miércoles, 17 de junio de 2009

La primera ida al cine

Luego de ya tres meses en esta isla por fin nos atrevimos a hacer algo que veníamos pensando hace rato: ir al cine a ver una película. Oh, qué arriesgados que son, exclamarán ustedes. Pero si lo piensan un poco, igual tiene su grado de riesgo y aventura por varias razones. Primero, porque aunque ya estamos acostumbrados a ver televisión en inglés todos los días y entendemos la mayor parte de lo que escuchamos, no es lo mismo salir de tu casa con el frío invernal, arriesgándote a la lluvia, para ir a una sala de cine y pagar 20 dólares por entrar a riesgo de no entender la idea de la película que pasa ante tus ojos. Segundo, porque no sabíamos cómo iba a ser el comportamiento general de los sujetos en el cine y eso siempre puede tener sus riesgos. Y tercero, porque siempre puede pasar que la película sea una bosta y te sientas estafado por haber pagado por pasar un mal rato.

A pesar de todo esto, ayer nos arriesgamos y fuimos al cine. El día martes acá es el día de mitad de precio, así que a la salida de clases me fui a comprar las entradas, pensado que, como en Chile, este día sería de gran demanda y no podría encontrar entradas para la película y la hora que quería. Camino al cine se desató una lluvia horrorosa que me dejó como recién salida de la ducha. De más está decir que mi aspecto de perro mojado causaba mucha desconfianza entre la gente. No sé si será por eso o por otra cosa, pero ayer por primera vez me sentí mal mirada, como 'maldita inmigrante'. Un guardia me pidió que le mostrara mi mochila, un cajero me miró con cara de desconfianza máxima, una mujer en el pasillo me retó porque se me cayó un papel al suelo que obviamente iba a recoger en ese momento. Bah, dije, es un poco de agua no más. Mal por ellos si me van a mirar feo por esto.

Volví a la casa, esta vez con paraguas, y esperé a que llegara mi amado Funes. La función era a las 6:50, cuando ya es noche oscura acá. Normalmente, a esa hora lo único que quiero es acostarme, porque las horas de oscuridad engañan a mi cuerpo y hacen que quiera puro hacer tutito. Pero fue muy entretenido salir a la calle a esa hora, caminar y ver cosas que normalmente no vemos, como la gente volviendo a sus casas, los escasos autos en las calles de nuestro barrio, las luces de las tiendas en Broadway St. Llegamos un poquito pasados de la hora al cine Hoyts y entramos rápido a la sala. Era una sala pequeña, con unas diez corridas de asientos. La película era Sunshine Cleaning, una película gringa que acá ha tenido mucho éxito entre el público. Aquí viene el primer dato freak: la película era una especie de drama-comedia, pero en la sala había muchos cabros chicos comiendo pop corn. Lo primero que pensé fue que nos habíamos equivocado de sala, pero no. Así que nos sentamos a esperar que empezara la peli.

La segunda sorpresa vino ahí: la previa era eteeeerna. Tres trailers de películas y el resto publicidades sin fin de Nueva Zelanda, de vino australiano, de fútbol, de todo lo imaginable. Las publicidades seguían y seguían y la gente entraba y entraba en la sala. No puedo negar que me empezó a molestar un poco tanto tránsito de personas de un lado para otro. A lo mejor es porque el cine para mí sigue siendo un ritual especial y no una actividad cualquiera, que se transformó en ritual en mi más tierna infancia cuando mis padres nos llevaban a mí y a mi hermana al cine cada vez que estrenaban una película de Disney. Recuerdo claramente a la mamá de Bambi corriendo en el bosque en llamas y a la hipopótama de Fantasía bailar como una pluma en el aire con su tutú rosado. En ese tiempo los cines eran rotativos y siempre soñé con quedarme a ver la película una y otra vez, pero siempre salíamos al final de los créditos. Y, lo más importante, siempre aplaudíamos al final de la película. De esa época me quedó el impulso por aplaudir cuando prenden las luces, pero ya nadie lo hace.

