martes, 27 de enero de 2009

Y la segunda patita


Y bueno, como dicen los cuequeros, no hay primera sin segunda. Así que haciendo caso de esta verdad universal, el día 24 de enero de 2009 , con mi amadísimo personaje borgeano, hemos hecho nuestros votos nupciales bajo la mirada del señor Dios.



Personalmente, nunca había soñado con el matrimonio ni me había imaginado entrando de blanco a una catedral llena de flores y con un coro de ángeles de fondo. Me pregunto si hoy en día quedará alguna mujer de mi edad que tenga ese inocente sueño en su mentecilla. En fin, aunque no lo había soñado y aunque pensamos en un comienzo hacer algo muy muy sencillo, las cosas se fueron agrandando poco a poco. Consejo para quienes piensen casarse: junten plata o desvalijen la casa paterna. Sin quererlo, se gasta hasta el último aliento del chanchito y el dinero se va, como dice Buddy, como el agua entre los dedos.



La cosa es que ahí estaba yo, vestida de marfil (para evitar el gritito aquel) y tomada del brazo de mi querido viejo que estaba más nervioso que yo. Y luego lo típico: la marcha nupcial, todos mirando a la novia y yo sonriendo todavía no sé si de nervios o de alegría o de las dos cosas. La ceremonia estuvo muy bonita, el cura Benny (como lo apodaron mis primos) fue muy ameno y poco convencional, hizo que la asablea participara con preguntas acerca de qué se necesitaba para construir un buen matrimonio. La mejor respuesta de todas: Germán gritando "¡pasión!" y provocando las risas de todos.


Durante la ceremonia pude ver que todo el mundo estaba contento y nos miraba con cara de "aaaayyyy, qué lindo es el amor". Eso, en una situación así te llena de alegría. Salimos de la iglesia con Alegría de Gypsy Kings, lo que fue un anticipo de que nuestra fiesta sería como nosotros queríamos.


Antes de la cena, nuestro vals, que fue más bien una rancherita de Sabina, cantada por él y por Serrat. Luego el brindis, la comida, y de nuevo un baile de los novios, esta vez Valió la pena de Marc Anthony. Es decir, todo lo que podía ser como nosotros somos.


La fiesta estuvo de pelos. Todos bailaron, tomaron y se rieron. Al día siguiente teníamos las ganas de casarnos otra vez para repetir el momento...


Creo que si lo hubiera soñado toda mi vida, ese día no habría sido tan simplemente perfecto como fue.

No hay comentarios:

Publicar un comentario