miércoles, 29 de abril de 2009

Armando Bicis

Cosas raras pasan en todo el mundo y en esta isla pasan las cosas más raras del mundo. Como les contamos en posts anteriores, hace un par de semanas se celebró el Surry Hills Festival. Ahí, lo primero que hizo mi inteligente esposo fue acercarse a un stand de algo así como los Ciclistas Furiosos de Sydney, en donde lo ahogaron con un montón de trípticos informativos muy interesantes. Por esos días, el esposo de María (María: compañera de Funes en el curso de inglés, una española de Madrid muy pija y muy simpática; su esposo: Alejandro, español también pero de Sevilla, con un acento tan andalú' que da gusto escucharlo hablar) nos contó que se había conseguido una bicicleta gratis, muy cerca de nuestra casa. Ese día, en el stand, confirmamos la información: en un lugar muy cercano a nuestra casa, un grupo de lunáticos daba bicicletas a los que, cansados de andar de peatones e imposibilitados de comprar un auto (o ideológicamente negados a hacerlo), querían subirse en las dos ruedas.

Nosotros estábamos dentro de ese grupo de caminantes con los pies destrozados de tanto andar y andar por las calles de esta ciudad, así que nos decidimos a ir a buscar nuestra bicicleta gratis. El día lunes llamamos a nuestros amigos Isa y Renzo para contarles la gran novedad y animarlos a que nos acompañaran. Y nos fuimos los cuatro, caminando, caminando, con la ciudad ya oscura (porque acá cae la noche a las 6 de la tarde impajaritablemente) y sintiendo el viento helado de ese lunes otoñal. El lugar estaba a unos quince minutos de nuestra casa, en el suburbio de Waterloo, que según Funes me dijo tenía la peor fama de todos los suburbios. De hecho, el garage de los ciclistas quedaba en los bajos de unas torres gigantes, parecidas a las Torres San Borja en Santiago, que acá son edificios estatales en donde viven principalmente aborígenes... o sea, de nuevo el prejuicio racial actuando furiosamente.

Llegamos y lo que vimos nos sorprendió grandemente: un grupo de unas 25 personas, cada uno con su bicicleta y todos trabajando: cambiando cámaras, arreglando cadenas, alineando ruedas, aceitando cambios, ajustando frenos... todos ayudándose, preguntando, compartiendo herramientas y materiales. No recuerdo bien el nombre de la organización, pero se trata de un grupo de individuos que recogen y reciben bicicletas y partes de bicicletas y se ofrecen para arreglarlas pero, más que eso, para enseñar a otros a arreglarlas. Tienen un garage lleno de herramientas que han recolectado de donaciones de los mismos que han conseguido ahí una bicicleta. Ahí, si se tiene suerte, puedes conseguir tu bicicleta armada y lista para llevar, o si no, puedes ir armando parte por parte, con la guía de los que saben. Lo único que se pide a cambio es que el afortunado nuevo dueño siga participando en el grupo y ayudando a otros nuevos pollitos. Nada más: ni plata, ni materiales, ni nada. Solo participación.

Pues bien, llegamos y no habían bicicletas disponibles, pero sí partes. Funes le echó el ojo a una armazón y a un par de ruedas. El encargado de las partes le pasó todo lo que tenía y nos mandó a armar el puzzle. La Isa y el Renzo ya se estaban yendo, pensando en volver la semana siguiente para encontrar su bici ideal, pero se arremangaron las chaquetas y se pusieron a armar la bici, mientras Funes buscaba las herramientas necesarias. Ahí pusimos las dos ruedas y el manubrio, pero nos faltó arreglar la cadena, los frenos y los cambios, y ahora nos dimos cuenta que la cámara que usamos está pinchada.

Pero no importa. Lo que importa son otras cosas: primero, que encontramos un lugar donde la gente, con la pura buena onda, hace cosas útiles por los demás, sin esperar nada a cambio. Segundo, que nos dimos cuenta que es realmente posible hacer mucho con pocos recursos, siempre y cuando uno se organice y tenga las ganas de hacerlo. Tercero, que es todo un arte armar una bicicleta... de hecho, todavía no sé si me atrevería a subirme a la que armamos nosotros. Cuarto, que confirmamos que el 95% de la gente de esta ciudad son un amor de personas, amables, felices, motivados. Quinto, que tenemos muchas ganas de seguir participando con los Ciclistas Furiosos de Sydney.

Así que ahora tenemos en el balcón una bici a medio armar, con una rueda desinflada, sin cadena, con un manubrio de lo más piante y los frenos sueltos. Pero este lunes, otra vez, estaremos en el garage de las torres de Waterloo para seguir armando este puzzle en el que nos metimos.

2 comentarios:

  1. pucha, cuál es el nombre de la organización pa enfilar pallá?

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  2. ajkajak y ahora serán un par de furious riders?!

    no hay nada más bakan que encontrarse con gente motivada...

    suerte con la cleta!

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