jueves, 12 de marzo de 2009

Llegamos!

Así es, amigos y amigas, ya tenemos nuestros pies morenos en la tierra de los canguros. Partimos de Santiago de Chile el 10 de marzo a las 23:05 y llegamos a Sydney el 12 de marzo a las 7:30. El vuelo duró 18 horas, tal como estaba pronosticado. Hay tantas cosas que contar...

Como los últimos acontecimientos de nuestras vidas se sucedieron tan rápidos, toda la preparación del viaje fue a última hora. Terminamos de armar las maletas como una hora antes de salir al aeropuerto y hasta el momento no nos ha faltado nada, lo que prueba que hacer las cosas bajo presión tiene sus beneficios. Hasta el momento, la organización de las maletas nos ha permitido encontrar todo en el preciso instante en que es necesario. El único problema fue que tuvimos un pequeño desequilibrio en la repartija del peso entre las maletas: podíamos llevar cada uno dos maletas de 23 kilos cada una, y armamos una con 16 y otra con 33, hecho del que nos percatamos solo en el counter cuando fuimos a hacer el check in. Resultado: trasvasije rápido y alocado de vinos, pisco, libros y otros para lograr el peso adecuado. Finalmente logramos un peso más razonable según los parámetros de Lan y pudimos entregar nuestras maletas. De todas maneras, me fui todo el viaje pensando en que nuestros vinos se romperían y que perderíamos el único vino de diez lucas que hemos comprado en nuestra vida. Gracias al dios Kanguru, todo llegó sano y salvo a destino.

Al aeropuerto nos acompañó toda nuestra familia y algunos apreciables amigos. Fue hermoso tenerlos a todos con nosotros, pero de todas maneras no pude dejar de sentir una especie de vacío: estaban todos ahí pero yo no podía estar con todos a la vez. Además, mi cabeza vagaba pensando en lo que se venía. A pesar de eso, tener con nosotros a nuestros padres, abuela, hermanos y hermanas, tíos y tías, primos y primas fue un lujo que no podía faltar. Según vi, eramos los viajeros con la comitiva más numerosa.
La despedida fue larga y emotiva, como lo son todas las despedidas que recorrerán un largo camino hasta el próximo encuentro. Funes se mantuvo firme y sonriente, pero yo no pude evitar las lágrimas. Qué se le va a hacer, al fin de cuentas soy humana. Cuando estábamos en la caseta de policía internacional me asomaba a decir chao y veía muchas manos moviéndose de un lado a otro. No saben lo acompañado que eso lo hace sentir a uno...
Llegamos por fin a embarcar. Como el mundo es un pañuelo, Funes se encontró con un compañero de la universidad en el mismo vuelo, solo que en clase ejecutiva (maldito suertudo). En el avión nos tocó la fila de en medio y justo los dos asientos de en medio, es decir, estábamos rodeados. A mi lado se sentó una inglesa muy simpática, con quien tuve la oportunidad de empezar a aceitar mi inglés-aprendido-del-colegio. A Funes le tocó junto a una brasilera corta de genio que no le habló ni una palabra en todo el viaje. Pero con la inglesa fue suficiente, nos hablaba y hablaba y ponía presión para que juntáramos palabras en inglés de manera coherente... menos mal que empezó la "entretención a bordo" y cada uno quedo enchufado a su pantallita amiga.
Durante el vuelo nos sirvieron rica comida y todo hubiera sido perfecto si la azafata que atendía mi lado no hubiera sido tan xenófoba. A todos los gringos rubios los atendía de maravilla pero a mí me trataba con el mínimo aceptable. A la inglesa a mi lado le ofrecía un cuanto hay y yo tuve que llamarla para que me diera una tacita de té después de la cena, porque no me la ofreció como se la había ofrecido a la otra. Al comienzo pensé que sería despistada, pero cada vez que le tocó servir fue lo mismo. La azafata, obviamente chilena, se parecía a Karen Paola de Mekano (perdón por la referencia) y al parecer estaba recién comenzando a trabajar, porque era lenta y torpe como ella sola. En fin, no me hice mala sangre y me acomodé para tratar de dormir un poco.
Llegamos a Auckland a eso de las 4 de la mañana. Ahí pudimos bajarnos y estirar las piernas un poco. Recién ahí me sentí fuera de Chilito y preocupada porque, según yo, desde ese punto en adelante solo habría inglés para nosotros... ja ja ja, ilusa de mí. En ese lugar ya pudimos empezar a ver caras diferentes, muchos asiáticos, muchas personas con cara de hawaianos (lo siento, no sé precisamente cual es su origen, pero lo primero que pensé es que era de Tahiti o algo así). Todo el mundo muy muy amable. Luego, de vuelta al avión y tres horas más de vuelo hasta Sydney. Cuando ya faltaba poco para aterrizar comenzó a salir el sol y pudimos ver la isla desde el encierro de nuestros asientos. En ese momento nos dijimos: "esto es, ya estamos, ya salimos de Chile". La pista de aterrizaje estaba rodeada de agua y nos dio la impresión de que descendíamos sobre el mar...
Y así, nos bajamos del avión con el sol saliendo por la costa (acá solo hay costas!) y enfilamos en busca de nuestro equipaje. Una vez recogido, nos fuimos a una revisión de cuarentena. En la fila una mujer se nos acercó a preguntar si traíamos algo que debieramos declarar y le respondimos de la manera más honesta posible. En esas situaciones es cuando uno recuerda todas las películas gringas que tienen lugar en países exóticos en donde por no hablar bien el idioma autóctono o por no comprender las costumbres del lugar el protagonista es encarcelado en una celda de piedra, húmeda, sin luz y con ratas corriendo en la oscuridad... felizmente, todo estaba en regla con nuestro equipaje, tanto que ni siquiera tuvimos que abrirlo. Dichosos con nuestras maletitas salimos entonces del aeropuerto y tuvimos nuestra primera visión del cielo aussie, un cielo claro, brillante, azul, como los días después de la lluvia en Santiago de Chile.

PD: en próximas entradas daremos más noticias sobre Sydney.

3 comentarios:

  1. Que alegría hermana...

    "que alegría cuando me dijeeerooon..." NOOOO nooo!!

    En serio hermana, que bueno que hayan tenido un viaje sin contratiempos y que estén sanos y salvos por allá lejos en medio del océano.

    Ojalá la comunicación se mantenga fluida, hermana... Y sigue escribiendo tus aventuras, aunque sea yo la única pava que las lea.

    Saludos al par de Kanguros Boxeadores

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  2. pd: qué bueno que quitaste esa tontera de la "aprobación de comentarios"... Pero las letritas hermana, las letriiitaaaasssss!!

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  3. Acabo de captar la existencia de este blog. Publicítenlo más por facebook, porque solo sale en letras mínimas, visibles únicamente por sapos como yo.

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