
Estoy sentada en la mesa de mi casa, viendo la calle por el ventanal, y de pronto una tropa de nubes pasa por el cielo, al fondo. Son nubes de algodón, las mismas que a veces cruzan el valle de Santiago. De pronto, bajo las nubes, veo los cerros de la Cordillera de Los Andes. Sigo con mi tarea, porque no tiene nada de raro ver la cordillera hacia el oeste por la ventana.
Pero, ajá, no estoy en Santiago, estoy en Sydney y acá no hay cordillera por ninguna parte. Vuelvo a levantar la cabeza y por un momento siguo viendo ahí la cordillera, debajo de las nubes. Pero la realidad le gana a mis ojos y mi cabeza y entonces no se ve nada más que el horizonte oscurecido.
Me doy cuenta que sin quererlo algo en mí cae a veces en el engaño de pensar que seguimos en Santiago. Pero creo que está bien así: sería terrible que me hubiera despegado de cuajo, sin salvar ni una fibra del cordón que nos une con nuestra vida de Chile.
qué lindo post... Dice mucho.
ResponderEliminarPero confieso que más que las nubes y la cordillera fantasma, me inquita lo verde de la ciudad!!! :)
Sí, es un bonito post. Cortito y emotivo, sin caer en lo mamón. Me alegro que te acuerdes de estos lados, llenos de gente que te echa de menos. En la universidad hay una niña que se parece a ti y la Mirta, Andrew y yo hemos sido engañados por nuestra propia ilusión óptica.
ResponderEliminarA nosotros también a veces nos pasa hermana.
ResponderEliminarQue te sientas a la mesa con nosotros y te ries de las típicas estupideces nuestras...
O cualquier cosa por el estilo...
No te despegues hermana! No te sueltes del cordón!
Un abrazooote,
Chau
Amada hija
ResponderEliminarTu estas aca y alla.
Mi win misticau