Otro detalle que empañó un poco mi ritual fue que todos comían. No porque tuviera hambre, sino porque todos hacían ruido con sus bocas rumiando el pop corn, los m&m, la bebida, las papas fritas... bolsas de papel y aluminio sonaban y sonaban. Sí, soy una vieja jodía para esto, lo sé, pero es que es tan molesto estar en un momento de tensión dramática máxima y escuchar al lado el crujir de los maníes en la boca de algún extraño o el sorbeteo de las últimas gotas de coca cola y los hielos chocando unos contra otros... No sé si será que mi experiencia en el cine en Chile era muy escasa o qué, pero no recuerdo haber sentido tanto sorbeteo ni mascadas en la última película que vimos, y eso que era una película para niños en una sala igual de comercial que esta (Una chiguagua en Beverly Hills, la fuimos a ver con el hermano pequeño de Funes, no exactamente por nuestro gusto personal... aunque igual estaba entretenida).

Ya en los trailers de las películas nos empezamos a sentir un poco incómodos, pero no por los motivos que ya he mencionado. Uno de los trailers era una película de Adam Sandler, el comediante. Obviamente, su peli era una comedia, o sea, el trailer tenía chistes. Chistes en inglés. Aunque pudimos entender el 90% de lo que escuchábamos, había momentos en los que no entendía por qué la rubia al lado mío se reía con tantas ganas. El momento cúspide fue una escena en la que un personaje imita un acento de otro personaje. Todo el cine explotó en carcajadas y nosotros nos reíamos para no quedar atrás, pero no entendí jamás la gracia del asunto. Dos cosas pueden explicar esto, creo: uno, que el humor es uno de los ámbitos más difíciles de integrar cuando uno aprende una segunda lengua; dos, que los gringos estos se ríen de puras leseras. Probablemente, la cosa sea una mezcla de los dos.

Luego de minutos eternos de espera, comenzó la película. Excelente película, muy interesante, una mezcla muy lograda de humor y de drama. Era la historia de una mujer en el sur de EE.UU. que había sido la típica envidiada cheerleader-novia-del-capitán-del-equipo-de-football y que ahora tenía una vida relativamente miserable, trabajaba en una empresa de aseo limpiando casas de los ricos y famosos de su ciudad, era madre soltera y amante de su ex-novio de la escuela que tenía una familia bien constituida y un puesto como oficial en la policía. La cosa es que su hijo es expulsado de la escuela como por décima vez y decide ponerlo en una escuela privada, para lo que necesita mucho dinero. Cómo lo consigue? Entra al negocio de la limpieza post-mortem, o sea, haciendo el aseo en las escenas del crimen una vez que se han llevado el cuerpo o en casas de personas fallecidas. Obviamente no les contaré toda la película, pero si tienen oportunidad de verla, véanla. Es de esas películas que muestran el lado normal, común y corriente de un EE.UU. que se muestra casi siempre poderoso, glorioso e invencible en el cine joligudense.

Durante la película, de nuevo, risas excesivas de alguien que no distinguió nunca entre los momentos de comedia y los momentos de drama. En realidad, mucha gente se reía en puntos que a mí me parecían más bien tristes, patéticos. A mi lado Jean tampoco se reía en esos momentos. A la salida nos preguntamos si sería que la sala estaba llena de personas con problemas de comprensión lectora o si nosotros éramos demasiado serios, demasiado tristes, demasiado sensibles al patetismo. En ese momento no sé por qué me acordé de Neruda, de su voz como de funeral leyendo los poemas de amor más amorosos. Y recordé las palabras de Rafael Gumucio en su Historia personal de Chile (no recuerdo si es ese el título correcto), dicendo que Chile era un país de tristes, de depresivos, de solitarios. Quizás así sea. O a lo mejor solo es que todavía podemos sentir una especie de extraña solidaridad por el patetismo y el drama de los otros, incluso a través de la pantalla de una sala de cine.

En resumidas cuentas, creo que esta es una prueba superada. Decidimos por lo tanto repetir la experiencia-ritual dos veces al mes, mientras sea posible y hayan películas interesante, y obviamente siempre en día martes, cuando la entrada cuesta solo 10 dólares y no 20.

6 comentarios:

  1. Un par de acotaciones: sin animo de seguir contando la peli, NO me puedo reir cuando se está quemando una casa, o cuando una hija se acuerda del suicidio de su madre, como sí hizo un individuo que estaba a dos butacas de la mía.

    Notable, eso sí, la señorita que estaba a mi izquierda (a mi derecha estaba mi Señora Esposa).Se veía joven y saludable, pero se estaba tomando una botella de LITRO de Coca Cola para ver la pelicula. ¿No será musho, Lusho?

