batalla, donde los farmacéuticos eran tus enemigos a muerte porque siempre intentaban venderte el medicamento más caro y nunca tenían el genérico. No vale la pena comentar los arreglines entre farmacias que salieron a la luz pública hace algunos meses... En suma, farmacia era igual a negocio voraz, hambriento por tu dinero, impersonal como todos los negocios que son parte de enormes cadenas que solo se interesan por tragar tu dinero a costa de tu impostergable necesidad de salud...
Pero acá, es como volver al tiempo de la botica amiga en la esquina de tu casa. Para empezar, como en todos lados, los que te atienden son un amor de personas. Segundo, como acá sí que son estrictos con el tema de la receta médica, el farmacéutico guarda en una carpetita todas tus recetas con tu nombre y apellido y si eres un cliente frecuente se sabe tu nombre y te saluda como amigo de toda la vida. La semana pasada, cuando fuimos a comprar, había unos dos o tres clientes más, algunos sentados en la farmacia simplemente echando la talla con el farmacéutico, quien les daba consejos para mejor utilizar los remedios y sobre la vida en general. Es más, había un viejito en silla de ruedas que compró varias cosas y se iba sin pagar, pero cuando la señorita de la caja le recordó el dinero él le dijo "anótalo a mi cuenta". ANÓTALO A MI CUENTA!!!! Dónde se ha visto que en las farmacias te hagan una cuenta???
En fin, todo el mundo acá es tan amable que confunde un poco. Hasta el primer ministro tiene cara de Flanders. A pesar de que es muy agradable estar rodeado de buenas vibras, hasta ahora ha sido un poco complicado para mí porque, acostumbrada a las malas caras y a la frialdad chilena, no sé cómo contestar a los saludos amistosos de personas extrañas. Uno de estos días fui a comprar a una tienda y parece que el joven que atendía me vio cara rara (aunque según yo era mi cara normal) y me preguntó cómo estaba, pero no esa pregunta banal y de cortesía, sino realmente interesando en saber si estaba bien o no... quedé literalmente en blanco y luego de un segundo me di cuenta de que tenía que cambiar mi actitud para no dar la impresión de una vieja amargada... pero es tan difícil! Quizás sea la visceral desconfianza con los desconocidos, la timidez carnal que he llevado siempre o simplemente, citando de nuevo a Rafael Gumucio (cha, media cita), la oscuridad propia del pueblo chileno... será?
Como sea, comenzaré una campaña personal para convertirme en una amiguirijilla... sipirirí!!!
Como sea, comenzaré una campaña personal para convertirme en una amiguirijilla... sipirirí!!!
Amada Hija
ResponderEliminarLa cara es genetica!!!
Bechitos
Pucha, me encantaría ver ese tipo de caras por acá. Cada día la gente anda más agresiva (excepto las señoras de Castaño de Rosario Norte, que aunque nunca lo lean, merecen una mención). Me ha pasado ya demasiadas veces que cuando miro con cara de amabilidad y una sonrisa al caballero que estaciona el auto, que atiende en la farmacia o que está detrás mío en la fila del supermercado, me miran con cara descolocada, los hombres creen que es porque les estoy coqueteando y más de alguna vez he recibido el comentario "qué risueña usted".
ResponderEliminarConclusión: envidio profundamente la abundancia de Flanders.
es verdad lo que dice la Margarita...acá es imposible andar amargado porque todos irradian buena onda. La gente se sonríe aunque no se conozca. Si es una la que anda con cara de culo por la vida, jajajaja
ResponderEliminarTe apoyo, amiguilla! :P
uy hermana... déjame decirte que yo soy una de esas personas que atienden con cara de poto en los negocitos acá en SCL... Es que es inevitable wn! Si eres amable con las señoras de 115 años que van a comprar, ahí se quedan pegadas contándote todos los rollos habidos y por haber y después es imposible decirles "buenas tardes" sin que te hagan el resumen de su vida... Y por otro lado, si eres amable con los huevoncillos de 40 y tantos, se juran el último tigre de bengala y poco menos que te cierran el ojo y te tiran un beso al despedirse...
ResponderEliminarCacho que ahí está el problema, la gente pava confunde la amabilidad con cualquier otra cosa. Si digo, "buenos días, qué necesita", no estoy queriendo decir "buenos días amiga, cuénteme su historia de vida", ni "buenos días guapo, salgamos un día de estos"...
Finalmente, la solución más fácil es ser seca y parca (= cara de poto para todos), así nos evitamos toda la lata Flanderiana...
En fin hermana, después de este post tan optimista, me despido deseándote la mayor de las suertes en tu Flanderización personal!
un abrazo, chauuuu!
Amiguirijilla, qué simpática parece Sidney. Yo cacho que la frialdad nuestra es del santiaguino, más que de todos los chilenos. Si no, mira cómo cambia el trato en Valpo.
ResponderEliminarPucha, hace mucho que no andaba de visita por los blogs de los amigos. Me alegro mucho de saber que están bien (y de que Jean se ganó los dólares por puro pasarlo shansho hablando de vinos... je, notable). Abrazos para ambos :)