    Un dato: el cine era Hoyts, y este año esta cadena cumple 100 años (de acuerdo a los 15 minutos de publicidad ya mencionados). No sería malo averiguar en Chilito si van a hacer algún descuento especial o algo por el estilo.

    ResponderEliminar
  2. No son ustedes más tristes, sino más empáticos. Creo que por ahí va la cosa, ¿cierto?
    Pucha, Margarina, qué lata lo de los indicios de discriminación... me parece insólito que te revisen la mochila. En todo caso, no me sorprende. No quiero decir que los australianos sean unos malditos xenofóbicos, sino que en todos lados se cuecen habas. Acá con los peruanos y bolivianos, en otras partes, con los latinoamericanos, para qué hablar de lo que ocurre con árabes y turcos. Nada que hacer. Da la impresión de que necesitamos apuntar al que es diferente, para cachar lo que somos. Ridículo, pero cierto.
    Cuando aparezca la peli en cartelera, obvio que la iré a ver, gracias a su recomendación :) Me tinca buena...
    Abrazos gigantes, cuídense mucho.

    ResponderEliminar
  3. Amada Hija

    No te metas en esa onda como dicen ustedes, no pesques eso. A mi me queda claro que como vieron una sopa caminando, eso les llamo la atencion.
    Me alegro mucho que esten haciendo otras cosas ademas de lo cotidiano.

    Un gran beso y un enorme abrazo de Win

    Te amo

    Cuidense , supe que tu amado Funes estaba enfermo. No me dijeron de que asi que ya me dio ataque, avisame

    ResponderEliminar
  4. No es menor el dato de que fueron a un cine Hoyts...lo que me carga de esa cadena en Santiago es precisamente que no soporto el ruido de la gente comiendo cabritas, abriendo las bolsas de dulces, tomando cola-cola...para qué decir cuando te toca alguien atrás o adelante que comenta la película todo el rato, ¡GRRRRR! Comparto, contigo, esa creencia de que el cine tiene algo de ritual sagrado, así que todos esos comportamientos me parecen una falta de respeto de la peor clase (sí, vieja jodía).
    Con respecto a las risas, hasta ahora me ha pasado lo contrario: me río cuando nadie más se ríe :P Igual he visto solo 2 películas, la última de ellas bastante freak (Synecdoche, New York).
    DATO: en Sydney hay dos cadenas de cines en las que puedes encontrar una mayor variedad de películas y donde la gente se porta mejor (al menos, esa ha sido mi experiencia hasta ahora): Dendy Cinemas y Palace Cinemas. El que les queda más cerca es el Dendy de Newtown (se pueden ir perfectamente caminando, según yo, y, de todas formas, es entretenido caminar por King St. y meterse en las tiendas de libros, regalos, ropa usada, etc.)
    Otro dato: averigua sobre el Movie Club, que te permite comprar hasta dos entradas, todos los días, a 10 dólares (tienes que pagar creo que 12 dólares al año y 15 por dos años)
    Si eres estudiante, sólo con presentar tu credencial te cobran 12 dólares (sin necesidad de pertenecer a ningún club), pero no sé si además puedes comprar otro boleto más para tu señor esposo (tendrías que preguntar).
    Te dejo el link:
    http://www.dendy.com.au/index.asp

    ResponderEliminar
  5. Muchas gracias por los datos, Bea, y m'as gracias por la solidaridad de vieja jodia.
    jajajajaja

    ResponderEliminar
  6. hermananananananananananaaa!

    el otro día, cuando tenía que conocer al caballero que me iba a tocar 'interpretar'en la u, fui a un desayuno con los dinosaurios del tecno en la u. La cosa obviamente era informal, onda para conocerse y por supuesto las tallas iban y venían entre los profes (ultra fomes, pero tallas al fin y al cabo) y el brasileño se reía de casi todas.
    Obvio que no faltó el clever que hizo el comentario: 'oiga pero ud entiende lo más bien, si se ha reido de todas las tallas'... Y él profe, con una pequeña sonrisita, respondió: 'é só rir no momento certo...'
    CUEEEEK! =s
    Pero uds ríanse cuando quieran nomás, no se contagien del humor nubi-gringo...

    Ojalá llegue pronto la peli pa ir a verla, me tincó.

    abrazoss!!!

    ResponderEliminar